Por Clara Razu
Reconversión productiva…una ilusión más en el imaginario económico
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico (*)) En el Partido de La Matanza, la industria manufacturera constituye el 33 por ciento de la estructura económica local, y el 11 por ciento del empleo.
El 70 por ciento de la producción local tiene como destino el mercado interno. Si bien en una economía globalizada, la capacidad de crecimiento de un país depende cada vez más de la intensidad y calidad de la inserción internacional, ésta resulta cada vez más compleja. Dentro del porcentaje de pymes exportadoras los principales destinos fueron los países de Latinoamérica, principalmente los que integran el Mercosur.
El cambio del escenario internacional operado a partir del 2008 dio lugar a cambios progresivos, no necesariamente para la producción de los países con industrias en desarrollo.
Cuando se habla de comercio internacional hay que tener en cuenta que, como en toda transacción, existe un comprador y un vendedor. Más allá de la voluntad y el trabajo invertido para vender lo producido, el comprador, solo le comprará si tiene capacidad económica para hacerlo. Por eso, cuando en una clase de economía se habla de las exportaciones como dinamizadoras de la actividad económica, se la explica cómo variable exógena (externa, sobre la que no se puede influir).
Durante la gestión del gobierno kirchnerista, las medidas de estímulo al mercado interno tenían como objetivo sostener la demanda agregada y el empleo, sobre todo cuando la crisis internacional generó una disminución de los ingresos por exportaciones, en un contexto de crecimiento económico.
Hoy, en un mundo diferente que protege su empleo y producción, y que ha reducido sus importaciones, la estrategia del Ministerio de Producción es reconvertir a las pymes en exportadoras.
De acuerdo a la evaluación de la Secretaría de Reconversión Productiva, que depende del Ministerio de Producción de la Nación, el desafío es exportar, y para eso deben entre otras cosas, mejorar el producto, abrir nuevos mercados y entender a los consumidores, aunque no se estimula el desarrollo del espacio del Mercosur.
En ese camino, en el Municipio de La Matanza junto a la Cámara de Comercio e Industria Local se promueven distintas actividades que no resultan suficientes por cuanto la caída de exportaciones tiene origen en la crisis por las que atraviesa la economía internacional desde el 2008, y no en las cuestiones de mercadeo.
Se consideró que el arreglo con los fondos buitres, la devaluación y la eliminación de retenciones constituían estímulos macroeconómicos suficientes para que las pymes exporten, algo que evidentemente no sucedió.
El tipo de cambio devaluado perdió competitividad frente a la inflación, por eso la aplicación de medidas que disminuyan el costo laboral con salarios bajos, se torna fundamental. Claramente su implementación afectará al 11% de los empleados por la industria manufactarera de La Matanza, y no necesariamente generarán aumento de la base exportadora para el 30% de las pymes y mejoras en el empleo de este sector.
Una vez más la realidad supera los mitos de la teoría económica liberal. La economía se construye socialmente y no resulta de la suma de esfuerzos individuales que por lo general se contradicen entre sí.
Cada día la imagen de la fábrica cerrada de los botiquines de madera frente a la invasión de botiquines de plástico chino, de la película Plata Dulce, se repite en la actualidad donde se multiplican las fábricas cerradas, locales vacíos y trabajadores desempleados. La triste realidad supera el relato.
(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
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