La cruda realidad

Por Eppa

Se consolida el rumbo económico, hacia un modelo de dolarización y fuga

Introducción y recuperación del primer diagnóstico.

Hace un año, el colectivo de Economía Política para la Argentina (EPPA) se pronunció de manera crítica ante los primeros esbozos de un programa económico neoliberal en lo económico, y conservador en lo político. Aquel contexto nos hacía pensar en un retorno palmario a las peores prácticas de ajuste, liberalización de mercados, anulación de las políticas de fomento de sectores sensibles y extranjerización de la economía.

Habiéndose verificado aquellas presunciones, ahora observamos las consecuencias sociales y productivas de una recesión autoinducida por decisiones macroeconómicas que se verificaron erróneas. Superada esa instancia de diagnóstico inicial, en esta oportunidad nos proponemos repasar los principales desencadenantes del actual cuadro de ajuste general y problematizar las perspectivas de un modelo de incentivos conducidos a la especulación rentística financiera, marcada tendencia a la dolarización y fuga de divisas.

El tren fantasma neoliberal, en su primer año de recorrido.

La devaluación de diciembre 2015 (del orden del 50%), con quita de retenciones simultánea, impuso una fenomenal transferencia de recursos para los sectores más concentrados de la producción primaria y del comercio exterior. El incremento en el precio de los alimentos castigó a los hogares más humildes, con un sesgo de regresividad en detrimento de aquellos que se ubican en los deciles más bajos de la distribución del ingreso.

Por sus evidentes efectos de rebote de segunda ronda, y su mayor incidencia sobre las familias de menores ingresos, los tarifazos en los servicios públicos explicaron buena parte de la disparada de la inflación del año 2016 por encima del 40%. En la zona metropolitana, tanto el valor de la boleta de agua (más de 360% promedio de aumento), de gas natural (400% de suba) y de luz (500% de alza), oficiaron de mecanismo de transferencia de recursos desde las familias argentinas hacia las empresas concentradas del sector, en su mayoría grandes gigantes transnacionales. Cabe destacar que este proceso de “corrección de precios relativos”, aún sigue su marcha en el corriente año, donde se proyectan dos aumentos en cada ítem. De esta forma, las empresas del sector proyectan “recuperar” a lo largo del corriente año entre 30 y 40 puntos porcentuales reales por cada boleta.

Este contexto, estranguló el poder adquisitivo de los sectores populares, encareciendo todos los consumos indispensables para la vida. En la saga de los últimos aumentos de precios regulados, también se encuadran las subas en el pasaje de trenes (donde en las zonas urbanas se duplicó su valor), peajes (aumentos del 120%), cuotas escolares (encima del 40%), medicina prepaga (más del 50%), combustibles líquidos (32% anual), servicios de telefonía celular (hasta un 32%), y otros.

A nivel macroeconómico, y tras un aumento del PBI del 2,6% en 2015, el año 2016 se caracterizó por un pronunciado retroceso en la actividad económica. Es así que, en el cuarto trimestre del año, la producción bruta se contrajo un 2,1%. Por tanto, el primer año de gobierno de Cambiemos terminó con una retracción promedio general del 2,3%. En lo que respecta a los distintos componentes de la demanda agregada, se consolidó una merma del 0,8%. Entre otros ítems, se destaca un descenso de la inversión (formación de capital fijo) del orden del 5,5%, mientras que el consumo privado cayó en un 1,4%. Siguiendo con el análisis de las cuentas públicas nacionales, en el plano sectorial sobresalen las caídas presentadas por las actividades de construcción y de la industria manufacturera. Estos sectores, que tienen un alto impacto en la actividad real por su incidencia en la creación de puestos de trabajo, destruyeron valor en

  1. Para el cuarto trimestre del año pasado la construcción y la industria manufacturera decrecieron un 10,7% y un 5% respectivamente, lo cual ha acumulado un derrumbe anual del 5,7% y 11,3%. Por su parte, de acuerdo al Estimador Mensual Industrial del INDEC, en 2016 la actividad industrial tuvo un retroceso del 4,6% respecto de 2015. En consonancia, según los datos del Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), durante el año 2016 el índice registró una disminución de 12,7% con respecto al acumulado del año 2015. El contexto recesivo también se vio reflejado en la utilización de la capacidad instalada de la industria, que también mostró una fuerte contracción. Este indicador que elabora el INDEC, se ubicó en 64,5% en 2016, cuando en octubre de 2015 se había posicionado en el 71,4%. Como puede intuirse, este proceso de retracción generalizada se explica por el marcado contexto de baja en la demanda externa, sumado a la fuerte recesión económica, producida por la dilapidación del poder adquisitivo de las clases populares. Este nuevo patrón de acumulación, tendiente a expandir la rentabilidad del capital financiero y del sector agrario concentrado, en detrimento del entramado Pyme, no parece haber alcanzado piso. Sin ir más lejos, el primer bimestre de 2017 de la industria y la construcción comenzó con sendas bajas del orden del 3,5% y 2,9%, respectivamente.

Otro aspecto que se ha resaltado en el documento anterior del colectivo EPPA fue la dinámica perniciosa que tomaban las compras de productos terminados desde el exterior, en un marco de liberalización comercial. La estructura del comercio exterior ha sufrido un grave retroceso cualitativo, como si se añorara la conformación del país para unos pocos sostenido a través del funcionamiento de un modelo agroexportador sustentado en la productividad diferencial de la Pampa Húmeda. En ese contexto de crisis económica, la disposición del gobierno de modificar los requerimientos para importar, relajando la protección con que contaba la industria nacional, impactó fuertemente en la estructura del comercio exterior. Mientras el país atraviesa una grave crisis productiva, las importaciones de bienes de consumo finales crecieron 9,1%, afectando gravemente al productor nacional. Donde no hubo una avalancha importadora fue en las compras asociadas a la actividad productiva, donde el rubro de piezas y accesorios para bienes de capital presentó una caída del 10,8%. En 2016 se registró, además, una disminución de importaciones en bienes intermedios del 14,4%, así como un desplome en combustibles y lubricantes, del orden del 30,7%. La paralización y disminución de las importaciones como insumos para las diferentes industrias marca un cambio de modelo, donde el gobierno da preferencia a los productos foráneos, sin asignar mayor relevancia al deterioro que sufren las industrias nacionales, no pudiendo competir con los precios de los productos importados. Por lo expuesto, se desprende que el superávit de la balanza comercial de U$S 2.128 millones, registrado en 2016, tiene origen en el efecto recesivo de la economía, que contrajo las compras externas destinadas a reproducir el ciclo virtuoso de producción-consumo-producción, y no en el despegue de las exportaciones. De hecho, a pesar del incentivo de precios por la mencionada devaluación con quita de retenciones, las exportaciones aumentaron tan sólo 1,7%, en el año. La decisión de apertura descontrolada de la cuenta capital y financiera dio como resultado que la mitad de los dólares que entran al BCRA por exportaciones se explique por venta de productos primarios. En cambio, las ventas de manufacturas de las industrias de mayor valor agregado y más intensivas en mano de obra, han perdido peso relativo. Las exportaciones de productos primarios crecieron 17,7% y las de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) un 0,2%, mientras que las exportaciones de combustibles y energía cayeron 11,5% y las de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) 6,6%. El crecimiento en las ventas externas de productos como cereales ha sido de un 44%, mientas que en el rubro “material de transporte” ha disminuido un 16,4%. Así, en 2016 el peso de la MOI en las exportaciones totales fue 29%, cuando en 2015 se ubicó en 31,6%, mientras que los productos primarios subieron del 23,4% al 27%. Por su parte, la política internacional asestó un duro golpe al proyecto económico actual de libre comercio

La asunción de Donald Trump al gobierno de los EEUU, y sus primeras medidas implementadas, abren la posibilidad de que la economía mundial de lugar a un nuevo ciclo proteccionista, donde se cierren los mercados y se achique el comercio mundial. Además, aparece en el horizonte un período de encarecimiento del dinero, con la elevación de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, que ya aceleró el ritmo de subas. Este nuevo escenario mundial, podría dificultar la posibilidad de continuar con el ritmo de endeudamiento acelerado. Por otro lado, la suba de las tasas tendrá efectos sobre el capital financiero, abandonado la región.

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(*) Fuente: Eppa

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