Por Juan Diego Wasilevsky
Consumo de vinos, en su mínimo histórico: cayó a 19,5 litros
(Por Juan Diego Wasilevsky) El dato realmente impacta: en 1977 el consumo de vinos en la Argentina alcanzaba los 88,4 litros per cápita. A partir de allí, cada litro que se perdió no se volvió a recuperar.
El deterioro fue progresivo y no hubo retorno: en 2017 se terminaron de encender las alarmas de la industria vitivinícola, cuando el nivel se desplomó hasta los 20,2 litros.
Y este 2018 está por marcar un hecho sin precedentes: con datos hasta septiembre, el consumo había perforado ese piso y pasó a ubicarse en los 19,8 litros per cápita. Pero, como el tercer trimestre está siendo sumamente negativo para el poder adquisitivo, en la industria hay consenso de que el nivel descendería hasta los 19,5. Incluso, hay empresarios que ya hablan de un nivel de 18 litros.
Se trata de la peor marca de la que se tenga registro. Así, en cuestión de cuatro décadas, en la Argentina se dejaron de consumir nada menos que 60 litros per cápita.
Los analistas y los propios bodegueros hacen una salvedad: la calidad de los vinos de hace 40 o 50 años difieren mucho de los que se hacen en la actualidad. A partir de la crisis del 2001, con el boom exportador, se potenciaron las inversiones, se comenzaron a reconvertir miles de hectáreas de viñedos y se avanzó con una mejora cualitativa que terminó teniendo impacto en el producto que llegaba a la góndola.
Sin embargo, el hecho de que en unas décadas se hayan esfumado nada menos que 60 litros obliga a parte de la industria –sobre todo la que produce vinos de más bajo precio- a replantearse su negocio. Y también empuja a todas las bodegas locales a consensuar una estrategia para el largo plazo, considerando que cada litro que se perdió jamás volvió a recuperarse.
Polémica por la cerveza
"El año va a concluir cerca de los 19,5 litros per cápita. Es el nivel más bajo del que tengamos registros. La realidad es que es un número que impacta. Y entre las principales razones consideramos que entre 1 litro y 1 litro y medio de la caída obedeció a cuestiones económicas. Principalmente, a la pérdida de poder adquisitivo", planteó el consultor Javier Merino, de Área del Vino.
Se estima que entre enero y octubre, el poder de compra de los salarios sufrió un derrumbe cercano al 13 por ciento, con perspectivas de que el nivel empeore los dos últimos meses del año.
En este contexto, un relevamiento de la consultora Nielsen reveló que, de una muestra de 600 etiquetas comercializadas en supermercados, el 70% ya está por encima de los $100.
Y acá es donde comienza a jugar un rol importante la cerveza. Desde Nielsen señalan que aquellos compradores que hasta hace poco optaban por vinos que superaran ese rango, al producirse el salto de precios, pasaron a elegir cervezas de gama media.
Cabe destacar que en el 2003, ambas bebidas coincidieron en el volumen de consumo, con un nivel de 32 litros per cápita. Sin embargo, a partir de allí, las dos curvas se separaron hasta el día de hoy en el que la cerveza lidera cómodamente, con casi 42 litros, más que duplicando al del vino.
Recientemente, el Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA) publicó un informe en el que marcaban las asimetrías entre ambas industrias.
Así por ejemplo, señalaron el hecho de que el sector bodeguero es "claramente más vulnerable que sus competidores a las fluctuaciones macroeconómicas tales como inflación, tipo de cambio o costo del financiamiento".
¿La razón esgrimida? Según la entidad, la cadena vitivinícola es más larga: está conformada por productores, bodegas fraccionadoras, distribuidores, mayoristas y finalmente el canal de la comercialización. Así, por cada uno de los eslabones que forman parte de la cadena, se multiplica el efecto final sobre el precio al consumidor en un escenario de inflación.
(*) Fuente: IProfesional
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