Por Clara Razu
Más grave que el desempleo, es la destrucción del empleo
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico (*)) La política económica aplicada por la Alianza Cambiemos generó una profunda recesión con un aumento de la tasa de desempleo. Casi 134.000 empleos formales menos en el sector privado, sin considerar que por cada empleo formal se pierden tres puestos dentro la economía informal, fue el resultado obtenido en el 2016.
El aumento del desempleo es aún mayor en la industria manufacturera donde la apertura de importaciones agrava la caída de las ventas en los establecimientos locales. La industria automotriz, textil, plásticos y calzados son las más afectadas.
A esta realidad hay que sumarle la disminución de las horas trabajadas y la caída salarial. Sin embargo, la profundización de la recesión hacia “el fondo” conduce a un hecho aun más grave, “la destrucción del empleo”.
El proceso de reindustrialización iniciado en el 2003 bajo la política económica del kirchnerismo tuvo en sus etapas iniciales, entre otras barreras, la dificultad de contar con mano de obra capacitada.
Según datos obtenidos de los informes elaborados por los Observatorios Regionales PyMEs (dependientes de la Unión Industrial Argentina), entre los problemas enunciados por los empresarios industriales de este sector, se destaca la dificultad de contar con mano de obra capacitada, en especial de carácter técnico y de operarios calificados.
Los años 90, con su secuela de extranjerización y concentración, habían minado la formación de personal técnico en las áreas industriales.
La aplicación de la Ley Federal de Educación y la desarticulación de las escuelas técnicas dejaron un espacio que era difícil de llenar en una etapa de reconstrucción industrial.
En ese momento, año 2003, los pequeños y medianos empresarios industriales decidieron invertir ellos en la capacitación de sus operarios. También los sindicatos del área, como la Unión Obrera Metalúrgica, y el Sindicato de Mecánicos volcaron recursos a la formación de sus trabajadores. Torneros, matriceros, balancineros, entre otros, reforzaban sus saberes absorbiendo las nuevas tecnologías que se habían incorporado a los procesos industriales durante los años en que nuestro país se dedicaba a la importación de bienes terminados.
También los gobiernos locales reforzaron la capacitación a partir de cursos de formación, tal es el caso del Instituto Municipal de Desarrollo Económico y Social (IMDES) en el Partido de La Matanza donde se dictaban cursos de aparado de calzado, entre otros, para poder cubrir esos puestos de trabajo cuya demanda aumentaba.
Esa inversión en capacitación es la que se pierde en un proceso de desindustrialización como el que se atraviesa en la actualidad.
No se trata solo del aumento del desempleo, sino que se trata de la perdida de los “saberes” del “know how”. La destrucción de la industria nacional a partir de la política económica coadyuva en el abandono de la inversión en la formación de la fuerza de trabajo que lleva adelante esos procesos.
El discurso de la “reconversión” no es realista, y la historia reciente enseña que no es lo mismo “producir acero que caramelos”.
Un ingeniero que conduce un taxi o un técnico que se dedica a la venta logran apenas un ingreso que les permite subsistir, pero además están subempleados en función de sus conocimientos, y hay una pérdida potencial, en términos de sus posibilidades de creación de valor agregado. En cada rama industrial la tecnología sigue avanzando. En la medida que se destruye la industria local se pierde el tren de la inversión y de la formación de los trabajadores que la lleven adelante. La destrucción del empleo y la pérdida de capacidad de generar valor agregado son una consecuencia de la política económica que destruye a las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la mayor parte del sector de la industria manufacturera.
La desarticulación productiva, laboral y educativa constituyen los pilares del modelo del “cambio”, cambios que apuntan a la primarización productiva y a la baja de los “costos laborales”, nada nuevo en la propuesta, sólo es necesario repasar el pasado reciente.
Sin Pymes no hay futuro.
(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
···