Economía nacional

Por Diego Montón/ Unión Trabajadores Sin Tierra (UST-Mendoza) MNCI/ Especial Motor

“Es fundamental la promoción del asociativismo para formalizar al pequeño productor”

(Diego Montón/ Unión Trabajadores Sin Tierra (UST-Mendoza) MNCI/ Especial Motor) “En el actual contexto de la Argentina, que finalizó 2019 con un 17% de la población con inseguridad alimentaria, es decir con hambre, y con la agudización que provoca la pandemia, es fundamental entender que no se puede concebir al alimento como una mercancía. Quienes producen alimentos tienen que ser considerados como parte de un servicio público y de un servicio al que toda la población tiene que acceder.

Producir alimentos debe ser una premisa, pero atendiendo a qué sujetos pueden brindar ese servicio público y ahí nos vamos a encontrar con que es fundamental focalizar en la agricultura familiar campesina indígena, las cooperativas y las pymes del campo.

Otro aspecto es la necesidad de democratizar y desconcentrar la producción de alimentos, sobre todo el agregado de valor, que es otra característica que necesitamos recuperar. Hay que democratizar el sistema alimentario que hoy está fuertemente concentrado en un puñado de empresas. También hay que atender la característica nutritiva de los alimentos, se ha deformado nuestra dieta y nuestra cultura alimentaria con productos ultraprocesados que no son nutritivos. Además del 17% de hambre, tenemos un 30% con obesidad, por eso necesitamos alimentos nutritivos y diversificados.

Acortar la distancia entre la producción y el consumo debería formar parte de ese cambio, la producción local de alimentos es fundamental para tratar de reducir al mínimo la necesidad de traer alientos de otras regiones, eso generaría un doble ahorro porque bajaría el precio de los alimentos y se requeriría usar menos energía para el transporte y la infraestructura necesaria.

Todo esto debe estar en función de que esos alimentos sanos, nutritivos y diversos puedan ser consumidos por todos, no solo por una elite. El precio justo que contemple las necesidades de productores y consumidores constituye la esencia del servicio público.

El Foro Nacional por un Programa Agrario, Soberano y Popular, resume muy bien algunos lineamientos generales para llevar adelante este cambio. Es fundamental la promoción del asociativismo del sector de la producción que puede llevar adelante la tarea, darle las herramientas para la formalización, planteamos la necesidad de formas cooperativas nuevas para el sector, que contemplen menos burocracia y estén en función de las necesidades particulares que tienen los productores para poder formalizarse y participar de la comercialización. Hoy la mayoría de los pequeños productores está fuera del sistema impositivo y la bancarización, y eso es un factor fundamental de dependencia de intermediaros que aprovechan esa desventaja.

El acceso a la tierra, su regularización y democratización es fundamental. Más del 85% de los productores ocupan apenas el 13,5% de la superficie, se necesita un programa nacional contundente de acceso a la tierra para cambiar esto, además de garantizar la permanencia en sus tierras de miles de familias campesinas que hoy son poseedoras, pero no tienen títulos de propiedad.

Se debe desarrollar la infraestructura y la capacidad de agregado de valor de ese sector, hay muchas experiencias que pueden tomarse como ejemplo a pequeña y mediana escala. Es necesario un programa de conservación de semillas locales abierto y libre para todos los productores.

El Plan Hambre Cero, de Brasil, es un buen ejemplo de cómo el Estado puede fomentar la agricultura familiar priorizando el abastecimiento de alimentos de los programas estatales y generando trabajo en el campo. En Mendoza hay una experiencia interesante que se llama Programa Respaldar, cuyo objetivo es organizar la demanda con organizaciones sociales e instituciones para lograr la vía más directa de hacer llegar alimentos sanos a un precio justo”. )** “En el actual contexto de la Argentina, que finalizó 2019 con un 17% de la población con inseguridad alimentaria, es decir con hambre, y con la agudización que provoca la pandemia, es fundamental entender que no se puede concebir al alimento como una mercancía. Quienes producen alimentos tienen que ser considerados como parte de un servicio público y de un servicio al que toda la población tiene que acceder.

Producir alimentos debe ser una premisa, pero atendiendo a qué sujetos pueden brindar ese servicio público y ahí nos vamos a encontrar con que es fundamental focalizar en la agricultura familiar campesina indígena, las cooperativas y las pymes del campo.

Otro aspecto es la necesidad de democratizar y desconcentrar la producción de alimentos, sobre todo el agregado de valor, que es otra característica que necesitamos recuperar. Hay que democratizar el sistema alimentario que hoy está fuertemente concentrado en un puñado de empresas. También hay que atender la característica nutritiva de los alimentos, se ha deformado nuestra dieta y nuestra cultura alimentaria con productos ultraprocesados que no son nutritivos. Además del 17% de hambre, tenemos un 30% con obesidad, por eso necesitamos alimentos nutritivos y diversificados.

Acortar la distancia entre la producción y el consumo debería formar parte de ese cambio, la producción local de alimentos es fundamental para tratar de reducir al mínimo la necesidad de traer alientos de otras regiones, eso generaría un doble ahorro porque bajaría el precio de los alimentos y se requeriría usar menos energía para el transporte y la infraestructura necesaria.

Todo esto debe estar en función de que esos alimentos sanos, nutritivos y diversos puedan ser consumidos por todos, no solo por una elite. El precio justo que contemple las necesidades de productores y consumidores constituye la esencia del servicio público.

El Foro Nacional por un Programa Agrario, Soberano y Popular, resume muy bien algunos lineamientos generales para llevar adelante este cambio. Es fundamental la promoción del asociativismo del sector de la producción que puede llevar adelante la tarea, darle las herramientas para la formalización, planteamos la necesidad de formas cooperativas nuevas para el sector, que contemplen menos burocracia y estén en función de las necesidades particulares que tienen los productores para poder formalizarse y participar de la comercialización. Hoy la mayoría de los pequeños productores está fuera del sistema impositivo y la bancarización, y eso es un factor fundamental de dependencia de intermediaros que aprovechan esa desventaja.

El acceso a la tierra, su regularización y democratización es fundamental. Más del 85% de los productores ocupan apenas el 13,5% de la superficie, se necesita un programa nacional contundente de acceso a la tierra para cambiar esto, además de garantizar la permanencia en sus tierras de miles de familias campesinas que hoy son poseedoras, pero no tienen títulos de propiedad.

Se debe desarrollar la infraestructura y la capacidad de agregado de valor de ese sector, hay muchas experiencias que pueden tomarse como ejemplo a pequeña y mediana escala. Es necesario un programa de conservación de semillas locales abierto y libre para todos los productores.

El Plan Hambre Cero, de Brasil, es un buen ejemplo de cómo el Estado puede fomentar la agricultura familiar priorizando el abastecimiento de alimentos de los programas estatales y generando trabajo en el campo. En Mendoza hay una experiencia interesante que se llama Programa Respaldar, cuyo objetivo es organizar la demanda con organizaciones sociales e instituciones para lograr la vía más directa de hacer llegar alimentos sanos a un precio justo”.

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