Aldea Global

Por Gustavo Girado

A propósito de la “II Reunión Ministerial China-CELAC”

(Por Gustavo Girado (Especial para Motor Económico) En este momento de la política internacional, observamos grandes economías -potencias económicas- con debates internos de envergadura (y, claro, cuyas definiciones tienen y tendrán impacto global por tratarse de esos actores), y en ese contexto hay un aspecto del momento que lo hace particular, y tiene que ver con China. Precisamente, parece que su emergencia se despliega rápidamente por aquellos espacios en los cuales EE.UU. decide intervenir menos o, en todo caso, pareciera replegarse. Simplemente para fijar un calendario, el año de Trump a cargo del Ejecutivo norteamericano coincidió con la realización de la Segunda Reunión Ministerial del Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, lanzado en Venezuela en 2011 y que no es otra cosa que la OEA sin Canadá y EE.UU., e incorporando a Cuba), que acaba de finalizar en Santiago de Chile. Mientras los inmigrantes y su país origen son insultados por el presidente norteamericano, China acrecienta su presencia política y económica en nuestra región, de diversas maneras.

Apenas horas antes de llegar, ya en viaje hacia Chile para participar de encuentro que culminara el día 22, el canciller chino Wang Yi hizo saber por medios gráficos de gran parte de Latinoamérica, y masivos, que el interés de su país en este encuentro pasaba especialmente por interesar a los 33 estados -con cuyos representantes se iba encontrar- en uno de los proyectos de infraestructura más importantes del mundo, que se está desplegando aceleradamente desde China y es transcontinental, y hasta muy, muy lejos de sus propias fronteras. El proyecto de marras es el conocido como Nueva Ruta de la Seda -u OBOR, por su sigla en inglés-, que parece marcará a fuego la dinámica de muchas economías en la primer mitad de este siglo, en particular de las asiáticas más pequeñas. Como sucede desde hace más de dos décadas, el ritmo de la acumulación del capital en Asia está directamente vinculado al nivel de actividad de China, que es ya el principal destino de las exportaciones de sus catorce vecinos regionales.

En palabras de su canciller, “el Foro CELAC-China marcó la entrada en una nueva etapa de las relaciones entre China y esta región (por Latinoamérica y el Caribe) caracterizada por el avance paralelo y el fomento recíproco entre la cooperación bilateral”. Ahora China ha invitado a los países de la CELAC a incorporarse a su iniciativa OBOR como parte de un acuerdo para profundizar la cooperación económica y política, lo que es novedoso habida cuenta de la históricamente poderosa influencia de EE.UU. en Latinoamérica y el Caribe. La política exterior china se presenta así avanzando y hasta de manera más agresiva en nuestro barrio -si se nos permite-, lo que resalta dada la postura más proteccionista de Estados Unidos bajo la administración Trump.

Ahora bien, ¿cuál es la respuesta / propuesta de la CELAC a la ofensiva diplomática y económica de China? ¿Cuál es el menú de opciones que Latinoamérica y el Caribe llevan a la mesa de negociaciones con China a la hora del FCC? ¿Qué despliega la CELAC en la mesa al momento de evaluar los intereses chinos vis a vis los de nuestra región?

A todas luces los miembros de la CELAC llegan al FCC sin agendas comunes frente a China, sin acuerdos previos y, lo que entendemos no es poco, sin siquiera saber qué es lo que pretende para sus propias organizaciones subregionales que van desde el MERCOSUR a la UNASUR, desde la misma CELAC a la Alianza del Pacífico, que otrora descansara en las espaldas políticas de la administración norteamericana y que ahora parece carecer de un punto de apoyo político para avanzar. La misma Cepal, entidad dependiente de las ONU, elabora un informe que se presentó en esta II Ministerial en base a los documentos firmados en el primer encuentro ministerial, y lo llamativo es que no solamente no aparece como propositivo sino que constituye un diagnóstico que levanta las proposiciones chinas y que llegaron a este encuentro de Santiago de Chile virtualmente preestablecias, dadas las declaraciones previas del canciller chino. Esto se hizo evidente por la ausencia de información pública disponible en algún lugar de los miembros de la CELAC previo y durante el encuentro, y ante el hecho que las declaraciones de la fecha no hacen sino subrayar lo que el canciller chino expuso ante los medios días atrás. A las declaraciones nos remitimos.

De alguna manera, como dice el investigador ecuatoriano Milton Reyes, la diplomacia china busca "un nuevo tipo de orden mundial basado en la cooperación y el beneficio compartido", y en ese registro se puede comprender más cabalmente el sentido del encuentro. El presidente chino Xi Jingping saludó el resultado de la reunión con una carta donde manifiesta que "Hoy día, vamos a plasmar un nuevo plan maestro de la construcción conjunta de la Franja y la Ruta y forjar una ruta de cooperación transpacífica, con vistas a conectar y estrechar aún más nuestras fecundas tierras de China y América Latina y el Caribe, dando inicio a una flamante era de nuestros vínculos". Se trata sencillamente de confirmar, corroborar, lo que China viene sosteniendo en sus múltiples informes públicos acerca de su visión sobre el futuro de las relaciones con Latinoamérica y el Caribe. Lo reafirma.

Desde aquí, digamos que China siente más cómoda tratando con un solo interlocutor, dadas las características que asume la construcción del poder dentro del PCChino, y para ese diálogo interregional eligió la CELAC allá por 2014. Las diferencias y características individuales que nos identifican, distinguen, al interior del colectivo latinoamericano y caribeño, se diluyen frente a expresiones chinas que nos convocan como un todo uniformado para trabajar cooperativamente a la luz de intereses comunes que, todo lo indica, parece que nos cuesta identificar por estas latitudes. Para ser más precisos, algunos intereses sí lo fueron: la diplomacia chilena aprovecha el nuevo rol chino de adalid de la apertura de los mercados y de mayor transparencia global -casi como cambiando roles con EE.UU.- y valora, en boca de su canciller, el hecho que China pretenda convertirse en un socio confiable de los miembros de la CELAC. La reunión se convierte, así, en una suerte de repudio al proteccionismo, en línea con las nuevas manifestaciones que, en política comercial, asumen las nuevas administraciones en muchos de los miembros de la CELAC. Ahí sí hay una suerte de territorio en el cual los discursos confluyen. Lo que creo sigue siendo un inconveniente es que no hemos discutido, y por tanto menos aún decidido, el para qué.

  • Director de posgrado sobre estudios chinos en UNLa

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