La cruda realidad

Por Ariel Aguilar

La Ñata contra el vidrio

(Por Ariel Aguilar (Especial para Motor Económico) Los 90 han vuelto con toda su furia. No solo en algunos aspectos económicos sino también, y sobre todo, en términos culturales. Una prueba de ello es lo que sucede con el “Futbol para Todos” cuya nueva definición debería ser “Futbol para Pocos”. Y en esa definición esta la nueva construcción de sentido común que determina que el estado solo existe para redistribuir los negocios entre los actores privados. Según esta mirada, la medicina, la educación, el trabajo, la cultura y por supuesto el futbol, entendido como parte de la cultura popular, son una mercancía a la que solo pueden acceder los que pueden pagarla, nunca como parte de los derechos colectivos. Desde esta concepción toman relevancia los derechos a la propiedad privada, a la libre circulación, a la libertad de empresa, al libre mercado sin ningún tipo de intervención estatal. No deja de haber derechos, se los reemplaza por otros acordes al modelo neoliberal y lo que cambia fundamentalmente son los sujetos que los mismos alcanzan. En esta etapa solo las minorías, las que históricamente han sido dueñas de todo en nuestra Patria, serán nuevamente las beneficiadas. Pero además estas minorías vienen con sed de revancha de clase, porque consideran que en los últimos doce años las mayorías avanzaron en derechos sociales, económicos y culturales de una manera intolerable para quienes siempre han establecido las reglas de juego en nuestro País.

Lo que sucede con el futbol es una clara muestra del actual estado de situación, porque el Gobierno, además de entregarle un fenomenal negocio a los privados, viene a poner las cosas en su lugar en términos de derechos. Desde esta visión de la vida no todos pueden tener derecho a ver el futbol. El que quiere ver un partido tiene que pagar porque de otra manera se igualan las mayorías y las minorías. Visto desde la óptica de esta clase, no todos pueden pertenecer, porque si todos pertenecen no hay privilegios, y si no hay privilegios las clases dominantes pierden la esencia de su construcción.

Hablar de los 90 nos lleva inmediatamente a un país de apertura indiscriminada de importaciones, de cierre de fábricas, de pérdida de miles de puestos de trabajo, de valorización de un modelo financiero sobre uno productivo, entre muchas otras cosas que nos dejó el modelo neoliberal. Pero si hay una imagen para pensar en esos años es lo que sucedía con el futbol donde, desde la construcción de un nuevo modelo cultural, era natural que la gente para ver un partido tuviera que juntarse en la casa de algún amigo “privilegiado” que tuviera la suerte de tener un trabajo y poder pagar el cable, ya que la gran mayoría no podía. Otros tal vez se juntaban en un bar, y con un café o una cerveza resistían los 90 minutos ante la mirada enojada del dueño del bar, que justamente pagaba el paquete del cable con el futbol para atraer clientes que pudieran consumir algo más que un café. Quizás más triste era la imagen de los que miraban el partido desde fuera del bar porque no alcanzaba para la consumición.

El gobierno lleva adelante un proyecto político que arrasa todos los días con los derechos conquistados para las mayorías durante los últimos 12 años. Que siga avanzando dependerá del grado de resistencia que decida oponer nuestro pueblo. Será nuestra sociedad la que decida si quiere ver por mucho tiempo un gol de su ídolo con la ñata contra el vidrio de un bar o una casa de electrodomésticos, o si quiere volver a abrazarse en familia como lo hacía durante todos los domingos de los últimos años cada vez que su equipo hacía un gol.

  • Dirigente Cgera y Agrupación Gelbard

···