Por Julio Nudler (noviembre de 2002)
Nadie tiene un programa concreto
(Por Julio Nudler (*)) 
La desorientación no se refiere sólo a hechos como el default con los organismos sino al diseño mismo de una estrategia para sacar al país del pozo. Nadie tiene en la cabeza un programa concreto. No hay un Plan Austral como en 1985, ni un Plan de Convertibilidad como en 1991. Todo economista parece quererlo cambiar todo, pero no saber por dónde empezar.
Ni siquiera se sabe dónde está parada hoy la economía. El actual estado de equilibrio en la miseria, pero equilibrio al fin, es atribuido a “las expectativas”: éstas le volvieron la espalda al dólar como refugio y activo para especular, permitiendo así que el peso asuma un papel central: hay una tasa de interés, y la inflación se arremansó.
“Pero, en cualquier momento, las expectativas pueden desestabilizarse, y todo se vendría abajo nuevamente”, previenen, con éstas u otras palabras, los informes de la mayoría de las consultoras. De ahí el electrizante suspenso causado por el vencimiento impago con el Banco Mundial: el miedo era a que estropeara las famosas expectativas.
Otro tanto ocurre con la azarosa interna del Justicialismo, que ahora ha provocado una extraordinaria derivación: el próximo Gobierno debería asumir una semana después de ser elegido mediante el ballottage. Su eventual ministro de Economía, por lo que le toque, tendrá siete días para armar equipo y definir el plan de juego con el que saltarán a la cancha.
La sensación es que si sigue la actual falta de ideas razonables, una semana puede hasta sobrar. Sería la continuación del modelo Lavagna: todos deben coincidir en que al ministro en estos siete meses le ha ido bastante mejor de lo previsto, pero nadie podría explicar qué ha hecho exactamente para merecerlo.
Quizá la primer medida con que lanza un atisbo de política económica es la temporaria rebaja de dos puntos en la alícuota del IVA para estimular el consumo. Pero precisamente esa decisión atrajo sobre él muchas críticas. A Roberto Lavagna le va mejor cuando no hace particularmente nada. El gran problema para su sucesor es que estará obligado a hacer muchas cosas.
(*) Fuente: Página 12
···