La cruda realidad

Por Clara Razu

La política económica nacional no trajo alegría a La Matanza

(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico (*)) San Justo es la Localidad cabecera (donde se encuentra la Municipalidad, el Poder judicial y el Poder Legislativo) del partido de La Matanza, Provincia de Buenos Aires. En la misma confluyen las distintas líneas de colectivo que unen las localidades de este partido con la Ciudad de Buenos Aires. Lugar de paso obligado de quienes van o vuelven en de sus empleos. Sobre su calle principal Ignacio Arieta, se agolpan numerosos locales comerciales, ropa femenina, masculina, calzados, indumentaria deportiva, PyMes, en su mayoría, varias de origen familiar que se instalaron a medida que creció empleo y por consiguiente el consumo.

Distintas definiciones acerca de qué es una PYME.

La Fundación Observatorio PyME, creada entre otros por la Unión Industrial Argentina (UIA), considera en este grupo a las empresas de entre 10 y 200 empleados y señala que generan el 51% de los empleos, algo similar a lo que ocurre en los países de ingresos altos (57%). En muchos casos también se consideran dentro de este segmento las micropymes, de menor cantidad de empleados, por sus similitudes y para facilitar las comparaciones.

A partir de los datos del último Censo Nacional Económico de 2004, ambas representan el 66% de los empleos y el 99% de los establecimientos. En el partido de La Matanza, según datos del Observatorio Social de la Universidad de La Matanza, el 70% de los ocupados lo está en empresas del sector PyMEs.

San Justo de un hervidero a las vidrieras con liquidaciones

Durante los años del kirchnerismo, de la mano de una política económica favorable al mercado interno, la localidad de San Justo era un hervidero de personas, que sobre todo al volver de sus trabajos, pasaban a comprar algunos alimentos o algo para estrenar el fin de semana. Los sábados por la mañana, aquellos que no podían ir durante los días hábiles, recorrían las calles con sus manos llenas de bolsas de las compras que habían hecho. Un transcurrir poblado de voces y música popular, ruidoso. Cuando llegaba febrero, las familias recorrían los locales intentando reponer las mochilas y la indumentaria de los chicos que empezaban las clases. Las caras resignadas de los niños con las aliviadas de sus padres constituían el paisaje habitual. En la “casa de los uniformes”, donde se venden los uniformes oficiales de la mayoría de las escuelas privadas del partido, frente a la plaza, la cola se extendía hacia la vereda y se entregaban números para que todos pudieran entrar. Mientras en la fila, los reencuentros con compañeros de clase hacían la espera menos aburrida.

Febrero 2017, atrás quedaron esos días. El centro del Partido de La Matanza luce desierto bajo el sol de verano, solo abundan quienes esperan los colectivos, o caminan rápido a sus obligaciones. Las vidrieras relucen con la “liquidación” de temporada o con el adelanto del calendario escolar. Nadie se tienta a pararse frente a una vidriera y se ve a las vendedoras paradas frente a los percheros. Así transcurren las jornadas mientras crece la preocupación.

La compra de la “mochila” esperara, lo mismo que los guardapolvos y uniformes, “veremos cómo reciclamos lo que quedo del año pasado”, es el comentario de una mujer frente a una vidriera. Los aumentos de las tarifas de luz y gas frenados por las cautelares presentadas desde el Municipio de La Matanza durante 2016, se harán efectivos en 2017. Esto genera un aumento en el costo de producción de las empresas y también un menor poder adquisitivo en las familias. La cuerda se tensa, los mayores costos se trasladan a los precios en un contexto de menores ventas.

A la semana que transcurrió llena de tantas buenas noticias se le sumó una medida para “transparentar precios” que elimina el subsidio del “Ahora 12”, un programa que favoreció el consumo de los sectores de menores ingresos a través de cuotas sin interés, que estaban subsidiadas por el estado nacional. Ahora, el estado nacional se retira, dejando el negocio de las cuotas para las emisoras de tarjetas y los bancos. A la par, vencen contratos de alquiler y muchos locales no pueden renovar.

El panorama no es bueno, aumentan también las prepagas de salud, y los colegios privados, el bolsillo de la clase media adelgaza y cambian las pautas de consumo. Los sectores más vulnerables, con empleos de menor calificación, en muchos casos informales, se ven aún más perjudicados. La caída de las ventas dentro del Partido ya llega al 50%, no se salvan ni los panaderos, un alimento básico, cuya demanda ya no parece ser inelástica (cuando la cantidad demandada disminuye poco ante los aumentos de precio). Los aumentos del costo de producción insumos y tarifas empujan al despido de personal.

En un contexto de recesión es más difícil obtener empleo y eso se lee en la tristeza y ansiedad de los ojos de los matanceros, para los que no llegó la revolución de la alegría.

  • Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico

···