Economía nacional

Por Clara Razu / M. Económico

“Disculpe el señor banquero, se me está llenando de reclamos el Organismo de Defensa del Consumidor”

(Por Clara Razu / M. Económico) En este tiempo raro, de aislamiento preventivo, con la estructura económica destruida, producto de cuatro años de políticas neoliberales, con un gobierno que apenas asumido afronta la situación con las herramientas disponibles y auxiliando prioritariamente a los “expulsados” del sistema, el análisis de las macro situaciones, pierde de vista las pequeñas historias, que no son pequeñas y que desnudan practicas no transparentes de algunos “agentes económicos”.

Desde el inicio del aislamiento social preventivo y obligatorio, iniciado en marzo de 2020, las denuncias de los consumidores al organismo de Defensa del Consumidor crecieron para los rubros de comunicaciones, servicios financieros y bancarios, compras por internet...

Cuando se consulta la página oficial de dicho organismo se observa que la empresa Telecentro SA, acumula 10.800 denuncias, seguida de Telecom Argentina S.A, Telefónica de Argentina S.A, y en cuarto lugar con 4147 denuncias aparece el Banco Santander Río S.A...

Como suele suceder, detrás de los “grandes números”, hay pequeñas historias, no tan pequeñas para sus protagonistas, y que añaden angustia a una situación compleja...

En el sistema económico capitalista, el rol del sistema financiero resulta fundamental, los “intermediarios” financieros, los bancos, son el “nexo” entre los ahorros de las familias y las necesidades de inversión de las empresas...

El tiempo, la tecnología y la transformación de un sistema capitalista de producción de bienes a un sistema de valorización financiera, transformaron al sistema bancario en un sector, que lejos de financiar la producción, estimula la compra de “paquetes”, cuentas, tarjetas, con promesas de una vida maravillosa, las austeridad de los viejos bancos, fue reemplazada por locales parecidos a “shoppings”, donde la promoción de descuentos en viajes, ropa, supermercados, brilla en coloridos posters, que ocultan, la letra chica, de hecho se contrata a agencias de personal para que provean la fuerza laboral que se dedica a ese tema, mano de obra tercerizada.

La obligación de los empleadores de bancarizar a sus trabajadores, genera una brutal competencia entre los representantes de cuentas, para conseguir la cuenta. En esa carrera las herramientas de atracción son promesas adornadas con publicidades millonarias desde los medios de comunicación concentrados donde los clientes siempre son felices, bueno, de eso se trata el marketing...

Sin embargo, toda historia esconde un lado oscuro.... y la idea es mostrar ese lado oscuro, del “transparente”, mundo financiero...

Marcela, vive en San Justo, Partido de La Matanza, estudia Trabajo Social y trabaja desde siempre en lo que puede, en lo que consigue, nada distinto a lo que les sucede a miles de jóvenes en nuestro país.

Vive en un departamento construido en el fondo de la casa de sus padres y cuida de su madre, pensionada, viuda.

En el trascurso de su vida laboral, Marcela fue encuestadora, supervisora, editora, responsable de trabajo de campo para diversas investigaciones...en esas tareas fue contratada bajo la figura del monotributo...

En febrero de 2018 consigue un trabajo en una Obra Social, en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el Barrio de Recoleta.

Sus empleadores le abren una cuenta sueldo en el Banco Santander Río, en la Sucursal del barrio, en el Banco le otorgan una tarjeta de débito y una tarjeta de crédito Visa.

Hasta acá la historia se desarrolla bajo la normalidad permitida.

Hacia el fin del mes de septiembre de 2018, Marcela deja de trabajar, por ese motivo, se dirige al Banco, donde le informan que puede conservar la cuenta, y que al ser una cuenta sueldo, no tiene cargos. A partir de ese momento no utilizo más su tarjeta de crédito.

Durante el año 2019 a través del Home Banking verifica que su cuenta tiene un saldo de $800. Durante ese año su mamá se enferma, ella estaba desempleada, y no conseguía trabajo, se dedica a adelantar materias de su carrera y a atender a su mamá.

En febrero de 2020, al revisar el estado de su cuenta en el Home Banking, descubre que sus $800 se habían “esfumado” ...preocupada y ocupada con la enfermedad de su madre, deja su reclamo para “más adelante” ...

“Más adelante...” la pandemia se agudiza, y se establece el aislamiento social preventivo y obligatorio...la restricción a la movilización de las personas, así como las restricciones al trabajo de las instituciones financieras, cambia para siempre la normalidad conocida...

Marcela decide seguir con su carrera, bajo la modalidad a distancia, a través de su celular, claro que no contaba con que el marzo de 2020, se rompe su aparato. Como siempre hay manos amigas y solidarias, le prestan uno, a través del cual puede seguir la cursada.

A partir de junio de 2020 comienzan los llamados al teléfono de línea de la casa de su madre, reclamándole una deuda de 13.201$ por cargos a una tarjeta Mastercard (que nunca tuvo en su poder), los llamados, que son cursados desde un estudio jurídico que contratan los bancos, se hacen cada vez más seguidos, amenazan con acciones legales y maltratan a quienes los atienden sin importar quién es, que edad tiene, que consecuencias pueden generar con su accionar, bueno...se trata de bancos, ¿no?

Marcela está desempleada, es beneficiaria del Ingreso Familiar de Emergencia, se encuentra respetando el aislamiento social preventivo y obligatorio, con responsabilidad cuidándose ella y su madre, que es una persona que por su edad y condiciones de salud se encuentra en la franja de alto riesgo...

Marcela como otros miles de consumidores ya realizó la denuncia ante Defensa del Consumidor.

Marcela como otros miles de usuarios es víctima de “estas prácticas incorrectas” del sistema bancario, en mi barrio lo llaman estafa...

El sistema bancario hace tiempo que no cumple su rol, pero también hace tiempo que se dedica a estas prácticas que le suman ¿ganancias? a sus arcas...

Una nueva ley de entidades financieras no solo tiene que poner el dinero al servicio de la producción y el empleo sino también acentuar los controles en un sistema financiero que cada suma cada vez más desconfianza que certezas...

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