La cruda realidad

Por Horacio Rovelli

China-Argentina Crecimiento y crisis

(Por Horacio Rovelli) Cuando uno se pregunta como un país como China, que fuera semicolonia inglesa en el siglo XVIII y XIX, impuesta por la llamada “Guerra del Opio”, dado que la venta del té creó un déficit que los británicos trataron de corregir exportando opio de la India a China, a pesar de la oposición de ambos países. Que fuera derrotada por Japón en 1895 y con ello la caída de la Dinastía Qing, la ultima dinastía imperial. De la invasión nipona de 1937-1945 en el marco de la segunda guerra mundial y tras la expulsión de los japoneses, la guerra civil entre los nacionalistas y los comunistas con el triunfo del Ejército Rojo en 1945 y la proclamación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949.

Cómo ese país devastado por las guerras, densamente poblado, es hoy el principal exportador del mundo y el segundo PIB de la tierra, generando trabajo y bienestar a sus mil cuatrocientos millones de habitantes.

Cuando uno rememora los fantásticos (y nunca del todo corroborados) viajes de Marco Polo en el Siglo XIII por la denominada ruta de la seda y ahora China, como dice el profesor Jorge Molinero, reedita esos viajes por tierra y por mar en un proyecto de creación de infraestructuras (puertos, vías ferroviarias, rutas terrestres, terminales, centros de logística y distribución, etc.) que incluye a 65 países con una población de 4.400 millones de almas, el 30 % del PBI mundial, en que China será el principal financiador de las obras en la mayoría de los países involucrados, con un plan de desarrollo de toda la región que incluye la integración financiera con la expansión de acuerdos de swaps de monedas sin utilización del dólar. Con llegada a Europa por dos vías (por tierra hasta Rotterdam, Holanda, y por mar hasta puertos italianos), al mismo tiempo es el acceso a fuentes de energía (petróleo) en Medio Oriente, entre otros de los objetivos geopolíticos del proyecto, cuando la China actual el 65% de su matriz energética depende del carbón. El objetivo geoestratégico es meter una cuña- ofreciendo el desarrollo a esas áreas – en la influencia económica y militar que ejerce Estados Unidos en los países que rodean a China, y garantizar vías de acceso a los materiales críticos que pueden frenar su propio desarrollo, en especial el petróleo.

Si uno se detiene unos segundos a pensar cómo hizo China, la combinación no puede ser más elemental y lógica: trabajo y planificación.

Si uno estudia, cómo se gesta la inversión en China, el rol del capital trasnacional y un Estado presente, ve detrás de ello una gran planificación estatal, que como todo plan debe tener objetivos claros y precisos. Para Mao Tze Tung el objetivo principal era que cada chino tuviera un plato de arroz por día, ya para Deng Xiaoping en 1978, era que cada chino tenga trabajo. En el año 2017 China se plantea para el año 2020, posicionarse entre las naciones más innovadoras del mundo, por lo que para ello, pide esfuerzos para profundizar la reforma de los sistemas científico y tecnológico, y en el año 2049, cumpliendo 100 años de la Revolución, es ser la nación que más invierte en innovación y desarrollo científico.

En su libro “Cómo lo hicieron los Chinos” (Ed. Astrea), Gustavo Girado da el ejemplo de iPhone, que ya en el año 2009 China registra exportaciones por 11.300.000 aparatos a los EEUU. A pesar del aumento de los salarios y la apreciación del yuan, las ventas del iPhone desde China a los EEUU siguieron creciendo y se triplicaron en el año 2012. En la parte posterior de cada aparato se encuentra la inscripción “Diseñado por Apple en California, ensamblado en China”. La cadena de valor de iPhone se rige por Apple y por lo tanto su competitividad y rápida expansión global debe atribuirse a las innovaciones tecnológica de la empresa americana, pero el trabajo “pesado”, la mayor parte de las horas hombres, lo hacen los chinos, con el futuro provisorio que así como hacían zapatillas o prendas de vestir y posteriormente hicieron las máquinas y los equipos para producirlas, de la misma manera el Estado chino apoya a las empresas locales que hacen semiconductores y a las empresas chinas que las sostienen, a sus proveedores, se otorgó incentivos económicos, políticas de inversión preferenciales, incentivos de investigación y desarrollo (I+D), subvención a las imprescindibles importaciones y a la exportación del bien final, con legislación específica para atender los derechos de propiedad intelectual con lo que agregan cada vez mayor valor al iPhone chino.

Por eso China se plantea construir nuevos institutos de investigación científica y universidades de primer nivel, así como reformar el sistema de educación superior de investigación científica, con el fin de fortalecer la capacidad de innovación de sus futuros trabajadores. Fomentar las prácticas de alumnos con compañías clave de industrias del sector, así como la unión y los convenios entre empresas pequeñas y medianas con grandes industrias de la investigación e innovación. Planifica aumentar los fondos que destina a investigación y desarrollo (I+D) a nivel nacional, que viene acrecentando a un 2,2% por año durante el XII Plan Quincenal (2011-2015), a más de 2,5% para el año 2020.

Según "Indicadores de Ciencia e Ingeniería de EE.UU.", el gasto mundial en investigación y desarrollo presenta una tendencia general al alza, que destaca especialmente en América del Norte, Europa, Este Asiático y Sudeste Asiático. Estados Unidos se mantiene a la cabeza en investigación y desarrollo en el mundo, seguido por China. El gasto en I+D en China es casi equivalente a la totalidad del de la Unión Europea.

Con respeto al gasto total en I+D del mundo en términos de comparación con del poder adquisitivo, China representa alrededor del 20%, sólo por debajo de Estados Unidos (27%). Japón ocupa el tercer lugar con un 10% y Alemania ocupa el cuarto, que representa el 6%.

Se necesitan talentos en ciencia e ingeniería para la innovación y la competitividad económica de un país. Casi la mitad de los títulos académicos universitarios concedidos en China durante el año 2012 fueron en los campos de ciencia e ingeniería, mientras que en Estados Unidos sólo el 33%. Dentro del ámbito global se otorgaron en total 6.400.000 títulos universitarios en ciencia e ingeniería, de los cuales el 23,4% fueron en China, el 23,0% en la India, el 12% en la Unión Europea, y EE.UU. sólo representó el 9%.

El número de títulos universitarios en China ha crecido más rápido que en los principales países desarrollados. De 2000 a 2012, el número de graduados que obtuvieron una licenciatura en ciencia e ingeniería en China aumentó más de tres veces, mucho más rápido que en Estados Unidos, Europa, Asia y otros países. Además, el número de doctorados en ciencia e ingeniería en China se encuentra sólo por debajo de Estados Unidos.

De un plato de arroz a liderar el conocimiento

China demuestra palpable y objetivamente que el aumento de la inversión depende primero de cómo se las direcciona y en segundo término de las herramientas genéricas de incentivo, lo cual implica como mínimo un análisis previo de cuáles son los sectores que es conveniente y necesario desarrollar, y ello nos presenta la necesidad de un fuerte conocimiento de la economía del país y de sus perspectivas (base de todo plan), lo que tiene como paso necesario la constitución de una matriz Insumo-Producto, matriz que es cierto que se realizó en muchos años en nuestro país, pero tras la dictadura militar y el desmantelamiento del Estado se dejó de hacer, y cuando se recomenzó, los resultados logrados no fueron los satisfactorios y no se insistió más; sí hubo planes de obra pública, agroalimentarios, industrial, etc., pero no un plan global y sistemático de interrelación de todos los sectores que conforman la economía nacional, y eso hasta el año 2015.

Al macrismo lo único que le interesa es desarrollar los enclaves extractivos (minas y petróleo con sus derivados), apuntalar la producción agraria y acordar con los grandes capitales que operan en el país, que también sufren el incremento del costo argentino en combustible, en bienes de uso difundido, en logística, en comercialización, fruto de una economía fuertemente concentrada, donde cada uno de ellos se apropia de márgenes de ganancia y de valor inconmensurable, pero que tienen tal magnitud de inversiones y de capitales en el mundo que compensan con creces el freno del negocio en la Argentina.

Eso no quita que con sus excedentes participan del negocio del carry trade (bicicleta financiera) aliados a los bancos, de quienes son los principales clientes en el país, y en esa condición de “clientes VIP” con el camino trazado para fugar capitales como lo vienen haciendo desde la dictadura militar.

La diferencia entre los países que crecen (China) y la clase dominante argentina es abismal, pero igual podemos decir lo mismo en mayor o menor medida de todos los países que crecen, que se industrializan, que crean valor, que producen en sus localidades, que planifican cómo sigue el futuro de todos y no el de la minoría parasitaría y rentística.

Para crecer se deben crear las condiciones para que se incremente la producción y se incorpore mayor valor agregado (trabajo y tecnología), camino esencial para plantear un país para todos, teniendo presente los grandes “cuellos de botella” que exhibe la economía Argentina (déficit energético, baja dotación de capital, falta de más obras de infraestructura y su modernización, la dependencia de nuestra producción de ciertas importaciones, mayor educación técnica de nuestra mano de obra, etc.). Especialmente se debe controlar la dependencia de nuestra producción con respecto a las importaciones, a lo que también debe sumarse la relación que existe entre nuestras exportaciones y las importaciones (exportamos pero debemos importar para poder hacerlo), y no sólo en la industria automotriz sino también con el paquete tecnológico -plaguicidas, fertilizantes, máquinas y herramientas- que se utiliza para la producción de la soja y sus derivados, por ejemplo.

Es mucho y muy bueno lo que se ha escrito y se ha experimentado sobre el crecimiento sustentable en el mundo; como dijera Isaac Newton cuando le preguntaron sobre cómo había llegado al nivel de conocimiento que tenía (correspondencia con Robert Hoocke) contestó: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”.

La experiencia China y asiática en general nos demuestra que el camino es el trabajo y la producción, con un Estado que planifica y ve por todos y lejos. John Maynard Keynes afirmaba que la intervención del Estado y la planificación central son necesarias para contrarrestar las fallas que el mercado generalmente tiene. La forma de percibir estas fallas es a través de la medición macroeconómica, que permite una visión panorámica del comportamiento de la economía. Podemos sintetizar su “Teoría General” en una apología y propuesta de intervención pública directa en materia de gasto, que permita cubrir el déficit de demanda agregada y poner en manos de las autoridades públicas, quienes sí tienen medios y posibilidades de realizar un cálculo más racional y ajustado de la eficiencia marginal del capital, las decisiones de inversión de la economía.

Es más, advertía que la incorporación incesante de nuevos métodos de producción llevaba por un lado a un aumento sostenido en los niveles de productividad, a la vez que creaba una necesidad cada vez menor en forma proporcional de mano de obra. Al forzar el desempleo en sí mismo, el sistema entraba a depender del crédito en vez de la compra directa lo que generaba desequilibrios. La abundancia de crédito, por otra parte, generaba la expansión en burbuja y llevaba a la creación de nuevos y cada vez más sofisticados instrumentos de especulación financiera.

Keynes sabía que quienes dictan las reglas en un mercado desregulado son justamente los jugadores más poderosos del sistema y que buscan la mayor ganancia y en la forma más rápida posible, cayendo en lo que denominó la “economía casino” que corroía al sistema productivo y distributivo de la sociedad, por eso hablaba de la responsabilidad social, y fundamentalmente de la socialización de la inversión: “También pienso que una muy amplia socialización de la inversión se revelará como el único medio de asegurar la proximidad al pleno empleo, lo que no implica excluir los compromisos y fórmulas de todas clases que permitan al Estado cooperar con la iniciativa privada”.

Por supuesto que la cooperación que propone significa orientación, premio y castigo, y para eso el Estado debe tener el conocimiento global, la propuesta y el plan.

Tomemos un pensador post keynesianos y uno de los problemas principales económicos que tenemos desde que nos constituimos como nación, que por supuesto el macrismo no advierte, y lo que es peor, ni tan siquiera logra planteárselo. Anthony Thirlwall en su libro “La Naturaleza del Crecimiento” sostiene que “…la tasa de crecimiento a largo plazo no puede ser mayor a la tasa de crecimiento que corresponde al equilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Los países que se encuentran en problemas de balanza de pagos, deben restringir su crecimiento, aún si la economía se encuentra en un superávit de capacidad productiva y oferta de trabajo”.

La principal conclusión que Thirlwall señala para la mayoría de países es que si desean crecer más rápido deben primero levantar la restricción que impone la cuenta corriente de la balanza de pagos sobre la demanda, por ello propone expandir y aumentar el valor agregado de las exportaciones y/o reducir la demanda de importaciones ante el crecimiento del PIB (que es lo que nos pasa a nosotros donde por cada punto que crece el Producto Bruto Interno, tres puntos crecen las importaciones), y eso se logra sustituyendo las compras al exterior por producción local (La matriz Insumo-Producto permite ver cómo se forman las cadenas de valor, y por ende qué eslabones de la misma pueden sustituirse por producción local).

Para poder expandir sistemática y consecuentemente la demanda agregada (y con ello la producción) sin generar dificultades en la balanza de pagos; y, bajo ciertos límites, se debe apuntalar la inversión, absorbiendo el desempleo, elevando el crecimiento de la productividad, etc.

Esto explica la irregular tasa de incremento del PIB de la mayoría de las naciones, dada la falta de una visión de mediano y largo plazo (sin planificación) y por ende sin la inversión suficiente ni en lugares claves como se necesita, al revés de los países que crecen que lo hacen porque planifican con fuerte direccionamiento estatal e invierten, como es el caso del este asiático y especialmente de la República Popular China.

¿Qué hace Macri?, se endeuda indiscriminadamente para pagar gastos corrientes y financiar un déficit fiscal que supera al equivalente a U$s 30.000 millones por año. Deuda que devenga un interés que amplía el déficit de la cuenta corriente ya generado por el manifiesto atraso cambiario que hace que las importaciones sean mayores a las exportaciones (déficit comercial), igual con el turismo, el pago de royalties, fletes y seguros, con lo cual ni tan siquiera se tiene un presente digno.

Es más, las importaciones sustituyen producción local y hace que se reduzca más el nivel de actividad y crezca el desempleo.

Cuando uno se pregunta cuál es la condición para que se produzcan inversiones reales (inversión bruta fija en la producción y comercialización), la razón principal y que explica la orientación de la inversión en general y en particular de investigación y desarrollo hacia Asia, especialmente hacia China, es el fácil acceso a lugares claves para lograr proveedores y fabricación unido a un menor costo en el proceso de desarrollo.

La Argentina de Macri no piensa en la inversión real, sólo en la valorización financiera del capital y la fuga del mismo, por eso las pocas medidas que adopta son todas para beneficiar la renta pero no para crear o recrear un proceso productivo. China tuvo la inteligencia de combinar el mercado interno con el externo y expandir los dos, sabiendo que “la demanda es la que determina la oferta”.

Dicen que en el idioma chino se escribe con los mismos caracteres la palabra crisis que oportunidad, si es así, podremos explicarnos el futuro chino y el nuestro

  • Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPPA (Economía Política para la Argentina).

(*) Fuente: Tecla Eñe

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