Por Beatriz Chisleanschi
Carlos Vargas, cuadripléjico, despedido de la Agencia de Discapacidad: “Como argentino me siento avasallado”
(Por Beatriz Chisleanschi) Carlos tiene 55 años, una cuadriplejia y está en silla de ruedas. Trabajaba en la Agencia Nacional de Discapacidad hasta el 16 de abril, día en que fue despedido. “Es doloroso estar así”-dice a Motor Económico, Carlos Luis Vargas, “dejé los mejores años de mi vida allí y trabajé intensamente”.
Tenía 22 años cuando ingresó a trabajar al área de discapacidad en el Senado de la Nación, corría el año 1986 y en esa época podía trasladarse apoyado en su bastón.
“Trabajé en muchos proyectos, viajé por las provincias. Satisfice muchas necesidades y dediqué a la discapacidad muchas horas de trabajo. Las personas con discapacidad tenemos que convencer a los políticos sobre cuáles son nuestros límites” -relata.
En el año 2002, Carlos ingresa a trabajar a la Comisión Nacional de Discapacidad (Conadis), hoy Agencia Nacional de Discapacidad. “Recuperamos los recursos para discapacidad gracias a la ley del cheque que había sacado Cavallo” -cuenta con orgullo. Allí estuvo hasta el 2006 cuando, se sometió a un triple by pass, motivo por el cual renunció. Ni bien se recuperó, comenzó a ejercer tareas en el área de “Adolescentes y Adultos Mayores con Discapacidad" para formar parte, más tarde, del sector de Pensiones Asistenciales dependiente del Ministerio de Desarrollo. Es en ese pase cuando pierde la categoría de empleado de planta permanente, sin imaginar lo que iba a sucederle años más tarde con el cambio de gobierno.
“Ingresé orgulloso a la Comisión porque el desafío era ver qué se podía hacer, además de darle las pensiones”.
Al asumir Cambiemos, en diciembre del 2015, su situación comenzó a cambiar radicalmente. Fue víctima de malos tratos y amenazas “El 25 de enero de este año me interné con licencia médica para realizarme unas pruebas de bomba de morfina camino a una intervención que aún no he podido concretar. Martín Pavazza, Coordinador del 9° Piso de Pensión Asistencial decidió no pagarme el sueldo alegando que me había tomado “vacaciones en rebeldía” -cuenta con la voz entrecortada.
Hasta que el 16 de abril de este año le envían una carta documento anunciándole el despido sin indemnización, sin aviso previo, sin cobertura de ningún tipo lo que lo obligó a abandonar el tratamiento.

Carlos acudió a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) Capital donde conversó telefónicamente con su titular, Daniel Catalano, pero no obtuvieron buenos resultados, hasta el momento, si bien continúan en su intento de lograr la reincorporación. “Es terrible, no tengo interlocutor. Mandé tres cartas documento, pero todo es muy difícil. En el Correo Argentino, cuando ven el nombre del destinatario o el organismo al que va dirigido el envío, no lo reciben. Tuve que ir a un correo privado”.

“Como argentino me siento avasallado” -expresa con dolor. Su expediente se extravió por lo que se quedó sin salario, sin indemnización y, sin obra social.
Carlos tiene 4 hijos de un primer matrimonio que lo ayudan con algo de dinero, y dos hijas menores de edad de su segunda pareja, la que hace pocos meses atrás tuvo un ACV.
“Acá se violaron los derechos de la ONU que tiene rango constitucional porque Argentina adhirió a la protección del empleo a las personas con discapacidad. También a la OIT (Organización Internacional del Trabajo), o sea que la carta documento que me enviaron para despedirme,carece de validez” -señala.
El caso de Carlos puede ser uno más de tantos otros que son víctimas de las políticas de la economía salvaje implementada por el Gobierno. Pero no es uno más, es un ser humano, como lo son cada uno de lxs miles de despedidxs a quienes se los trata como material descartable. "Hay gente en peores condiciones que yo -explica, algunos discapacitados padecen cáncer y a pesar de tener pocos meses de vida, los han echado. Esto ocurre en el Congreso de la Nación, en la Casa donde debe regir la ley".
Carlos espera por su intervención del corazón que no sabe cómo podrá realizar, espera por un juicio que no sabe cuando saldrá, espera por una reincorporación que cree, nunca va a llegar. Carlos espera, pero a pesar de su discpacidad lucha y por ello está convencido que a él lo echaron “por defender a sus compañeros".
"Evidentemente, las decisiones que se toman fuera del país, son más importantes que los derechos de las personas con discapacidad. A ellos les molesta mi presencia, el mío es un despido político.” -concluye.
- Editora de Motor Económico. Periodista. Docente
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