La cruda realidad

Por Alfredo Moreno

A dos años del lanzamiento del ARSAT II

(Por Alfredo Moreno (Especial para Motor Económico) Las consecuencias de las decisiones políticas del gobierno de Cambiemos, nos encuentra en este aniversario con pérdida de SOBERANÍA SATELITAL ARGENTINA. Cambiemos autorizó mediante ENACOM a 14 satélites extranjeros a dar cobertura en el país compitiendo con los satélites ARSAT.

En solo 20 meses la gestión se transformó la empresa estatal supeditando los objetivos estratégicos de ARSAT al interés de las grandes corporaciones y los capitales trasnacionales, posibilitando la privatización de los servicios satelitales en banda Ka. Esta banda de frecuencias permite brindar servicios de internet satelital con alta transferencia de datos, utilizando antenas receptoras de menor tamaño.

La carta de intención firmada por el presidente de ARSAT Rodrigo De Loredo con los representantes de la empresa estadounidense Hughes Network Systems para crear juntos una nueva empresa, cuyo capital accionario se repartirá en Hughes con al menos el 51% y ARSAT tendrá como mucho el 49%, establece que el accionista mayoritario tendrá el control ejecutivo de la nueva empresa llamada “Newco”. La “new Company”, lanzaría en conjunto “uno o varios” satélites geoestacionarios. El primero de ellos será el ARSAT-3, aunque aclaran que podrían cambiarle el nombre.

Con este acuerdo, Hughes hace un negocio descarado: tiene acceso gratis a dos posiciones orbitales, la 71,8º O y la 81º O. Los usos y costumbres de la industria y lo que fija la ley internacional son que las posiciones son propiedad transitoria de los estados nación que las hayan pedido a la Unión Internacional de Telecomunicaciones y las usufructen. Por ende, si Argentina tolerará un satélite de Hughes en alguna posición, debería ser alquilándola.

Esta concesión de la Argentina es especialmente grave en el caso de la 81º O. La 81º O permite iluminar las Tres Américas, desde la tundra canadiense a la Península Antártica. La firma del acuerdo ARSAT- Hughes es como mínimo una enajenación dolosa y anticonstitucional del patrimonio satelital nacional

Hughes se queda con el uso discrecional y por pago de un satélite cuya banda, la Ka, estaba planificada por la dirección fundacional de ARSAT para dar internet satelital en todo el país; particularmente a las 13.000 escuelas rurales aisladas del país a las que es imposible conectar por fibra óptica por razones de topografía y distancia. Esto es uno de los muchos agravantes de la cesión del ARSAT 3 a Hughes sin que la firma norteamericana realice la inversión que significa el desarrollo del ARSAT 3.

Las decisiones políticas del gobierno de Cambiemos ignora el Congreso
Nacional y el cumplimiento de la Ley 27.208 de desarrollo satelital argentino que establece “el capital accionario de ARSAT es intransferible. Al igual que sus recursos. Son recursos las frecuencias asignadas y los derechos de utilización de las orbitas para colocación de satélites”.

Cualquier alteración debe pasar por el Congreso Nacional ya que la Ley 27.208 fue declara de interés Nacional.

En suma, es evidente que Hughes no viene simplemente a ganar plata gratis, sino a sacar a ARSAT del mercado satelital, más o menos del mismo modo que durante el menemismo la Lockheed Martin se quedó con la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba. En ambos casos, hoy el satelital, ayer el aeronáutico, el objetivo no era eliminar a un competidor de la industria aeroespacial estadounidense, sino exterminar de raíz la posibilidad de que éste pudiera surgir. Ayer Lockheed y hoy Hughes vienen a garantizar que EEUU siga teniendo el monopolio regional de los cielos y del espacio

El doctor en Ingeniería y especialista en mecánica computacional, Eduardo Dvorkin, que trabajó en los proyectos satelitales advierte que el giro dado por el gobierno de Cambiemos en materia de ciencia y tecnología impactará en forma negativa en la producción de conocimiento científico. “Sin el Estado, la innovación va a volver a detenerse”, asegura el experto tras advertir que, lamentablemente, en la Argentina comienza a haber nuevamente ingenieros desocupados. Sostiene que la falta de impulso del Estado, que es la principal fuente de investigación científica, implica un retroceso en la evolución del paquete tecnológico en la producción industrial, que es lo que realmente importa. Reconoce que los satélites Arsat 1 y 2 no eran los más económicos ni los de última tecnología a los que podía acceder el país, pero asegura que más allá de eso el impulso al proyecto era una apuesta fuerte al surgimiento de una industria satelital argentina. Los países desarrollados que decididamente apoyan a su sistema científico tecnológico tienen en claro que para incubar una industria hay que protegerla. En la Argentina, sin embargo, la propuesta del cambio trajo aparejado un paulatino desacople de los institutos de investigación con las empresas del Estado y del sector privado trabajan en el campo de la tecnología. Insistir con las políticas de ajuste y con la decisión de desfinanciar el trabajo de los investigadores es desconocer que lo que sucede en el mundo, donde no hay país desarrollado que ajuste, sin más, el gasto de su sector científico.

En el mundo actual, la relevancia que tienen los avances tecnológicos y el rol clave del desarrollo científico tecnológico pone en valor las políticas que posibilitaron el desarrollo satelital argentino en bienestar de todos los ciudadanos.

SOLO UNA POLÍTICA CIENTÍFICO TECONOLÓGICA QUE INCLUYA A NUESTROS CIENTÍFICOS PRODUCIRÁ UN DESAROLLO SOBERANO PARA ARGENTINA.

*Computador Científico. Delegado gremial FOETRA - ARSAT

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