Por Clara Razu
Sólo se trata de vivir...esa es la historia
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico) Un argumento usual que justifica la depreciación y/o devaluación (depreciación es cuando la variación del tipo de cambio es consecuencia del “mercado”, mientras que la devaluación es una medida de política económica) del tipo de cambio, es la “competitividad” de las exportaciones, entendiendo por tal, que al perder valor la moneda local, los productos que se exportan son más baratos para los posibles compradores del exterior.
En función del mismo entonces, el valor de las exportaciones de Argentina debería haber crecido con respecto al 2016. Sin embargo, cuando se consultan los datos del Informe Técnico del INDEC de junio de 2017, referido a la Balanza de Pagos, se observa que:
1) Las exportaciones de bienes primarios sufrieron una caída del 7%, con respecto al mismo período del año anterior. Dentro de ese rubro los que más caen son los cereales y los minerales. 2) Dentro de las manufacturas de origen agropecuario, bienes como lácteos, molinería y bebidas, también registran una caída del 14%. 3) A las manufacturas de origen industrial no les fue mejor, y registraron una disminución del 7%. 4) Tampoco mejoró el desempeño de los servicios, porque lejos de aumentar los servicios de turismo extranjero en nuestro país, las cifras de argentinos haciendo turismo en el exterior fueron mayores. El saldo de la cuenta de servicios registró una pérdida de 672 millones de dólares más que en 2016.
Al inexistente beneficio de la devaluación/depreciación sobre las cuentas externas, se le agrega el efecto sobre el nivel de precios que registra un incremento del 14% durante este año. Además, la devaluación/depreciación aumenta el stock de deuda.
O sea que ningún argumento favorable a la devaluación parece cumplirse.
Como señala el investigador e historiador de economía, Mario Rapoport, en Argentina los ciclos de endeudamiento coinciden con la apertura de mercados, liberación del tipo de cambio y aumento de la inflación. Sin embargo, el “relato”, afirma que es la industrialización, el populismo y la intervención del estado el culpable de todos los males.
No sólo que nada bueno paso después de la devaluación, sino que aumentó el desempleo en un 9,2 %, casi 2 millones de desempleados formales. Si estimamos que por cada empleo formal que se pierde, hay tres empleos informales que se caen, la cifra treparía a 6 millones de personas. Tampoco mejoraron los salarios, ya que, durante el 2016 perdieron el 8% en términos reales, cifra que no fue recuperada en las paritarias 2017.
Todo este panorama deriva en una caída de la actividad económica, que se observa a partir de la disminución de las ventas o cierre de locales.
Cómo es posible entonces que este paisaje de deterioro socioeconómico que todos los días se vive en nuestros barrios y ciudades, sea leído como “brotes verdes” y “mejora en la calidad de vida”. Es difícil interpretar el comportamiento social a partir de los resultados económicos, salvo que se apele al pensamiento mágico y voluntarista del “sí se puede” ignorando que otra vez este mes no se podrán pagar facturas de luz y gas.
Detrás de estos números aparecen caras compungidas de funcionarios que argumentan que éste era “el único camino”. La respuesta a este argumento falaz, es que no existe único camino en la ciencia, siempre existen alternativas. Como alguna vez dijo el ex presidente, Néstor Kirchner, en una charla con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich “Rebajar jubilaciones y salarios un 13% es sencillo, y no demuestra valentía, valiente seria ir contra los poderosos”.
Las elecciones legislativas son en octubre, el gobierno nos promete, reformas laborales y previsionales que lejos de “reactivar” el mercado profundizarán la crisis, al mismo tiempo también prometen mayores ajustes en las tarifas de los servicios.
Sera cuestión de revisar la heladera, las convicciones, de pensar en el otro, como sujeto y no como objeto de la caridad.
No se trata de populismo, se trata de economía, se trata de vivir. Y esa es la historia.
- Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
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