Por Beatriz Chisleanschi
Primero de Mayo ¿El poder del capital o la supremacía de la clase trabajadora?
(Por Beatriz Chisleanschi (Especial para Motor Económico)) Primero de Mayo. Un día significado y significante para la clase trabajadora mundial. Un día que se celebra con marchas, actos, concentraciones y actividades en la mayoría de los países del mundo. Menos en Estados Unidos, justo allí donde se llevaron a cabo los hechos que convirtieron a los 1º de Mayo en símbolo, orgullo y lucha de esa clase.
La fecha recuerda a Adolf Fisher, Albert Parsons, George Engel, Hessois Auguste Spies y Louis Linng, bautizados como los “Mártires de Chicago” quienes fueron condenados a prisión, o a la horca, por pelear a favor de las ocho horas de trabajo.
Ciento treinta y un años después de esos hechos, la clase trabajadora ha conseguido muchos logros, pero a la vez, el avance del sistema capitalista y del modelo neoliberal los coloca en situaciones de enorme retroceso. El principal y peor de todo es la pérdida de aquello que le da su razón de ser “el trabajo”.
La clase proletaria hoy enfrenta un desafío mayúsculo, la generación de plusvalía por pura acumulación de riqueza y, la cada vez más acentuada economía financiera caracterizada por una concentración de actividades monetarias que alejan la inversión y la producción. La consecuencia directa es la desaparición de la industria, de las pequeñas y medianas empresas y del empleo. Es decir, del trabajo y sus principales hacedores: el trabajador y la trabajadora.
Latinoamérica vivió la última década y media, un período de prosperidad y respeto de y hacia la clase trabajadora. Los gobiernos populares, los socialismos del siglo XXI o las revoluciones ciudadanas pusieron en el centro de la escena a los trabajadores y sus derechos. Un escenario político-cultural que el capitalismo, en tanto "civilización que ha subordinado todos los aspectos de la vida a una maquinaria de acumulación de ganancias" (Álvaro García Linera), no podía, ni puede permitir.
El sistema capitalista, con su base imperial en Estados Unidos no cesó un instante, a lo largo de todos estos años, en realizar un minucioso tejido para hacer desaparecer toda conquista social. Para ello se valió (y se vale) de "una ayudita de sus amigos", los poderes judiciales y los medios masivos de comunicación, constructores estos últimos, de industria ideológica y de esclavos inconscientes del sistema.
En tiempos de reinado de la pantalla, la explotación no sólo es del patrón sobre la fuerza de trabajo, sino es la explotación sobre los hombres y mujeres. Lo que se explota fundamentalmente, (y en ello los medios de comunicación son los principales cómplices y ejecutores) es la conciencia. El gran logro: la adhesión inconsciente al sistema capitalista y la sumisión a su misma lógica. De esta manera se conforma un sentido común (“el sentido poseído en común”) que conlleva a la regulación de un orden social que escapa en mucho a los intereses de la clase trabajadora.
Pero también la tecnología e internet, nacidas al calor del propio sistema, han sido sometidas al servicio de la acumulación de ganancias en pos de unos pocos y creado lo que se ha dado en llamar el "tecnoparaíso". Ese edén donde sólo tendrán cabida los robots, en tanto la clase trabajadora, tal vez castigada aún por el pecado original, no tiene visa para ingresar.
Como señala el director de Le Monde Diplomatique en español, Ignacio Ramonet: “el surgimiento de Internet, con su misterioso “interespacio” superpuesto al nuestro, formado por miles de millones de intercambios digitales de todo tipo, por su roaming, su streaming y su clouding, ha engendrado un nuevo universo, en cierto modo cuántico, que viene a completar la realidad de nuestro mundo contemporáneo como si fuera un auténtico quinto elemento.”
El desarrollo de la robótica, de la mano del nanosegundo y la nanotecnología arrastra, cual imán, a las futuras generaciones a vivir en un mundo libre de trabajo. La utilización de esa especie de "monstruos mecánicos" en los ámbitos laborales, ya ha traído como consecuencia reducción salarial, eliminación de puestos de trabajo, amenaza la vida cotidiana y pone fin al trabajo en masa.
La venta online, cada vez más difundida, la proliferación de e-comerces y la disrupción digital donde la gratuidad de la oferta pone en jaque la forma de organización del sistema económico político y social (Whatsapp, Spotify, Netflix, Uber, Airbnb, entre otras), también atentan contra la generación de empleo y el concepto de trabajo. A esta realidad se le podría agregar la idea cada vez más incentivada, y que toma arraigo en la juventud, que es el del empredendedorismo, es decir la apuesta al desarrollo exacerbado de las capacidades individuales donde la innovación pasa a ser el agente de cambio de un sistema que camina hacia la destrucción de lo colectivo, la solidaridad y la conciencia de clase. Hoy el valor no está en la mano de obra sino en la producción simbólica.
Sin embargo no todo es oscuro y sombrío este Primero de Mayo y el todopoderoso sistema capitalista y sus ejecutores lo saben: no hay poder mayor que la unión de los trabajadores y supremacía que el trabajo humano.
(*) Editora de Motor Económico. Lic. en Ciencias de la Educación. Periodista.
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