La cruda realidad

Por Pablo C. Martínez

El comercio internacional tampoco es la locomotora de arrastre

(Por Pablo C. Martínez Especial para Motor Económico (*) ) Llegando a fin de año, la evolución del comercio exterior argentino evidencia nuevas vulnerabilidades. Para el mes de octubre próximo pasado, las exportaciones cayeron un 6,3 % y las importaciones un 2,1 %, siempre con relación a idéntico mes del año pasado. El acumulado anual de las ventas al exterior llegó a los 48.314 millones de dólares, un retroceso de 2.1%, respecto del año para el mismo período. Tampoco subieron las importaciones debido a la recesión, ya que las compras al mundo fueron de 46.362 millones que, en comparación con los 50.503 millones del período enero- octubre del 2015, lo que implica una baja del 8,2%.

En el 2009, luego del inicio de la crisis económica internacional y del conflicto con el campo, la Argentina había tenido su primer déficit comercial, y recién en el 2015 volvió a tener balance negativo en el comercio internacional. La cifra de ese año fue impactante, 3000 millones de dólares, que se explica por el progresivo agotamiento de la política cambiaria -cepo incluido-, la crisis internacional y dentro de ella el derrumbe de Brasil, junto conla retención de la cosecha de soja por parte de los grandes productores a la espera de la devaluación cambiaria que anunciaba el macrismo, a cuyo triunfo se apostaba.

El análisis más desagregado de las últimas cifras indica que salvo los productos primarios, todos los demás rubros del comercio internacional exhiben rasgos negativos. No alcanzó con el incremento de las cantidades vendidas (+ 7.8 %, siempre en octubre) frente a un escuálido aumento de los precios (+1,7 %). El rubro más afectado fue el de las manufacturas industriales, aunque también cayeron las manufacturas de origen primario.

Este balance estadístico contrasta con la reinserción en el mundo que ha prometido el macrismo. Los hechos son testarudos y vienen demostrando que resurge el proteccionismo, languidecen los tratados de libre comercio y especialmente las iniciativas tendientes a generar gigantescos espacios de intercambio donde las multinacionales pretenden imponer su ley. Hubo advertencias sobre lo que venía. Roberto Acevedo, director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), decía en el reporte de la institución del 27 de setiembre próximo pasado lo siguiente: “la drástica desaceleración del comercio es un asunto grave y debemos tomarlo como un llamado de atención. Es especialmente preocupante la creciente oposición a la globalización”. La incertidumbre domina la escena y debe señalarse que “por primera vez la OMC presenta su previsión de comercio para 2017 conforme a una serie de hipótesis, en lugar de ofrecer cifras concretas”.

Esa prudencia contrasta con la impetuosidad que caracteriza a los epígonos locales del neoliberalismo más extremo. José Luis Espert se lleva las palmas cuando afirma, sin el beneficio de la duda, que la Argentina debe vivir del comercio internacional, sin subsidios ni políticas industriales que los incluyan. Abrirse al mundo, aprovechando las ventajas comparativas que tiene el campo, y entrar en la competencia sin resguardo alguno, salvo alguna apelación a las medidas antidumping.El gobierno no se plegó a esa visión extrema, pero esperó que el libre comercio le abriera las puertas a una nueva inserción de la Argentina en el mundo.

Ya antes del triunfo electoral apostaron a la consolidación de la Alianza del Pacífico, iniciativa estadounidense que incluye junto a los Estados Unidos a Chile, Perú, Colombia y México, para impulsar nuevos avances de la liberalización del intercambio comercial y, de paso, complicar al MERCOSUR, que ya tiene suficientes dificultades propias. Mientras tanto, ya en el poder, hicieron todo lo posible por torpedear esa asociación de los países del sur, usando a Venezuela como pretexto. Se sumaron a los reclamos de la oposición venezolana, pretendiendo que ell gobierno de Nicolás Maduro cumpliera exigencias que si se aplicaran a Brasil –por ejemplo- también llevarían a suspender transitoriamente la inclusión de ese gigante en el MERCOSUR.

El macrismo buscó afanosamente el tan esperado acuerdo con la Unión Europea (UE), sin tener en cuenta la crisis estructural que afecta a la Europa comunitaria, dondel el Brexitinglés es la expresión más contundente del rechazo a los organismos de Bruselas y a sus políticas de ajuste y liberalización económica. Cabe preguntarse, en estas condiciones, qué gobierno de la UE podría aceptar hacer concesiones a la Argentina para facilitar la entrada de granos o carne en condiciones más ventajosas que las actuales, enajenando el voto campesino, que es uno de los bastiones de las fuerzas conservadoras que monopolizan el poder en el Viejo Continente.

Parodiando la conocida canción de Carlos Puebla sobre el arribo de la revolución cubana, podemos agregar Y en eso llegó Trump. Si algo faltaba era el triunfo del multimillonario neoyorquino en las elecciones estadounidenses. Para hacer América tan grande como lo fue en el pasado no tan lejano, el nuevo presidente de la nación más poderosa de la tierra ha puesto en la mira –entre otras cosas-- a los tratados de libre comercio, incluyendo al NAFTA aún vigente, con la intención de poner fin también a los intentos para conformar la Asociación Transpacífico (TTP por sus siglas en inglés) que agrupa inicialmente a doce países de la cuenca del Pacífico. Entre los gigantes involucrados en esa iniciativa estaban los EE.UU., China y Japón, que iban sumando los viejos aliados norteamericanos en Extremo Oriente y a los recién llegados como Vietnam o Singapur. La llegada de Trump aniquiló la iniciativa antes de que tuviera nacimiento formal. Japón se desvinculó de inmediato porque sin los EE.UU. no le ve sentido al TTP.

Algo similar está sucediendo con la Asociación de Comercio e Inversiones Transatlántica (TTIP según la versión inglesa) que se esperaba anudar entre los Estados Unidos y la Unión Europea, en la que sería la zona de libre comercio más grande de la historia. Dado que EE.UU. y la UE contribuyen con la mitad del PBI mundial, la creación de semejante megaestructura hubiera generado condiciones muy difíciles para los países que quedaran afuera de las dos grandes asociaciones. El comercio internacional tendría reglas imposibles de aceptar para buena parte de las naciones en vías de desarrollo.

Lo que viene a plantear Donald Trump es una petición de previo y especial pronunciamiento. ¿Cuál es la ventaja que llevaría a los EE.UU. a ceder otra porción de su propio mercado interno, ya bastante golpeado por la competencia China y de otros países de mano de obra barata, sin contrapartidas claras y explícitas de ingreso a otros mercados para la industria, el agro y los servicios americanos? La condición de economía de mercado de la República Popular China, aún debe ser reconocida por la OMC y la disputa con los EE.UU. también se dará en ese escenario. El tiempo dirá como se resuelve.

La última reunión en Lima, Perú, del 19 al 20 de noviembre último, de la Asociación Asia Pacífico para la Cooperación Económica (APEC) fue ilustrativa respecto del libre comercio. China fue el campeón de la liberalización, coherente con su posición de potencia en ascenso que se ha beneficiado con la apertura de los mercados. Los talibanes neoliberales, como el recientemente elegido presidente del Perú, Pedro Pablo Kuckynski, un hombre del FMI y las finanzas internacionales, criticó duramente a los EE.UU.mientras el presidente Barack Obama, miraba para otro lado como esperando que Donald Trump apareciera mágicamente en escena para explicar el cambio de rumbo que se aplicará desde enero próximo cuando asuma el nuevo jefe de la Casa Blanca.

Al gobierno de Macri se le quemaron los papeles. La globalización tiene problemas, porque no contempla intereses básicos de la Argentina, como es el acceso a los mercados con productos de mayor valor agregado, y los cantos de sirena del libre comercio están bajo sospecha. Alianza del Pacífico por ahora no, acuerdo con la UE tampoco, nuevos espacios mundiales a la espera de definiciones en los que Argentina no participa. Queda el MERCOSUR, como siempre, aunque más no fuera por la fuerza gravitacional que la Argentina y Brasil tienen en la región, pero herido por el manoseo ideológico que termina comprometiendo la precaria institucionalidad de ese limitado mercado común. Ahora resulta que los pragmáticos, los que no se atan a ideologías y sólo reconocen los resultados, terminan siendo prisioneros de su dogma y de los malos diagnósticos que los indujeron a actuar con ligereza.

Muy a su pesar, la cancillería argentina ha vuelto a poner la mirada en el MERCOSUR. A las apuradas, volviendo sobre sus pasos, sin saber cómo “desfacer los entuertos” que contribuyó a generar, mientras que el esperado aporte de las exportaciones poco cuenta para inducir el crecimiento económico.

Las elecciones de 2017 inducen a abrir la billetera para paliar la recesión, pero las divisas genuinas, las que “valen” y que provienen del comercio exterior, enflaquecen y comprometen cualquier estrategia de desarrollo, porque el eventual crecimiento empuja las importaciones de bienes de capital e intermedios, de tecnología y de servicios sofisticados. Si el balance comercial no alcanza para cubrir esas imprescindibles importaciones, el endeudamiento no será tampoco la solución.

(*) Periodista. Colaborador de Motor Económico.

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