La cruda realidad

Por Clara Razu

No son los paros, ni los conflictos sociales: es la demanda efectiva

(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico)) En el Partido de La Matanza 1.250.000 personas se distribuyen en 15 localidades, desde Ramos Mejía a 20 de Junio, sobre casi 326 km2. A lo largo de la Ruta 3, la Ruta 21, la Avenida General Mosconi, y miles de calles, las familias viven, trabajan, sueñan, pero cada vez menos.

La caída del consumo en el distrito ronda el 33 por ciento respecto al año 2015. Los rubros donde se observaron las mayores disminuciones son carnicería, verdulería, productos de almacén, seguidos por perfumería, bijoutería e indumentaria. Los distritos más afectados son Ciudad Evita, Aldo Bonzi, Laferrere y Lomas del Millón (parte de Ramos Mejía).

Al desplomarse el consumo popular, el paisaje desolador de las zonas comerciales no es el resultado del paro de actividades, es consecuencia directa del aumento del desempleo y la pérdida del poder de compra de trabajadores y jubilados cada vez más pobres. La foto de las calles desiertas del 6 de abril, solo ponen en evidencia la transformación de las zonas comerciales e industriales donde el aumento de las tarifas y la apertura de importaciones le bajaron la persiana a las industrias y los comercios.

El aumento de la desocupación del 41 por ciento entre 2015 y 2016, según cifras del INDEC, casi 2 millones de trabajadores menos en la industria manufacturera, y la disminución de casi 2 por ciento en las horas trabajadas abonan a un escenario de desolación, que es cotidiano. No son los paros, ni los conflictos sociales los que “ahuyentan” las inversiones, sino la disminución de la demanda efectiva (el deseo de adquirir un bien o servicio, más la capacidad que se tiene para hacerlo).

La caída de la demanda es la evidencia del empobrecimiento de las mayorías populares por aumento de la desigualdad, donde quienes tienen necesidades insatisfechas no pueden satisfacerlas, y quienes poseen recursos monetarios ya tienen todas sus necesidades satisfechas. Existen muchos consumidores empobrecidos que no pueden comprar carne y verdura y ricos que no necesitan aumentar su consumo de alimentos y pueden consumir automóviles de lujo, que en su mayor parte son importados y no agregan valor en el mercado interno.

Es la “demanda efectiva…”, se podría decir parafraseando la frase popularizada durante la campaña electoral de Bill Clinton, en 1992. Es la demanda efectiva, se lee en los textos de teoría económica. Pero para dinamizarla, no solo es necesario aumentar el gasto público, sino que se debe reforzar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, cuya propensión a consumir es mucho más alta que la de los sectores del capital. Ese poder de compra que les permitiría volver a las verdulerías, a las carnicerías, a los supermercados chinos, a las zapaterías y a los negocios de indumentaria de Casares, Luro y Arieta; los del barrio podrán volver a vender y por consiguiente a las Pymes Industriales volver a producir.

Las obras públicas como parte de un plan de desarrollo son necesarias, pero no suficientes.

La política económica necesariamente debe volver a redistribuir “por abajo” el control de las importaciones y las políticas de control de precios, las tarifas subsidiadas, los límites a las tasas de interés, los remedios gratis para los jubilados y los acuerdos paritarios libres por encima de la inflación. Se la llama política anticíclica expansiva y se aplica durante períodos recesivo, claro que algunos la tildan de “populista” y prefieren la represión de la protesta social ocultando el verdadero rostro de la política económica.

(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico

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