Golpe de Estado de la Libertadora: La Memoria no perdona olvidos
16 de de septiembre de 1955 se produce el golpe de Estado de la derecha civíco/militar, a meses del bombardeo/masacre a Plaza de Mayo el 16 junio de 1955.
(Por Héctor Sosa (Especial para Motor Económico)) 16 de septiembre de 1955, golpe de Estado de la derecha cívico/militar contra un gobierno institucional (no serían ni el primero, ni el último). Bombas, ocupaciones militares, incendio de todos aquellos lugares o símbolos que tuvieran que ver con el gobierno de Perón.
El golpe y las bombas del 16 de junio del mismo año fueron el preludio de hasta donde puede llegar el odio, los intereses económicos y la acción de gobiernos extranjeros, como lo fueron Estados Unidos e Inglaterra.
Dos símbolos que unieron masacre y plan económico ultraliberal: Pedro Eugenio Arambúru e Isacc Rojas.
Bombas nuevamente
El 16 de septiembre de 1955, fracciones de las Fuerzas Armadas lanzaron una serie de acciones militares en distintos puntos del país con el objetivo de derrocar al gobierno constitucional del presidente Juan Domingo Perón.
El bando golpista se conformó inicialmente con unas pocas unidades del Ejército y la Fuerza Aérea y prácticamente la totalidad de la Marina de Guerra. La operación contó con el apoyo de la mayoría de los partidos políticos de la oposición, así como de la Iglesia, cobijando numerosos comandos civiles que actuaron junto a los militares rebeldes.
Bombas "contra el tirano", llega "la democracia", decían los medios adictos.
Los sucesos acaecidos a partir de aquel 16 de septiembre precipitaron la interrupción del orden constitucional, con un saldo de más de ciento cincuenta víctimas fatales, tras una semana de enfrentamientos armados. Las acciones más cruentas tuvieron lugar en las ciudades de Córdoba, Rosario y las localidades bonaerenses de Ensenada - Río Santiago y Sierra de la Ventana. Se atacó con aviación, marina y ejército.
La ciudad de Córdoba, en tanto epicentro de las fuerzas terrestres golpistas, fue donde más víctimas se registraron. Las agresiones se iniciaron en la madrugada del 16 de septiembre, cuando los cañones de la sublevada Escuela de Artillería, al mando del general Eduardo Lonardi -líder del alzamiento-, abrieron fuego sobre la vecina Escuela de Infantería, hasta entonces leal al gobierno.
**Un golpe anunciado
Como sucedió a los largo de la historia de Argentina, todo golpe de Estado siempre fue previamente elaborado y llevado a la práctica con la participación de civiles y militares. No fue la excepción el del 16 de septiembre. En ese sentido, ya había desde los inicios del gobierno peronista, una determinación clara de la embajada de los Estados Unidos: derrocar al gobierno institucional. El bombardeo a Plaza de Mayo, fue una masacre contra civiles, y de una violencia inusitada para la época.
Luego vendrían otras, con los mismos protagonistas, las mismas ideas económicas y el mismo odio.
16 de junio de 1955 y 16 de septiembre de 1955, marcaron con sangre las manos de civiles y militares que atacaron a la población, sin miramentos, con acumulación de rencores y odios de clase.
Ambos hechos darían paso a la "revolución libertadora", vaya nombre, para manchar una palabra tan bella como: Libertad.
Las bombas de junio, las bombas de septiembre. Según palabras de Mario Amadeo, dirigente nacionalista católico y uno de los organizadores de la rebelión de septiembre, "la revolución de septiembre de 1955 no fue solamente un movimiento en que un partido derrotó a su rival o en que una fracción de las Fuerzas Armadas venció a la contraria, sino que fue una revolución en que una clase social impuso su criterio sobre otra". Más claro imposible
Las bombas de "la libertad" en junio, las bombas de "La Republica",en septiembre.
Bombas, siempre bombas. Odio, siempre odio. Esa combinación se vivió durante gran parte de 1955.
Sin embargo, los hechos de junio serían el eje del golpe en gestación, de la violencia de clase. 16 de junio de 1955: El día que la sangre manchó la historia, el día que se bombardeó Plaza de Mayo para derrocar a un gobierno electo, el día que llovían palomas negras desde el cielo: eran bombas, bombas de verdad, bombas que mataron. Bombas que golpearon. Bombas censuradas. Bombas con pólvora y artillería aérea de 20 mm. Bombas de brechas que siempre estuvieron en la historia de Argentina.
Ése jueves se produciría uno de los crímenes más blindados mediáticamente por la derecha argentina. Antes y ahora.
Bombas directas a cuerpos humanos de chicos que salían de las escuelas, trabajadores y trabajadoras.Gente que paseaba por Plaza de Mayo. Bombas y más bombas.
Bombas en la sede de la CGT, y más bombas en la residencia presidencial. Bombas que hicieron arder cuerpos hasta la muerte de más de 400 argentinos y argentinas.
Bombas que quemaron pieles y dejaron 2.000 heridos.
Bombas que aplaudieron la Sociedad Rural, la iglesia, la bolsa de comercio y el gobierno de los Estados Unidos.
"Que se vaya la dictadura, la corrupción, que vuelva la democracia y la libertad", decían ya los diarios La Nación y La Prensa.

Bombas que posibilitaron el golpe y la llegada al poder de equipos económicos de derecha, liberales, que cerraron los sindicatos, decretaron el estado de sitio, abrieron las importaciones, desmantelaron la industria nacional, aplicaron a rajatabla las leyes "diosas" del libre mercado.
Bombas que clausuraron medios y censuraron a artistas y periodistas afines al gobierno anterior, del presidente Perón.
Bombas con responsables directos de planificarlas: Pedro Eugenio Arambúru e Isacc Rojas. Bombas que permitirían "sumarnos al mundo libre" (Clarín 18 de junio 1955).
Bombas en junio, bombas y tanques en septiembre. Y más muertos civiles. Trabajadores, militantes, gente de los barrios que salía a defender al gobierno constitucional. Bombas, donde los aviones atacantes llevaban pintadas en sus colas una “V” y una cruz, que señalaban “Cristo Vence”.
Bombas que cayeron a pocos metros de la Pirámide de May, sobre la Casa Rosada: 29 , de entre 50 y 100 kilos cada una. Una destrozó trolebús repleto de pasajeros, así se gestaba "La libertadora".(16 de junio de 1955).
Bombas planificadas desde el Ministerio de Marina, cuartel general de los golpistas, donde el vicealmirante de infantería Benjamín Gargiulo decidió pegarse un tiro, mientras que otro de los conspiradores, el almirante Aníbal Olivieri, observaba por las ventanas cómo avanzaban sobre el edificio columnas de trabajadores enardecidos.
Bombas, también arrojadas y alentadas por civiles. Entre los autores intelectuales, había varios: el socialdemócrata Américo Ghioldi, el radical unionista Miguel Ángel Zavala Ortiz, el conservador Oscar Vichi y los nacionalistas católicos Mario Amadeo y Luis María de Pablo Pardo.
Bombas y golpistas, que también tuvieron en sus filas a los tenientes Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, luego desaparecedores de 30.000 personas, tras el golpe de 1976.
Bombas el 16 y 17 de septiembre en La Plata, Córdoba, Berisso. Bombas en escuelas y refinerías de petróleo.
Bombas, que permitieron a los pocos meses llenar de economistas ultraliberales el gobierno dictatorial.
En la estratégica jefatura del Estado Mayor, el general Pedro Eugenio Aramburu impuso al ingeniero, Álvaro Alsogaray y a Augusto Bunge, quienes tuvieron la tarea de instalar un modelo económico a medida de las minorías .Necesitaban un consejero, alguien de prestigio y recurrieron a Raúl Prebisch, por entonces presidente de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina). Los antecedentes de Prebisch no eran precisamente los mejores. Fue miembro de la delegación que en 1933 firmó el Pacto Roca-Runciman una rendición incondicional a todas las exigencias económicas que impuso Inglaterra. El mismo Julio Roca (hijo), sinceró la situación al decir “Se puede afirmar que Argentina es ahora parte económica integral del Imperio Británico”. Prebisch puso en marcha su famoso plan cuyos objetivos eran: impulsar al sector agropecuario en detrimento de la industria, siguiendo el ordenamiento internacional de la economía establecido por las grandes potencias; reducir la ayuda crediticia para la industria, especialmente las PyME; cierre del Banco de Crédito Industrial;devaluación del peso y liberación de los precios,congelación de los salarios; ingreso al Fondo Monetario Internacional.
Estas políticas económicas y sociales impactaron en forma directa y negativa sobre la clase trabajadora, produciendo deterioro en su calidad de vida, inestabilidad laboral y pérdida de las conquistas sociales adquiridas a partir de 1945. Entre los integrantes del equipo de Prebisch, emergió a la luz un personaje que resultaría nefasto para la economía del país durante la dictadura de Onganía: Adalbert Krieger Vasena.
¿Algún parecido con el devenir histórico de otras dictaduras? ¿Semejanzas con el gobierno actual? ¿Algún punto en común en las políticas económicas?
La historia seguirá su curso. Y hablará. Contada según el lado que cada uno opte estar. A sabiendas que La memoria no perdona los olvidos.
- Editor de Motor de Económico y La Nave de la Comunicación, Docente en manipulación informativa.
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