La cruda realidad

Por Clara Razu

En La Matanza profunda y combativa los docentes y los alumnos luchan por sostener la dignidad de la educación

  • “A los desharrapados del mundo y a los que, descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan”.*

(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico)Es un miércoles de julio, lluvioso, desapacible. Anochece en San Justo en el Partido de La Matanza.

En el Instituto de Formación Docente Nro. 88, Paulo Freire, un grupo de alumnos, docentes y directivos, se reúnen para charlar con Motor Económico.

El Instituto funciona a “contraturno” en una escuela primaria que, como la mayor parte de los Institutos de Formación Docente de la Provincia de Buenos Aires, carece de edificio propio. La charla transcurre en una escuela pública a la “vieja usanza” con “patio grande”.

Los temas van del desempleo a la pérdida de derechos por la violencia de una política económica que no llega a destruir sueños, los mismos que acercan estrategias renovadas para mantenerlos. Estudiantes del Profesorado de Educación Inicial, Primaria, Lengua y Literatura, Inglés.

Tecnicaturas en Gestión Cultural y Administración de Documentos y Archivos, se forman allí y comparten con sus docentes la pasión por aprender, por enseñar, por educar, educación para la liberación, como proponía el pedagogo brasileño Paulo Freire.

En un aula de la planta alta de la escuela están Marga, docente del Instituto que vive en La Tablada; Mabel, que es docente de educación primaria que estudia en el profesorado de lengua y literatura, que vive y trabaja en el Barrio Dorrego; Mirta que es docente y vive en Villa Sarmiento, en el Partido de Morón, limitando con Ramos Mejía; Diego que vive en San Alberto y hace el CBC para Psicología y estudia Profesorado de Ingles; Bárbara que estudia Profesorado de Lengua y Literatura y vive en San Justo, Tamara estudia Tecnicatura en Gestión en Cultural vive y trabaja en San Justo, aunque aclara que creció en el Barrio 2 de abril de Madero; Florencia que está en el último año de la carrera del Profesorado de Literatura es actualmente desempleada y vive con su familia en Rafael Castillo; Liliana, “profe” de lengua y literatura, de La Matanza; Marcela que es docente y es matancera por adopción, ya que hace dos años que se mudó al Partido, desde Morón; Nazareno que es profe del Instituto y oriundo de Rafael Castillo, La Matanza; Andrea que vive en Ramos Mejía, y es alumna del Profesorado de Lengua y Literatura, Jessica que vive Ramos Mejía y está en cuarto año del profesorado de Lengua y Literatura; y Laura que vive y trabaja en Laferrere mientras estudia la carrera de docente de Lengua y Literatura.

La charla es abierta, y Mabel, que es maestra en una escuela primaria del Barrio Dorrego, comienza contando lo que sucedió la semana pasada en la escuela donde trabaja, en el marco del acto del Día de la Independencia, “organizamos un taller con padres y alumnos de la escuela”. La conclusión del taller fue que antes la celebración por el día de la Independencia era una fiesta conjunta, “y cuando uno se junta con otros, pueden pensar todos juntos, y hoy eso no sucede porque estamos tristes. Este gobierno nos quiere a los pobres en casa, solos…” La situación económica golpea fuerte. Marcela, docente y directora de la institución comenta que pesar de todo, la situación le inyecta adrenalina todos los días y salen a enfrentarla. Alguno/a se bajonea por momentos, pero, por otro lado, siempre se encuentra a otro/a que lo/a levanta “Este es un gobierno democrático, pero esto de tratar de evitar que te juntes con el otro, de que mantengas el silencio, son métodos de la dictadura. Los que están hoy desaparecidos luchaban por un modelo más justo, la aplicación de la desaparición fue acompañada por un plan económico que destruyó el empleo y sumió a la sociedad en la pobreza. Hoy utilizan otras herramientas, pero atacan, en Educación Superior, que es lo conozco, es cotidiano”.”. Mirta, interviene, “a veces tengo la sensación del 2001, donde la angustia crecía”. ¿Viste que cuando De La Rua declaró el Estado de Sitio, todo el pueblo se rebeló, salió a la calle? –se preguntó, no se puede avanzar tanto sobre los derechos de las personas. Hoy creo que hay un colchón, que viene de la gestión anterior, que por eso la reacción todavía no llego a la clase media. Pero cada vez, avanzan más, Atucha, Pepsico, todos los días cierra una empresa”. –reflexionó la docente.

Avanzan sobre la paciencia de la sociedad. En el caso de los Planes Progresar dan de baja a los sujetos de derecho, sin motivo, por “error”, y los obligan a hacer infinitos trámites con el objeto de cansarlos, y que abandonen su reclamo.

Marcela, nos comenta que en el Instituto tuvieron 150 Progresar dados de baja. Que cuando los alumnos reclaman ante ANSES, les dicen que es la institución la que no envió la información, lo que no es cierto, de todas maneras, “nosotros iniciamos el reclamo, ya tenemos 30 iniciados, que ya estaban certificados” –comenta. Y agrega, “el plan que reemplazaría a las Becas Estímulo Económico del Instituto Nacional de Formación Docente (INFD), que se cayó, es el de Becas Compromiso Docente, que tiene más requisitos y menos cupo. Antes la evaluación de las Becas Estimulo se hacían en el Instituto Nacional de Formación Docente, en el Ministerio de Educación, hoy los requisitos son más meritocraticos y la pelota cae en las instituciones, incluyen una entrevista de evaluación de las “capacidades docentes” así como de la “situación de necesidad”.

Ningún directivo de la zona, estuvo dispuesto a hacer este tipo de evaluación y se consideró necesario para todos los casos. Antes la Provincia de Buenos Aires disponía de 800 becas de Estímulos Económicos, ahora hay 800 becas Compromiso Docente para compartir entre las 24 provincias. “Estamos en julio, y no hay novedades con respecto a esta Beca” –cuentan las docentes.

A esto hay que agregar los cambios en la metodología de inscripción en los Institutos de Formación Docente. Se implementó a partir de este año, la modalidad online, pero no se informó correctamente. Los alumnos debían inscribirse vía internet, en una página, que estaba caída la mayor parte del tiempo, sumado al hecho que muchos de ellos no tienen computadora. Las recibidas gracias al Plan Conectar Igualdad, por falta de mantenimiento del sistema, están bloqueadas, y muchas escuelas no tienen conexión a internet. En algunos casos iban a locutorios, pero las dificultades generaban un gasto que no todos podían enfrentar, de manera tal que los alumnos volvían a las Instituciones pidiendo ayuda. En las mismas, los docentes, no docentes y alumnos colaboraron para concretar las inscripciones, y de hecho en la Sede del “88”, fueron los alumnos del Centro de Estudiantes del ISFD 82, que funciona en Isidro Casanova para poder concretar todas las inscripciones online.

“Aun así, las autoridades de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires presentan esto como un éxito” –expresan.

Todas las dificultades se tratan de superar a partir de la organización y de la construcción de estrategias de estudiantes, docentes y directivos.

Florencia que cursa el último año de la carrera de lengua y literatura, nos cuenta que hasta el año pasado trabajaba con sus tíos, pero, ya no lo hace, porque no le pueden pagar, y no consiguió otro trabajo. Ella compartió su situación con sus compañeras, diciendo que seguramente habría más casos como el suyo, entonces propone organizar distintos eventos que le permitan tanto a ella como a otros estudiantes seguir con sus carreras. Es así como organizan la “feria del plato”, y también ventas de libros.

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“Esta tarea, nos demanda tiempo, hay que salir a buscar precios, cocinar lo que vamos a vender”, acotan Jessica, Tamara, Laura, Bárbara y Andrea. Los libros que se vendieron los donaron los profesores de la carrera, de otras carreras y algunos de nuestros compañeros. El dinero recaudado sirve para comprar los libros que necesitamos, además de cargar la SUBE y también para “permitirnos tener acceso a otros bienes como el teatro y salidas culturales”, porque también esto es muy importante interviene Liliana, profesora del Instituto. “Conseguimos una imprenta que nos los imprime los libros, que es más barato, y así accedemos a un bien cultural al que tenemos derecho y se trata de sostener la dignidad”. Todos tenemos derecho a disfrutar de los bienes culturales. No sólo necesitamos comer y viajar. La dignidad de la cultura y el ánimo” –reflexiona. Marcela acota que antes todo eso lo podían hacer a través del Plan Mejoras, y los alumnos no debían preocuparse por estos temas. Esto es una muestra más de cómo nos “desorganizan la vida cotidiana”.

Continúa Liliana: “la organización es importante, pero naturalizar que a través de ella nosotros podemos resolver todos los problemas, es restarle al Estado la responsabilidad que tiene en la provisión de estos bienes para que todos tengamos la igualdad de oportunidades de acceso a los mismos”.

Mientras conversamos, una de las chicas, saca de su mochila un ejemplar de “Adán Buenos Aires”, de Leopoldo Marechal, recientemente adquirido, luego de largas búsquedas de precio y calidad. Lo compran, lo van a buscar y los reparten en el aula.

También comentan, que luego de “superadas” las dificultades del ingreso, el problema, surgió en la capacidad de las aulas para alojar a los estudiantes.

“Muchos estudiantes estaban fuera de las aulas y sentados en el piso, para poder por lo menos escuchar una clase”.

Mabel que es docente de primaria y alumna de cuarto año de lengua y literatura, junto con sus compañeras le propuso a la directora comprar con el dinero recaudado por la cooperadora, bancos para mejorar la situación. Esto se concretó luego del recorrido por mayoristas, hipermercado y comercios, para encontrar la mejor “ecuación precio y calidad”. Finalmente, los bancos se compraron, pero para que “todos entren en las aulas”, se sacan los escritorios, y por lo menos, están sentados, aunque no tengan donde apoyar sus materiales.

Claro que no todos los que recién ingresaban comprendían y resistían la situación, venían ilusionados y estos problemas los afectaban, generándose algunos abandonos.

Estas situaciones nos obligan a “redoblar la palabra en el aula”, destaca Marga, una de las docentes, “sino parece que todo se supera por la clase positiva, bueno, ya tenemos los bancos, o los libros; y no es así, esto nos obliga a luchar más por nuestros derechos, por la disminución de la desigualdad”. ¿“Que hacemos? ¿Dividimos la clase? ¿Corremos entre la biblioteca y el aula? ¿Por qué tenemos que hacerlo? Tenemos que poner palabras y aclarar quienes son los responsables de que estemos como estamos, más allá de nuestra capacidad para resolver los problemas”-enfatiza. Tamara alumna del profesorado comenta, “damos por sentado que el otro entiende la realidad como nosotros, que conoce y distingue que tiene derechos y que no son dádivas del Estado, esto no es así y tenemos que trabajarlo cotidianamente”.

“Hoy estuvimos en la Escuela 125 de Dorrego, donde funcionaba un CAI (Centro de Actividades Infantiles), los sábados, con actividades culturales como circo, teatro o pintura. Los mismos dejaron de funcionar porque a los docentes les adeudan más de seis meses de salario, y si bien lo sostenían porque para los pibes era un espacio importante de expresión al que acudían voluntariamente, el hecho de que los docentes lo hicieran gratis, invisibilizaba el problema”- cuentan. Esto pone sobre el tapete el debate, es necesario preservar los espacios, y esto es militancia, pero aparece como “la curita que emparcha un sistema que cada vez nos castiga más”. “Tenemos que reforzar el concepto de derechos, igualdad de oportunidades, igualdad real. Hay que deconstruir el concepto de meritocracia. Hay un sentido común que piensa que el cambio es para mejor, cuando una persona piensa un cambio para su vida, lo hace para mejor, esto es la que tenemos que trabajar, la destrucción del sentido común, reemplazarlo por el sentido crítico”.-subrayan.

Ya es tarde, los colectivos a Laferrere, Castillo y Dorrego escasean, nos despedimos, y sabemos que nos encontraremos hoy y siempre en el camino, en el “enseñaje”, en la construcción colectiva que se refleja en la educación.

“Hoy donde muchos consideran a La Matanza como “un territorio salvaje”, donde muchos de los habitantes de Ramos Mejía se sienten fuera de La Matanza, a nosotros nos gusta decir que somos de La Matanza, profunda y combativa, la que tiene sueños y no se rinde” –finalizan con convicción y contundencia.

  • Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico

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