La cruda realidad

Por Clara Razu

La regresividad al palo

(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico) Esta semana, una docente, compañera y vecina de la localidad de Villa Luzuriaga, Partido de La Matanza reflexionaba con tristeza sobre la reforma previsional y su efecto sobre los haberes de los jubilados y perceptores de asignaciones sociales. Remarcaba con desazón que ese recorte también se trasladaría más temprano que tarde a las “jubilaciones de privilegio”, que considera dentro de las mismas a los llamados regímenes especiales de los que gozan docentes, investigadores y otros trabajadores, a los que le descuentan un aporte diferencial durante su periodo activo, y que de ninguna manera constituyen “privilegios”, sino derechos. En su reflexión, compartida en las redes sociales, destacaba que gran parte de los votantes de este gobierno que hoy propone este ajuste son quienes padecerán con mayor fuerza estas medidas. Sin embargo, pedía a sus amigos, con capacidad pedagógica, que no se enojen, y que intenten reflexionar y explicar esta situación.

Tomando el guante de semejante desafío, en esta nota se intentarán algunas respuestas y sobre todo se abrirán más preguntas.

El ANSES se financia con los aportes de la seguridad social de trabajadores y empleadores y con un porcentaje de la recaudación impositiva de la Nación “rentas generales”, donde entran impuestos indirectos, como el IVA y los impuestos internos, así como los impuestos directos como ganancias y bienes personales.

En la medida en que se alteran los tipos impositivos (reforma tributaria mediante) y los aportes patronales se reducen (reforma laboral mediante), la recaudación a distribuir disminuye. ¿Por qué sucede esto? Porque cuando disminuyen las tasas o tipos impositivos, no necesariamente la diferencia resultante es utilizada por el empresario para reinversión, menos en un contexto de caída de la actividad económica, entendiéndose que la que impacta es la desarrollada en el mercado interno.

Si bien algunos de los indicadores muestran un aumento del consumo, éste se reduce a los sectores de mayores ingresos, que tienen menor propensión al consumo, y a bienes de origen importado, que no tributan en nuestro mercado.

Un economista de origen estadounidense, John F. Due, en el Análisis Económico de los Impuestos, desarrolla este tema y alerta sobre los riesgos de los cambios de tasas impositivas. Además, en el acuerdo con los gobernadores el Gobierno nacional promete la redistribución total del Impuesto a las Ganancias, que actualmente financia en parte al ANSES, de manera tal que el ingreso a este organismo, se reduciría por este concepto.

La reducción de los ingresos al ANSES, sumado a la necesidad del ahorro fiscal impuesto por los organismos multilaterales con el objetivo de cumplir con el pago de los intereses de la acrecentada deuda, llevaría al sistema a la “inviabilidad”, tantas veces mencionada en los discursos de los funcionarios de gobierno.

¿Es el ajuste regresivo el único camino?

Definitivamente no, “nuestro país pierde de recaudar, según datos del 2013, unos 24,7 mil millones de dólares por los grandes evasores que no declaran sus bienes y ganancias al fisco. Una cifra que supera por mucho el recorte que el Gobierno quiere aplicar al sistema previsional, de unos 100 mil millones de pesos por año (U$S563 millones, al cambio actual)”, según se consigna un estudio de la United Nations University World Institute for Development Economic Research, (Instituto para el la Investigación del Desarrollo Económico Mundial, de las Naciones Unidas), o sea si se controla la evasión impositiva a través de las cuentas off shore, ¿no se lograría aumentar lo suficiente la recaudación, para sostener el pago a los titulares de derecho?

Por otro lado, la reforma tributaria propuesta por el gobierno en consonancia con la previsional reduciría el Impuesto a las Ganancias de las empresas, de 35 a 25 por ciento y no impactaría sobre la cuarta categoría constituida por los trabajadores que pagan el impuesto.

De hecho, hoy más trabajadores pagan Impuesto a las Ganancias, y solo pagan menos quienes más salarios cobran.

Una redistribución progresiva, donde paguen más los que tienen más y que los que tienen menos puedan vivir dignamente es obviamente una deuda interna que el Gobierno a dos años de ser electo por el 49 por ciento de los argentinos, y a poco tiempo de reafirmarse en elecciones de medio término, no ha cumplido. Insiste con profundizar una grieta en una redistribución regresiva, pobres versus pobres.

Un cambio que no fue el votado por muchos que hoy ven con tristeza como se evaporan sus sueños de “si se puede” vivir mejor, detrás de los globos amarillos que se pierden en un horizonte incierto.

  • Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico

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