Por Clara Razu
La teoría económica tradicional y la reducción de la frontera productiva. Una historia repetida
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico) La teoría económica tradicional ortodoxa explica la existencia de una Frontera de Posibilidades de Producción, FPP. Es decir, como una sociedad puede producir una cantidad máxima de bienes a partir de la utilización de los recursos disponibles y los conocimientos tecnológicos dados.
Bajo el supuesto de la “escasez de recursos”, un país deberá elegir si producir “mantequilla o armamento”, ya que cada vez que produzca más armamento deberá reducir la producción de mantequilla, o viceversa.
Esta situación solo podrá ser superada, si las mejoras tecnológicas generan la posibilidad de producir más, aunque sea de uno de los bienes, sin reducir la del otro. En el famoso ejemplo de Samuelson (manual de economía con el que se estudia en la mayor parte de las universidades), producir más armamento sin reducir la producción de mantequilla.
Para los clásicos, neoclásicos, liberales, marginalistas o neoliberales, el “progreso tecnológico” genera un desplazamiento de la frontera a la derecha. Y toda reducción, o sea disminución de la producción por destrucción de los recursos productivos, un desplazamiento a la izquierda.
La pregunta es ¿cuáles son los motivos por los que la frontera se corre a la izquierda? ¿Cómo se destruyen recursos productivos?
La primera respuesta es por “un fenómeno natural, inundación, terremoto, tsunami.”
La segunda respuesta es “una guerra, un bombardeo”.
Una respuesta no escuchada hasta ahora, cada vez que se lanza esta pregunta en una clase, es por “una política económica”.
Una política económica que se apoya en la apertura de la economía, en la eliminación de restricciones a la compra de divisas, y en la valorización financiera como eje de acumulación, genera la destrucción de la producción de bienes y servicios y la pérdida de las capacidades para volver a producirlos en un futuro.
Durante la Dictadura Militar, la aplicación de políticas económicas, idénticas a las actuales, destruyeron la producción de bienes, generando la desaparición de áreas completas de producción, junto con los recursos utilizados por las mismas.
Las capacidades de los trabajadores industriales fueron destruidas junto con el modelo de sustitución de importaciones.
Al retomarse un proceso productivo, la mayor carencia es justamente es la formación de la fuerza de trabajo imprescindible en el proceso de producción.
Los recursos de la producción son para los economistas clásicos, la tierra, el trabajo y el capital. Traducidos al siglo XXI, los recursos naturales, el trabajo y el capital. Los recursos naturales, son, “originarios”, en cambio la fuerza de trabajo y el capital, no lo son.
La fuerza de trabajo se adquiere con formación y capacitación, mientras que el capital es fuerza de trabajo acumulada.
Más que escasos, los recursos productivos están “apropiados por escasos agentes”. De manera tal que la utilización de los mismos en el proceso de producción estará signada por la rentabilidad que de los mismos se obtiene en la elaboración de bienes. O sea, de la tasa de ganancia, y esa tasa de ganancia dependerá del plusvalor obtenido en dicho proceso. Esa plusvalía se extrae de la fuerza de trabajo.
En dos años y medio de gobierno, el resultado económico son 7500 Pymes menos, y la desaparición de sectores productivos enteros, considerados “inviables” por ser “no competitivos”, de acuerdo a lo expresado por el Ministerio de la Producción. Aun la construcción, sector que la actual administración argentina no cesa de destacar, se ve afectado por el recorte anunciado por el Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne que representa 30 mil millones de pesos en la obra pública. Este sector que preveía un importante crecimiento este año a partir de la obra pública y la inversión privada, traccionada por los préstamos hipotecarios, se ve comprometida por la depreciación del peso, el aumento de la tasa de interés y obviamente el impacto inflacionario.
Entre las áreas productivas que corren el riesgo de desaparecer, se encuentra la industria del calzado, junto con ella, los aparadores, armadores y modelistas, capacitados por ejemplo en el Centro de Formación Tecnológica del Calzado (CeFoTeCa), que funcionaba en el predio del INTI.
La formación de mano de obra para la elaboración de calzados tenía su lugar en el CeFoTeCa. Este centro de formación fue fundado por la Cámara de la Industria del Calzado (CIC) en 1989 con el auspicio de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y el apoyo del Centro de Investigación de Tecnologías del Cuero del INTI, hoy INTI-Cueros, con el objetivo de formar mano de obra calificada para la industria del calzado, incorporar diseño e innovación y brindar asesoramiento técnico integral y servicios a los fabricantes a fin de agregar valor a la industria nacional.
Pasado reciente, donde la vuelta a un modelo productivo, necesitaba fuerza de trabajo capacitada. Otro caso es el de Unión Obrera Metalúrgica de La Matanza con su “Escuela Fábrica”, Emilio Tomasin, inaugurada en 2007, y que retoma el concepto, de la formación, capacitación y actualización de la fuerza de trabajo, indispensable en un proceso de desarrollo con inclusión. Con las nuevas medidas económicas, ¿qué pasará con quienes estudian diseño de indumentaria y textil?
Solo ejemplos de algunos de los sectores más golpeados por un modelo de valorización financiera, donde un Ministerio de Producción considera que la reconversión es en importaciones. Un modelo donde el factor productivo más importante, la fuerza de trabajo, es excluida del proceso de producción, y que apunta al desplazamiento a la izquierda de la frontera de posibilidades de producción, donde como diría Samuelson, se van a producir, “menos mantequilla y armamentos”. Esta será parte de la pesada herencia que dejará el gobierno de la Alianza Cambiemos, PRO, Radicales y Coalición Cívica. No olvidar.
- Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico.
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