Por Santiago Fraschina
El amargo sabor que dejan las Pascuas
(Por Santiago Fraschina (Especial para Motor Económico) Con precios por las nubes, las Pascuas venideras tienen más gusto a salado que a dulce. En el equipo de Economía de la Universidad de Avellaneda realizamos un relevamiento que refleja un salto en el costo de la canasta de productos típicos de un 27,5 por ciento respecto de 2017. Es decir, un costo de 893 pesos para la canasta clásica.

Este aumento está medido en consumos característicos de clase media, pero cuando la canasta se integra con segundas y terceras marcas, la variación porcentual se acerca al 29 por ciento respecto al año anterior.
En contraste, según el relevamiento que realizamos sobre quince establecimientos comerciales del área metropolitana y otros tantos del interior por canales digitales, el segmento premium consolida una canasta de 1.214, con una suba cercana al 11 por ciento.
El incremento de los precios se explica por estructuras de costos asfixiantes para empresas productoras que usan de manera intensiva los insumos energéticos. Un ejemplo es el de la cooperativa Arrufat, que vio recientemente multiplicada por cuatro su factura de electricidad.
Como en un círculo vicioso, la inflación de costos se propaga al precio de los productos finales y esto disminuye la demanda, redundando en una compresión de los márgenes de los productores.
El consumo en Argentina no termina de recuperarse y para 2018 las perspectivas vuelven a ser las de un virtual estancamiento a nivel agregado. Después de dos años de caídas consecutivas, lo que se expresa es un cambio en el patrón de acumulación, pasando de un modelo tirado por la demanda interna a uno que prioriza la internacional de nuestra producción agroindustrial como motor del crecimiento económico.
Del seguimiento a lo largo del tiempo de estos productos, se verifican aumentos sustantivos. De la comparación bianual se desprende un alza del 81 por ciento, mientras que en relación a la Pascua de 2015 se acumulan aumentos del 140 por ciento. Cabe destacar que, en tal período, un índice de precios sin discontinuidad como el IPC Caba mide una suba media 5 por ciento menor que la canasta de Pascuas.
En el desagregado por producto, también se cae en cuenta de subas sustantivas. Por caso, el segmento de productos dulces presenta subas del 29,3 por ciento a partir de “rosca de pascua (32,3 por ciento), “conejo de pascua” (+30,7 por ciento), “chocolate en barra” (+29,4 por ciento) y huevo de pascua (+25 por ciento). Del grupo de productos ictícola, se desprende un encarecimiento promedio del 25,7 por ciento. Esta suba se explica, en gran medida, por el alza en el salmón (27,2 por ciento) y merluza (26 por ciento). En menor proporción, aumentaron langostinos (+25,6 por ciento) y camarones (+24 por ciento).

Cuando se compara con los ingresos de las familias, se cae en cuenta que en 2017 se podían comprar casi 27 veces la canasta más económica mientras que, en la actualidad, un salario mínimo alcanza para poco más de 24 canastas de Pascua.
Estos incrementos por sobre el nivel general de precios –e ingresos- determinan una caída en el poder adquisitivo de las familias de, en promedio, 7,5 por ciento en el último año.
A pesar del crecimiento macro, 2017 cerró con una merma general de consumo masivo del 1 por ciento, según consignan las principales consultoras. El primer trimestre de este año no muestra señales distintas.
La represión de salarios reales, a partir de la intención oficial de negociar paritarias por debajo de la expectativa de inflación, parece oficiar de limitante para la recuperación del consumo. En un contexto de retracción general, los productos con comportamiento estacional, por factores climáticos o festividades, no escapan a esta contrariedad.
- Director de la Carrera de Economía UNdAv e integrante de EPPA
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