Por Clara Razu
La destrucción del empleo, etapa superior de la crisis
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico) Los resultados del primer trimestre de 2018 correspondientes al mercado de trabajo, informados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) muestran que la tasa de actividad, que es el porcentaje de población económicamente activa sobre la población total, es del 46,7 por ciento. La tasa de empleo, que resulta de la participación de los ocupados sobre la población total, es del 42,4 por ciento y la tasa de desocupación, desocupados sobre población económicamente activa, alcanza el 9,1 por ciento. Estos resultados representan un aumento significativo en la tasa de desocupación con relación al trimestre anterior, y, sobre todo, una etapa de destrucción del empleo.
El sector industrial, el más dinámico dentro de la estructura económica, registra 70 mil puestos menos de trabajo, y en perspectiva, se espera un futuro peor en función de la recesión que afecta al mercado interno, resultado de ese aumento del desempleo, salarios actualizados por debajo de la inflación y un amplio porcentaje de trabajadores que aún no tuvieron paritaria.
Tampoco es esperable una mejora en el empleo producto de las exportaciones, ya que por su carácter primario no son generadoras de trabajo.
Un elemento interesante es el aparente “mayor dinamismo en la tasa de actividad de las mujeres”, con un mayor incremento en el “grupo de 14 a 29 años”. Esto no resulta un hecho positivo, ya que se trata del ingreso al mercado laboral de un sector muy joven, que no concluyeron su formación y que, en la mayor parte de los casos lo hacen en condiciones de informalidad y con bajos salarios.
En cuanto al empleo, se observa que aproximadamente el 71 por ciento de los desocupados son hombres y mujeres de 30 a 64 años. Por su parte, el 50,6 por ciento de las personas empleadas son ocupados plenos, 40 horas semanales, el 10,8 por ciento son subocupados menos de 40 horas semanales y el 29,4 por ciento de los ocupados trabaja más de 45 h a la semana o sea sobreocupados.
Un 40,2 por ciento de la población se encuentra en la búsqueda de algún ingreso adicional o sometida a la alienación del multiempleo para sostener sus consumos básicos.
Estos datos, sumados a los de la inflación, sitúan a la economía en un marco de incertidumbre. Estas son algunas de las consecuencias de la política económica de la Alianza Cambiemos. No es herencia recibida, y menos aún será revertida con el ajuste fiscal y la reforma laboral. La única manera de revertir una fase de recesión y depresión de un ciclo económico es a través de políticas anticíclicas, o sea, dando impulso al mercado interno a través de actualizaciones salariales no inferiores a la inflación, actualización de jubilaciones, pensiones y otras transferencias como asignaciones universales o planes como Argentina Futuro (ex “Argentina Trabaja”) y Ellas Futuro (ex “Ellas Hacen”), entre otras. Es decir, financiar ese aumento del gasto con emisión monetaria, ya que, de acuerdo a la teoría económica, al existir capacidad ociosa, o sea menor producción de la potencial, no sería inflacionario, y contribuiría a aumentar la recaudación impositiva.
Ninguna de las medidas propuestas está en la cabeza del actual gobierno que ve la economía a través de las anteojeras ideológicas del neoliberalismo, desconociendo la realidad cada vez más dura de los y las habitantes de este país. Realidad que sumerge a la población en la inseguridad cotidiana, la inseguridad de poner un plato de comida en su mesa.
- Lic. en Economía. Docente universitaria. Colaboradora de Motor Económico
···