Por Clara Razu
Dime de quién se trata y te diré que cambio tienes
"La devaluación no afecta a los precios”.
“Si las empresas tienen más ingresos, invertirán más”.
“Si son ricos no robarán”.
(Por Clara Razu) Durante la década del ‘60, cada vez que había un golpe militar, la gente salía a comprar alimentos: fideos, harina, aceite y otros productos no perecederos, eran demandados en las bocas de expendio de la época, almacenes barriales, en su mayoría.
No era una conducta tonta, las personas sabían que todo cambio político respondía a una” restructuración del tipo de cambio monetario”. La devaluación como respuesta a la escasez de divisas, mejoraba el precio del dólar y estimulaba a los propietarios de las mismas a venderlas mientras que al encarecerse desestimulaba a los compradores.
Más, ese ajuste en el precio de la divisa generaba un brusco encarecimiento de los alimentos, que son los bienes exportables.
La compra de fideos, harinas y aceite era la forma de “protegerse”, al menos temporariamente, de la inflación.
Esto era posible porque las familias poseían ingresos para hacerlo y trabajo para sostenerlo. La política económica liberal de la “Revolución Argentina”, extranjerizada y dólar dependiente, tenía una clase trabajadora con ingresos que les permitía consumir y pagar los servicios públicos y bienes para satisfacer sus necesidades.
Hoy, la devaluación implícita en la política económica establecida por el Gobierno encuentra una población que, ante la depreciación de la moneda, el aumento de las tarifas y los precios de los alimentos, sólo puede en parte, hacer colas largas frente a supermercados de descuento, que, ante refacciones o mudanzas, “liquidan” sus existencias a mitad de precios.
Esta realidad se vio en un “Supermercado Día” de la localidad de William Morris en el Partido de Hurlingham, en la zona oeste del Gran Buenos Aires.
A pesar del temporal, los vecinos que aún cuentan con algo de dinero, esperaron poder entrar para ver qué podían comprar, bajo una tupida lluvia.
Estos vecinos durante estos días fueron protagonistas de protestas por los aumentos de tarifas, aumentos que restan dinero a otros consumos.
Mientras que las empresas productoras y distribuidoras de energía giran cada vez más dinero al exterior, más y más personas dejan de comer para pagar los servicios. Los que aun cuentan con alguna herramienta de financiamiento pagan con tarjeta y en cuotas, aunque, en muchos casos, tampoco pagan el saldo de la tarjeta, que crece al mismo tiempo que crece la tasa de interés, que sirve para que los tenedores de Lebacs, (Letras del Banco Central), no las vendan y dolaricen sus posiciones para alimentar la fuga.
El ciclo de endeudamiento se reproduce, micro y macroeconómicamente. Para las familias es una trampa, para el país también.
El aumento de la tasa de interés “enfría” la economía. La devaluación alimenta la inflación. Nuevamente los hechos desmienten la teoría económica ortodoxa. El descenso de la actividad económica, generado por el aumento de la tasa de interés debería frenar la inflación. Sin embargo, esto no se traduce en la realidad, donde a pesar de la caída de ventas y consumo, los precios aumentan.
¿No será hora de revisar la rentabilidad de las empresas?
Sólo se trata entender el circuito económico donde se transfieren ingresos hacia los sectores más concentrados de la economía.
Claramente que no se trata de errores en la política económica, puesto que gobiernan y la administran esos sectores concentrados.
“Este no es tu gobierno: es nuestro gobierno”, le dijo a Dujovne a Jorge Aufiero, de Medicus (empresa de Medicina Prepaga, que aumentara sus abonos a partir de junio), en la reunión de AEA (Asociación de Empresarios Argentinos).
La disminución del “costo argentino”, léase “costo laboral”, atormenta a los dueños de las mayores empresas del país.
En respuesta al reclamo, el gobierno apura reformas con un nuevo proyecto presentado por el oficialismo que modifica el cálculo de indemnizaciones por despido, para beneficiar aún más a las empresas, sumado a la homologación del acuerdo con la cadena Carrefour, y la convalidación de la precarización laboral de los monotributistas.
Una parte de la sociedad creyó que “como son ricos no van a robar”, cuando en realidad se hicieron ricos a costa del Estado, y ahora esa parte de la sociedad, con algo de suerte, tiene dinero a fin de mes para comprar en un supermercado de descuento después de 2 horas de cola. Menos suerte tienen quienes acuden hoy a las redes de trueque que crecen exponencialmente en todo el país. Claramente, el cambio no significa lo mismo para todos y todas.
- Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
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