Por Clara Razu
La insoportable levedad de la clase media
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico) “Cuando hablo de pobreza me refiero a esto y cuando cuestiono adonde van los recursos, y cómo se distribuyen a través de políticas de ambiente, hábitat, salud o género, estoy pensando en estas compatriotas en un día como hoy. No pienso en el dólar, ni en las vacaciones, en el alquiler, cambiar el auto o llegar a fin de mes, ni siquiera en el miserable aumento de 5%. Pienso en ellas con sus hijos a la intemperie. Se entiende mi indignación?” Posteaba una querida compañera bajo esta foto.
.jpg)
La foto de la exclusión, la foto que se reproduce en cada comedor, en cada pibe revolviendo la basura, en cada familia durmiendo en la calle.
Para algunos economistas, que además forman parte del núcleo ideológico del gobierno, estas personas no existen, son la consecuencia necesaria de un sistema. Cuando se habla de economía, se habla del mercado, de quienes participan en él, de quienes tienen recursos monetarios para poder comprar bienes y servicios, y son propietarios de factores productivos cuyos servicios se “venden” en el mercado.
Para los “pobres, los excluidos”, queda la política social, como ajena a la política económica, como si la exclusión no fuera consecuencia directa de la desigual distribución del ingreso, del desempleo, hasta de la eximición de impuestos a los capitales más concentrados… “La distribución del ingreso es un gran verso populista”, publica un matutino que dice ser “tribuna de doctrina”. Claramente las políticas redistributivas que descansan en aumentar los impuestos a los que tienen más altos ingresos, y destinarlos a las políticas para los sectores de menores ingresos, no están en su marco ideológico, el argumento es que la riqueza y los ingresos son conceptos dinámicos y no estáticos, y por lo tanto, la dinámica implicaría que esta “torta crezca” para redistribuir.
Sin embargo el crecimiento económico no garantiza redistribución progresiva hacia los sectores de menos ingresos y menos aún disminución de la pobreza. De hecho durante los 90, en los primeros años de la convertibilidad, la economía creció, pero lo hizo de manera concentrada, empeorando la distribución del ingreso. Finalmente la convertibilidad termina en el 2001 con casi 48 por ciento de la población en situación de pobreza. Hacia 1975 la diferencia de ingresos entre el 10 por ciento más rico de la población y el 10 por ciento más pobre, era de 8 veces, en 2002 era 35 veces. ¿Acaso en ese lapso, la economía no creció? ¿La torta no se agrandó? Claro que el mercado en su versión libre no redistribuye, es la política económica a partir de los impuestos y transferencias la que lo hace.
Ante la evidencia del no cumplimiento de la promesa electoral de “pobreza cero”, y “no vamos a tocar lo que está bien y vamos a mejorar lo que está mal”, a casi un año y medio de gobierno de la Alianza Cambiemos se puede observar un endeudamiento voraz, que será un límite ante futuras posibles políticas de carácter redistributivo, una feroz desindustrialización de la mano de un aumento de importaciones, que lejos de generar una disminución de precios, aumentó la rentabilidad de los sectores importadores frente a la pérdida de producción, valor agregado y empleo. Aún así una clase media pasiva y desilusionada mira la foto como ajena, y comenta “esto no es de un año”, “¿qué pasó en la década ganada?”.
En principio, en los doce años del kirchnerismo, la redistribución del ingreso mejoró (cosas del verso populista) la calidad de vida de los sectores de menos ingresos a partir de la inclusión jubilatoria, asignación universal por hijo, Argentina Trabaja y Ellas Hacen. Estos programas fueron duramente criticados por esa clase media que no quería “que se le regale plata a los vagos”. Es más sencillo indignarse ante la pobreza, que hacer una mirada introspectiva acerca de las políticas que generaron su aumento.
Cuando la “clase media” pedía libertad para comprar dólares, ¿pensaba que esto generaría endeudamiento y sus pagos menos recursos para las políticas públicas? (esas que mi compañera mencionaba).
Cuando defendían a los “pobres campesinos”, ¿consideraban que la eliminación de las retenciones, lejos de beneficiar la producción de alimentos generaría una brutal transferencia de ingresos hacia la producción concentrada de los mismos, y un aumento de costos que se trasladaría a los precios?
Cuando soñaban con dejar de pagar el impuesto a las ganancias cuarta categoría, ¿se imaginaban que era porque iban a quedarse sin empleo?
Quienes no lo pagaban, ¿pensaron que iban a ser “beneficiados” por la reforma PRO? Los jubilados que reclamaban el 82 por ciento móvil ¿tuvieron en mente que “la reparación histórica” no mejoraría sus ingresos en más de $50 mensuales?
Mientras que la información se difunda a través de las empresas concentradas, esas “a las que le importa el país”, y la economía te la expliquen los “que dicen saber”, y trabajan para esas empresas, mucha gente, seguirá sin entender que lo que nos pasa hoy es consecuencia de la política económica de la Alianza Cambiemos.
(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
···