La cruda realidad

Por Nicolás Grande

Luján: Difícil realidad de los trabajadores de la economía informal

A partir de distintas consultas efectuadas por El Civismo de Luján a trabajadores informales, se advierte una merma en el mercado laboral de las "changas". En Olivera, donde una cooperativa está abocada a la construcción de viviendas sociales, ya son cien los vecinos anotados a la espera de una oportunidad laboral. La contracción del trabajo también se siente entre las trabajadoras domésticas. En general son contratadas menos días a la semana y por una paga más baja.

(Por Nicolás Grande) La Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que los trabajadores informales, es decir, aquellos que se encuentran marginados de las regulaciones básicas del trabajo, se caracterizan por tener “empleos de mala calidad, salarios bajos, largas jornadas de trabajo, falta de acceso a oportunidades de capacitación, dificultades para acceder al sistema judicial y al sistema de protección social, incluyendo la protección para la seguridad y salud en el trabajo”.

Distintas mediciones indican que en la última década el empleo en negro se mantuvo en niveles elevados, abarcando en promedio al 30 por ciento del mercado laboral. La última medición formal del INDEC, correspondiente a fines del año pasado, arrojó un 33,8 por ciento de trabajadores en esa condición.

Ante un mercado laboral y de consumo en retracción, este sector sufre de manera más inmediata el impacto de una economía adversa para la generación de empleo, un cuadro que agrava las condiciones laborales habituales, de por sí precarias. En Luján, sin mediciones oficiales al respecto, los testimonios de los propios protagonistas dan cuenta de una disminución en la cantidad y frecuencia de las “changas”, como así también de trabajadores que pasan a la informalidad al perder sus puestos registrados.

La merma en los ingresos en que deriva lo anteriormente expresado, también parece impactar en el número de vecinos que deben recurrir a la asistencia alimenticia directa. Así lo explicó Carlos Romero, director de Políticas Sociales, cuando el mes pasado se refirió al tema en una entrevista dada a EL CIVISMO. El funcionario dijo que “evidentemente tuvimos un incremento en la cantidad de gente asistida; el termómetro más claro es el de la bolsa de alimentos, porque es el más directo y prioritario”.

“La cantidad de bolsas subió hasta abril, con un pico de 1.900 y en mayo se bajó a 1.500. No sé a qué atribuirle la baja. No podemos decir que es una tendencia, es apenas un mes de baja. En general son sectores que pertenecen a la economía informal. Ese sector es lo primero que se pierde, que se recorta. También factores estacionales”, expuso Romero.

Albañiles

En la localidad de Olivera se desarrolla un plan de viviendas para familias inundadas, cuya ejecución está a cargo de una cooperativa del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). La iniciativa ocupa a unos 30 obreros de la construcción. Para muchos de ellos, la experiencia se trata de una excepción a la habitual informalidad de sus actividades laborales.

Un dato parece evidenciar la necesidad de trabajo: existe una lista de cien vecinos en espera de poder ingresar a la obra, algo difícil si se tiene en cuenta que la cooperativa ya alcanzó el límite de capacidad en la contratación del personal necesario. Todos los aspirantes a conseguir un puesto son de Olivera, donde no sobran las fuentes laborales.

“Acá hay poca generación de trabajo. Antes estaban Curtarsa o una fábrica textil de Goldney. Los que trabajan en fábrica lo hacen en Argensun o Algoselan, pero esas empresas se están viniendo abajo. Tengo un cuñado que pasó de laburar 12 horas de lunes a lunes a laburar 8 horas de lunes a viernes”, graficó uno de los trabajadores.

Marcelo Medina integra el equipo de coordinación de la construcción de las viviendas. Explicó que el pedido de trabajo es diario y lamentó que la cooperativa esté al máximo en su capacidad de contratación.

Daniel fue otro de los obreros que accedió a dialogar con EL CIVISMO. Vecino de Olivera, contó que antes de sumarse al proyecto trabajaba como ayudante de albañil en González Catán, distancia que lo obligaba a iniciar el día a las 5 de la mañana, viajar hasta Once y finalmente arribar al lugar de trabajo, en un recorrido que le demanda siete horas diarias entre ida y vuelta. Sacaba 400 pesos por día. “Siempre me dediqué a la pintura y a la albañilería. Terminabas una obra y después tenías que bancar capaz dos semanas hasta que surgía otro laburito. Por eso cuando salió esto fue un gran beneficio, porque no tengo que viajar y además tengo trabajo asegurado por un tiempo. Semejante obra pública en Olivera nunca se hizo y es un beneficio porque no hay que salir del pueblo”, indicó.

Diego también se sumó a la charla. Su trayectoria laboral estuvo vinculada durante varios años al trabajo en frigoríficos. Su última tarea en el rubro fue en un establecimiento de General Rodríguez, donde empezaron los recortes: “Terminamos trabajando dos veces por semana, cuatro horas al día. Acá en Luján, en la ruta 6, había una sala de desposte de chanchos que también cerró hace poco más de un año. Ahora, por suerte, estoy en la cooperativa, me queda más cómodo y la plata es la misma o un poco más que si vas a laburar a Luján. Por lo menos por un año tenemos un ingreso. Después veremos si la cooperativa puede tener otra obra”, dijo.

En su caso, llegó a Olivera hace 13 años, desde el partido de Tigre. Conoció el pueblo gracias a un hermano que trabajaba en una estancia de la zona. Contó que fue padre a los 15 años y hoy tiene una familia con dos hijos, uno de 19 y otro de 21. “Entre fines del 90 y principios del 2000 fueron tiempos muy complicados. Vinimos para acá a buscar una mejor calidad de vida. Los chicos pueden andar tranquilos y no corren riesgo de robo o que lo lastimen de un tiro o algo. Dentro de todo encontré eso. Mucha gente hizo lo mismo, pero no pudo acceder a otro lugar que no sea al lado del río. Con estas casas se van a sentir mejor y les va a levantar la autoestima”, manifestó en torno a las viviendas que serán destinadas a familias afectadas por las inundaciones.

La baja en el rubro de la construcción obliga a los albañiles de más experiencia a reducir el número de sus contrataciones. “Los que hacen más años que se dedican a esto me dicen que les salen algunos laburos chicos, pero es poca plata. Esos albañiles son los que suelen contratar a dos o tres trabajadores para que lo ayuden. Pero como los laburos grandes casi no salen, optan por trabajar solos. El laburo en esto está más bajo, antes había más laburo particular, la gente gastaba más. En Olivera hay tres o cuatro grupos de trabajo en la construcción y están bastante quietos. El tipo que antes pagaba para que le pinten la casa, ahora la pinta él, o corta el pasto él mismo”, dijeron los trabajadores a partir del conocimiento de otros vecinos que se dedican a la actividad de la construcción.

Las dificultades laborales no son exclusivas de Luján. Daniel tiene una hermana en el partido de La Matanza, de 21 años. “El otro día me preguntó si no había laburo por acá porque por allá no hay nada. Él hace changas de albañilería y pintura”.

A esta merma en la actividad se le impone una ecuación inversamente proporcional, relacionada con el incremento en el costo de vida. “El año pasado, un vecino que gastaba 250 pesos de luz por mes hoy está gastando 800. Lo mismo con la comida”, graficaron.

Un tercer trabajador que compartió su experiencia contó que durante los fines de semana, cuando no se trabaja en la obra, se traslada a José C. Paz a realizar changas de albañilería, como forma de incrementar sus ingresos.

Domésticas

Otro rubro proclive a la informalidad es el trabajo en casas como personal doméstico. En el barrio Padre Varela, muchas mujeres recurren a ese mercado como forma de ganarse la vida. En las condiciones actuales, se paga menos de lo habitual (de por sí bastante poco) y se trabaja menos. El recorte parece una escalera donde los que se encuentran abajo son los más perjudicados.

Roxana dijo que “las cosas están re complicadas”. Hasta hace poco tiempo trabajaba en la casa de una profesional cinco días a la semana. Después se redujo a tres días y ahora “se las ingenia para contratarme nada más que dos días”.

“Empecé a trabajar ahí de 11 de la mañana a 7 de la tarde. Después me bajó de 12 a 3 de la tarde, y dos días nada más. Tengo otras casas donde voy una vez a la semana”, describió.

Su salario por hora es, en promedio, de 80 pesos. Las cuentas no cierran y el panorama se complica, algo que impacta negativamente en algo tan elemental como alimentar a su familia: “Nosotros somos cinco en casa. Trabajando todos los días como antes hacía 300 pesos. Eso me alcanzaba para vivir el día a día, no es que podía guardarme algo. El mes pasado ya no pude pagar la luz, porque este mes me vino 700 pesos. Tuve que dejar de hacer dos comidas. Al mediodía no cocino, si se come algo es de lo que sobra de la noche o bien un matecocido con pan. Y a la noche hago una comida. Como ahora nunca estuvo tan jodido. Otras vecinas están en la misma situación”.

La responsable de un comedor que funciona en el barrio expuso que también se nota una mayor cantidad de vecinos desocupados. Los primeros afectados por las bajas son aquellos que tenían algún tipo de actividad fabril en negro. Así, el círculo de changas encuentra cada vez más oferentes.

“Hay muchas familias que dejaron de hacer dos comidas. Y la comida de la noche no tiene todos los nutrientes necesarios. Creo que las consecuencias las vamos a empezar a ver pronto. En el comedor ha crecido mucho la demanda”, lamentó.

De hecho, una de las almaceneras del barrio contó que las compras se vuelven cada vez más selectivas. “Estoy vendiendo una cebolla, 10 pesos de carne, un puré de tomate y el paquete de fideos”.

Roxana contó que su yerno fue despedido recientemente de una fábrica, donde no estaba registrado. “Venía trabajando bien, podía pagar el alquiler y comprar lo que necesitaban. Primero le redujeron días de trabajo. Esta semana se encontró con la noticia de que se quedó sin trabajo”.

100

El número aproximado de vecinos a la espera de trabajo que se anotaron en un listado que maneja la cooperativa del MTE a cargo de la construcción de viviendas en Olivera.

(*) Fuente: El Civismo Foto: María Laura Fourment

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