Por Clara Razu
Lo que la Dictadura nos dejó y Cambiemos resucitó
"Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
por un día distinto
sin apremios ni ayuno
sin temor y sin llanto,
porque vuelvan al nido
nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos..."
Víctor Heredia
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico) El miércoles 24 de marzo de 1976, no fue un día más. El otoño recién comenzaba y ese invierno se anunciaba frío y oscuro.
Un Golpe de Estado, otra vez, como el de 1955, pero lo que nadie imaginaba es que iba a cambiar para siempre la vida en Argentina.
El autoproclamado “Proceso de Reorganización Nacional”, la Dictadura Militar, cambió la base del modelo de acumulación del capital.
La Industrialización Sustitutiva de Importaciones, que guió los pasos de la economía desde 1930, no sin dificultades, fue proclamada muerta y enterrada.
A partir del 2 de abril de 1976, fecha en que el ex ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, anuncia al país las nuevas bases económicas, los trabajadores industriales y las pequeñas y medianas empresas dejarán de formar parte de “la nueva Argentina”.
Con la aplicación de una progresiva liberalización económica, la reimplantación de los incentivos al mercado, la liberación del mercado de cambio, la apertura de la economía local, la racionalización del papel del estado y la privatización de empresas públicas, se sentaban las bases de un modelo de “Valorización Financiera”.
En 1977, la reforma financiera, le daría al sector un papel hegemónico. El aumento de las tasas de interés y la mayor vinculación con los mercados internacionales, ubicaron a la especulación financiera como actividad principal. “La plata dulce”, el ingreso de dólares del exterior que se convertían en pesos a un tipo de cambio sobrevaluado o a altas tasas de interés, que se volvían a convertir en dólares cuando se pensaba que el tipo de cambio iba a subir.
Durante este período el crecimiento de la deuda externa y la progresiva destrucción del aparato productivo cambiaron el paisaje del país y particularmente el del Partido de La Matanza. El censo económico en 1974 contabilizaba en ese Partido del Conurbano Bonaerense, 3792 establecimientos industriales. De acuerdo al Censo Económico, en 1985, los mismos eran 3914, o sea en 11 años, la industria creció solo un 3 por ciento, es decir, 123 establecimientos industriales más, pero con una caída del personal asalariado del 10 por ciento y un aumento de la población de un 44 por ciento.
El deterioro económico no fue superado por la recuperación democrática, hiperinflación, convertibilidad, privatización y la vuelta del neoliberalismo a partir del “pragmatismo noventista”, derivaron en la crisis de 2001-2002.
En el año 2003 se volvió a un modelo donde la producción y el empleo tomaron protagonismo, a partir de la aplicación de una política económica que redistribuyó el ingreso, estableció paritarias libres, creó mecanismos de protección frente a las importaciones e incorporó a sectores de menores ingresos al mercado a partir de programas como “Argentina Trabaja” y “Ellas Hacen”, entre otros. Además, el reconocimiento de derechos a través de las moratorias previsionales y la Asignación Universal por Hijo de cambiaron el paisaje del Partido. En 2015 había en La Matanza 7500 establecimientos industriales, Matanza fue declarada la “Capital de la Producción y el Empleo”. El 60 por ciento del calzado producido en nuestro país provenía de este distrito. Pero el cambio llego de la mano de un gobierno que, si bien fue electo en las urnas, aplica las mismas políticas que durante la Dictadura.
Apertura de importaciones, eliminación de programas, dolarización de tarifas, eliminación de subsidios, techo a las paritarias y el privilegio al establecimiento de un modelo de valorización financiera, a partir de las altas tasas de interés, hunden a la economía en una profunda crisis productiva.
Hoy, como una película de terror repetida, un recorrido por las calles de La Matanza muestra locales comerciales cerrados, caída del consumo en rubros fundamentales como alimentación y bebidas, industrias que ya no funcionan, trabajadores sin empleo, comedores infantiles que triplicaron la demanda y la vuelta al trueque, ahora impulsado por las redes sociales. “Cambio solo por mercadería” suele ser el texto en los carteles donde se puede obtener un litro de leche o un paquete de fideos dando como pago “un equipo deportivo de niño talle 6, casi nuevo”.
En el metrobus, que recorre la Ruta 3, desde San Justo a González Catán, las colas de trabajadores son reemplazadas por los vendedores ambulantes que ofrecen desde bizcochuelo a pan casero. Los “emprendedores” intentan vender sus productos, en un colectivo que lleva a los que aún tienen trabajo a sus hogares, y poco dinero en el bolsillo.
Hace 42 años, un 24 de marzo de 1976, el otoño se cubrió con el frío de la muerte, se cobró con vidas la lucha por una sociedad más justa, y disciplinó a la sociedad en el miedo y la miseria. Pero, a pesar de todo, la lucha continúa por el eterno retorno hacia una sociedad donde lo que crezca sea el empleo, la educación y el desarrollo.
- Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
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