Por Nicolás Grande
Déficit habitacional: cerca del agua, lejos del Estado
Consecuencia del déficit habitacional en Luján, el barrio Villa del Parque se expandió hacia una zona inundable delimitada por el arroyo Lanusse y el Acceso Oeste. El temporal de hace tres semanas generó el desborde del curso natural y varios vecinos sufrieron el agua en el interior de sus precarias viviendas. Años atrás, la Municipalidad recibió un proyecto que anticipaba las ocupaciones y proponía darle al predio un uso público, pero nunca tomó intervención
(Por Nicolás Grande) Precariedad absoluta. De esa manera puede describirse el panorama que caracteriza el escenario urbano en los fondos de Villa del Parque, cuando la expansión del barrio choca con el Acceso Oeste. Ahí se vive como se puede, literalmente, como cada vecino se las ingenia en un contexto de necesidad extrema y ausencia del Estado. Cualquier sueño de realización personal colisiona con oportunidades escasas o nulas.
El denominado arroyo Lanusse riega con sus aguas contaminadas la precariedad y profundiza la desigualdad social. Incluso es notorio el contrataste con el sector adyacente, donde el mal estado de las calles y ciertas urgencias habitacionales no se comparan con la desastrosa situación que define los fondos del barrio. Los propios vecinos visualizan la diferencia. Saben que viven en peores condiciones, que su existencia es todavía más complicada, que hay realidades distintas entre el acá y el allá del curso de agua.
La zona quedó anegada hace tres semanas, durante el temporal desatado un fin de semana. El arroyo, que se encuentra a pocos metros de las viviendas, desbordó, otra vez. Hasta el lunes, todavía el pasto tapizaba enormes charcos, que volvieron a alimentarse con las precipitaciones del martes.
El sector comenzó a poblarse en el transcurso de los últimos cuatro años. Las imágenes satelitales que permiten visualizar la evolución de la mancha urbana desde 2005 muestran que hasta 2012 era un descampado. La Municipalidad fue advertida de que las necesidades de tierras que sufren muchos vecinos, productor del déficit habitacional, iban a terminar en una ocupación informal. Se acercaron alternativas para evitar el asentamiento en una zona claramente inundable. No se dieron respuestas ni intervenciones. Finalmente ocurrió lo que se advirtió.
Como se puede
Desde la calle Storni, se cruza el arroyo a la altura de Misiones, que desde ahí, y durante varios metros, queda limitada a un simple sendero peatonal. Para atravesar el curso de agua se utiliza un endeble puente de madera.
La mayoría de las viviendas son de ese mismo material y de un solo ambiente. Son muchas y con muchos habitantes. Algunas, pocas, están levantadas y hasta fueron construidas sobre pilotes, en un estilo de construcción parecido al de las zonas ribereñas clásicas. Las pocas zanjas, abiertas por los vecinos, permanecen cargadas de agua.
A esa altura, el arroyo es un pequeño curso que apenas se distingue, atiborrado de basura y mucha vegetación. Las casas están a menos de 50 metros.
Oficialmente no hay energía eléctrica ni agua corriente. Entonces se improvisa, con los riesgos que eso implica. El tendido de luz llega a las viviendas por múltiples conexiones ‘caseras’ que recorren varias cuadras y se van extendiendo en débiles cables que se enganchan entre los árboles o en pequeños postes colocados por los propios vecinos. Cualquier viento, aunque sea de mínima intensidad, es capaz de afectar el cableado y convertirlo en un verdadero peligro.
Sin posibilidad de realizar perforaciones por el alto nivel de las napas y la mala calidad del agua subterránea, con el agua corriente ocurre lo mismo. Se trae mediante un sinfín de conexiones desde sectores del barrio que cuentan formalmente con el servicio.
El cuadro afecta también las condiciones de salubridad. Vivir pegados al arroyo les depara a los vecinos una humedad crónica que enferma, especialmente a los más chicos. Y si se suma el escenario socioambiental absolutamente precario, las consecuencias en el campo de la salud no resultan difíciles de imaginar.
Por Misiones se llega hasta José Ingenieros. De nuevo aparece el arroyo, al que se puede atravesar por una especie de puente, todavía más precario que el anterior, compuesto por unos pilotes de cemento. Es decir que el único acceso vehicular habilitado es por Del Pilar y Misiones.
Norma es una de las vecinas que habita al otro lado del arroyo. Llegó al lugar hace tres meses y ya sufrió el avance del agua en el interior de su vivienda, una habitación de material, donde también vive su hijo, quien junto a su familia habitaba en Santa Marta, pero decidió irse por las inundaciones repetidas del río Luján. La precariedad lo llevó a otro sector de la ciudad igual de inundable.
“Todavía hay agua en el pasto”, dijo en referencia a los fondos de la vivienda, que dan contra el arroyo, a menos de 30 metros. En este tiempo, la vecina intentó hacer cimientos para ampliar la construcción, pero a poco de cavar se llenaron de agua debido al nivel de las napas.
“De ese lado se viene toda el agua para acá. Adentró entró el agua, nos fuimos al comedor del otro barrio”, dijo sobre el temporal de hace tres semanas y el espacio comunitario del Movimiento Patria Grande que funciona en Villa del Parque.
Norma contó que quiere irse, que necesita irse. Pero no hay para elegir: “Me quiero ir de acá porque hay mucha humedad, adentro no se seca, brota de abajo la humedad. Es un drama esto con el tema del arroyo. Es complicado el tema de la salud también por tanta humedad. Tenemos en vista una casita de dos habitaciones, pero no se puede, no se puede, imposible con el sueldo. Te cobran entre 3 mil y 4 mil pesos. Vamos a seguir acá por un tiempo, a ver qué pasa”.
Su hijo soltó una risa, como resignado, cuando este cronista hizo la pregunta tonta de si pueden costear un alquiler con esos valores.
“Este barrio está olvidado, no apareció nadie. Solamente los del comedor comunitario vinieron y nos ayudaron a salir antes de que se venga la noche. Pasamos la noche en el comedor y al otro día a la tarde volvimos. Acá no apareció nadie. Cuando precisan votos andan todos, pero después no aparece nadie, cuando se los precisa no aparece nadie”, dijo Norma al ser consultada sobre la presencia de personal municipal durante el temporal de hace tres semanas.
La falta de asistencia coordinada genera cuadros dantescos. Por ejemplo, por miedo a electrocutarse un vecino debió permanecer varias horas arriba de una cama cucheta cuando el agua ingresó a su vivienda y los cables cayeron al piso. Se comunicaba con el exterior por una pequeña ventana, hasta que pudo ser socorrido por otros vecinos.
Sin respuestas
Durante el plenario que se llevó a cabo el lunes en el Concejo Deliberante, la situación de Villa del Parque fue uno de los puntos tratados. Los funcionarios reiteraron que se mantiene el proyecto de canalizar un tramo del arroyo Lanusse. También prometieron la limpieza del curso aguas abajo, en el sector anteriormente descripto.
De todas formas, en cuanto al problema de las inundaciones, el secretario de Obras y Servicios Públicos de la Municipalidad, Marcelo Gutiérrez, destacó que en los fondos de Villa del Parque los vecinos se instalaron en zonas bajas, situación que torna difícil (o imposible) evitar la problemática.
La actual gestión municipal fue advertida de posibles ocupaciones, especialmente por el profundo déficit habitacional que empuja a muchos vecinos a ocupar, aún en pésimas condiciones. Sólo en la Dirección de Tierras existe un listado con más de 3.500 familias anotadas.
Sobre el final de la gestión de Graciela Rosso, el entonces Movimiento de Trabajadores Comunitarios (hoy Movimiento Patria Grande) acercó un proyecto a la Municipalidad para dar respuesta a la realidad que vivía esa zona de Villa del Parque. Se buscaba generar un parque que mejorara las condiciones del vecindario y diera a las tierras abandonadas un destino público. La inquietud continuó durante el primer gobierno de Oscar Luciani. Nunca hubo respuestas. “Le recordamos varias veces el proyecto a quien era director de Tierras, Carlos Patetta, pero nunca se hizo nada”, contó Guadalupe Ledesma, referente territorial de Patria Grande.
La iniciativa fue elaborada conjuntamente con estudiantes, docentes e investigadores de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA.
Allí se describía que “en la cercanía del arroyo se creó un interesante ecosistema natural, que incluye una extensa variedad de flora y fauna. Esta zona es una depresión lindera con el Acceso Oeste”. Para entonces, los especialistas expresaban que “en esas tierras bajas que no tienen ningún uso definido, se está produciendo un asentamiento de familias sin hogar”. Sin embargo, “el asentamiento aún no ha llegado a zona inundable, pero si no se define un uso específico a las tierras baldías, la tendencia a urbanizar va a alcanzar las tierras inundables, con consecuencias negativas sobre la salud de los pobladores y sus bienes”.
En plano de propuestas, el proyecto contemplaba poner en marcha un “plan de forestación con árboles nativos, que tienen propiedad absorbente” y la baja de nivel “en ciertas zonas estratégicas para producir una inundación controlada”.
Con la intención de revalorizar esas tierras desde una perspectiva de inclusión social, la propuesta acercada a la Municipalidad hablaba de “un uso del espacio con programas públicos y necesarios para los habitantes del barrio, de manera de producir una limitante a la expansión del loteo”. En tal sentido, se hablaba de crear “espacios públicos que permitan las relaciones sociales entre personas” y conformar “ámbitos adecuados donde los jóvenes puedan desarrollar actividades deportivas y culturales; los adultos puedan tener un lugar de esparcimiento, un ámbito de integración cultural y social”.
Otra situación
Padre Varela es otro de los barrios que en los últimos años registró una expansión hacia zonas inundables. En su caso, las ocupaciones se extendieron en dirección al arroyo Gutiérrez.
En comparación con los fondos de Villa del Parque, el sector presenta mejores construcciones, la mayoría de ellas de material. Incluso, como respuesta vecinal a las recurrentes inundaciones, son varios los vecinos que comenzaron a edificar en alto, en un intento de habilitar espacios en las viviendas que puedan permanecer ajenos al desborde del arroyo.
Héctor es un vecino histórico del Padre Varela. Vive sobre la calle Chubut, en un sector que varias décadas atrás integró de un loteo legal. Aunque hasta su casa llega el agua del Gutiérrez, forma parte de la vieja trama del vecindario. De ahí en adelante, hacia la calle Roma, el barrio creció en los últimos años, con la informalidad como regla. Héctor calcula que el proceso de construcción en terrenos cercanos al arroyo comenzó hace 15 años y se profundizó en la última media década. Hasta ahí no llega el agua corriente ni la luz eléctrica, pero los vecinos se las ingenian para traer esos servicios. Se calcula que en esa situación viven más de 30 familias.
Cuando vivir cerca de arroyos es un lujo
Vivir en cercanías de arroyos y otros cursos de agua no siempre es un dolor de cabeza. La precariedad que padecen muchos vecinos empujados a ocupar zonas inundables contrasta con las urbanizaciones de lujo que se sirven de esos ecosistemas como forma de valorización paisajística y económica.
Años atrás, los especialistas Patricio Narodowski y Patricia Pintos publicaron un trabajo de investigación destinado al estudio de las transformaciones negativas provocadas en la cuenca del río Luján por las urbanizaciones cerradas.
En un pasaje del trabajo, se indica que “en su evolución hacia formas de urbanización difusa, el aglomerado metropolitano de Buenos Aires ha ido incorporando vastas superficies de suelo periurbano y rural, pero sin duda han sido los humedales y cuencas de ríos y arroyos de la región los destinatarios principales de esta transformación”.
Por su parte, el biólogo Adonis Giorgi (UNLu-Conicet), explicó a este medio que “efectivamente las construcciones que se han hecho de algunos barrios y countries a la vera del río no han tenido un estudio de impacto donde se considere a la cuenca, ni mucho menos los efectos locales que son los más importantes”.
“Estas cosas ocurren con urbanizaciones mucho más grandes como San Sebastián, en la zona de Pilar, o Colony Park, en el Delta. Son obras que tratan de llevar una arquitectura de pampa seca a una zona inundable. Compran tierras inundables muy baratas, la rellenan y levantan de modo de que no se inunden demasiado las casas que ellos ponen allí, pero se eliminan las zonas de retención de agua (humedales aluviales) y hacen que localmente el agua se dirija en otras direcciones y termina inundándose zonas no inundables”, explicó
(*) Fuente: El Civismo Foto: Rodrigo Molawczyk
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