Por Marcos Doño
LA DEUDA ETERNA; HOY COMO AYER
(Por Marcos Doño) Las historias de los países cuentan en sus páginas a traidores y a héroes. Digamos entonces que los actos de traición son tan determinantes como los actos venerables. En este sentido, este relato habla del perjurio y la nobleza en los años de la Independencia de la Argentina y en nuestro presente. Una expresión de esto se sintetiza en dos nombres: José de San Martín y Bernardino Rivadavia; uno, el Libertador. El otro, el traidor.
Estoy convencido que el presente sólo se entiende si abrevamos en la historia, pero no como un acto de curiosidad académica sino como lo hace el astrónomo, que deduce el devenir y el futuro del Universo, estudiando la luz de las estrellas de millones de años atrás.
Como dijera William Shakespeare: “El pasado es el prólogo”. Una verdad que, como veremos, se vuelve aleccionadora ante la prueba de los acontecimientos y las acciones morales y políticas de los protagonistas que componen esta nota. Separados por más de dos siglos, hechos y personas parecen estar unidos por un mismo hilo, que ha tejido el derrotero de la Argentina hasta la actualidad.
La luz de los años de la naciente patria llega a mi telescopio y se vuelve reveladora de este 2020; con sus contradicciones y sus potencialidades, por las traiciones de aquellos que no cejan en su ambición, y la nobleza de los que bregan por el bienestar de las mayorías.
ARGENTINA 1827; LA GESTA
La inmensa gesta libertadora le llevó a San Martín sólo 12 años, que es el tiempo que actuó en nuestra tierra. Como todo escolar ha aprendido, desde muy pequeño había emigrado a España con su familia, donde recibió su formación militar. Y cuando por fin volvió a Buenos Aires, en 1812, lo hizo con el grado de Teniente Coronel del ejército español, grado que se le reconoció y por el cual se le pidió que formara un ejército profesional, lo que derivó en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Él lo creó y lo condujo hacia la guerra de la Independencia de la corona española. Con su ejército liberó a la Argentina, Chile y Perú, una proeza que no reconoce parangón en la historia por sus características. Y al final, cuando fuimos libres, lo único que buscó San Martín fue un retiro en paz en su chacra de Mendoza. Pero no pudo. La envidia, los intereses espurios y las conjuras en su contra, a riesgo de ser asesinado, lo obligaron a partir y exiliarse en Francia en 1824. Allí murió, mientras en ningún periódico nacional se lo recordó, silenciado de manera ostensible para el pueblo por el que había luchado; (recomiendo sobre este acontecimiento histórico, del libro Misteriosa Buenos Aires del escritor Manuel Mujica Laínez, el cuento “Un Granadero; 1850”.)
A tres años de emprender su viaje a Europa, el Libertador entendió que era hora de contar las razones de ese alejamiento, lo que volcó en un intercambio epistolar con el general Bernardo de O’Higgins, con quien había compartido la hazaña de liberar a Chile del godo.
Las cartas que el Libertador escribió en Bruselas a su par chileno, parecen haber sido escritas hoy. Sus contenidos nos revelan que después de casi dos siglos se repiten las mismas iniquidades, tal como ocurrió durante el mandato presidencial de Mauricio Macri, como por la estrategia desestabilizadora que su partido en la oposición ha adoptado. Allí se constata la inmoralidad de un poder que minó las bases de la república naciente, sometida a un sistema espurio de connivencia entre la política, la justicia y la prensa.
CARTAS*
De San Martín a O’Higgins: “Confinado en mi hacienda en Mendoza, y sin más relaciones que con algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar a la desconfiada administración de Buenos Aires: ella me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería, los papeles ministeriales hablaban de un plan para formar un gobierno militar bajo la dirección de un soldado afortunado, etc. etc. etc. En fin, yo vi claramente que era imposible vivir tranquilo en mi Patria hasta que la exaltación de las pasiones no se calmase, y esta incertidumbre fue la que me decidió pasar a Europa”.
El enfrentamiento con Bernardino Rivadavia, entonces ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, se trasladó finalmente a la prensa. Allí, San Martín escribió con dureza al periódico El Centinela: “Sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico retiro. Entonces fue que se me manifestó una verdad que no había previsto. Esa verdad es que yo había figurado demasiado en la revolución para que me dejasen vivir con tranquilidad”.
Respuesta de O’Higgins, quien también era víctima de persecución: “No admiro tanto el tesón con que la facción, la ambición y la demagogia nos persiguen sin cesar, como la inaudita ingratitud de casi todos aquellos que, además de sacarlos del afrentoso yugo español, deben a nuestros sacrificios y a nuestros extraordinarios esfuerzos una existencia y una dicha de que gozan, sin permitirnos ni siquiera el reposo debido a nuestro carácter y a nuestra benevolencia. ¡Qué detestable y espantosa ferocidad!”.
Y como un ruego le pide al destino fuerzas para conservar “la fortaleza, la generosidad, benevolencia y liberalidad de nuestros principios, para adquirir nuevos derechos contra la perfidia y envidia de nuestros enemigos”. “Ejerzan enhorabuena su rabia inquisitorial en nuestras correspondencias privadas, que ellos no encontrarán otra materia más que la misma firmeza y honradez, que no han podido contradecir, de nuestra vida pública”.
Refiriéndose a Bernardino Rivadavia, cuya irresponsabilidad y estilo de gobernar parecen haber inspirado a Mauricio Macri en dos hechos puntuales: el endeudamiento más oneroso de la historia de la Argentina, y el espionaje montado en contra de cientos de ciudadanos, aunque con especial encono hacia su más “odiado enemigo”, Cristina Fernández de Kirchner, O’Higgins, decía: “Hasta la evidencia se podría asegurar que las ocho o diez cartas que veo por su apreciable del 29 de septiembre del año pasado, se han escamoteado como las que he escrito a usted paran en poder del hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino. Un enemigo tan feroz de los patriotas como don Bernardino Rivadavia estaba deparado, por arcanos más oscuros que el carbón, para humillarlos y para la degradación en que su desastrosa administración ha dejado a un pueblo generoso que fue la admiración y la baliza de las repúblicas de la América del Sud”. “Este hombre despreciable, no sólo ha ejercido su envidia y encono en contra de usted, no quedaba satisfecha su rabia; y acudiendo a una guerra de zapa, quiso minarme en el retiro de este desierto, donde por huir de ingratos, busco mi subsistencia y la de mi familia con el sudor de mi frente. Yo nunca lo conocí personalmente y él sólo me conoce por mis servicios a la Patria, y me escribieron desde Buenos Aires que por disposición del gobierno se dieron los artículos asquerosos que aparecieron en los periódicos contra nuestra honradez y reputación”.
A lo que San Martín responde: “Yo había calculado que el desarrollo de las pasiones se experimentaría al concluirse la guerra de la emancipación”. Y sentencia: “Estos males se hubieran remediado, si los hombres que han podido influir se hubieran convencido de que para defender la causa de la independencia no se necesita otra cosa que un orgullo nacional, que lo tienen hasta los más estúpidos salvajes. Pero para defender la libertad y sus derechos se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción, de elevación de alma y por consiguiente, capaces de sentir el valor de los bienes que proporciona un gobierno representativo. Porque el mejor gobierno no es el más liberal en sus declaraciones sino aquel que hace la felicidad de los que le obedecen”.
ARGENTINA 2020; DEUDA EXTERNA
Después de cuatro años de descalabro económico y una toma de deuda inédita en la historia de la Argentina, previa desarticulación de la casi totalidad de las conquistas sociales y la imposición de un estado cuasi policial, en el que el espionaje terminó siendo, como en tiempos de Bernardino Rivadavia, el mecanismo por excelencia del ex presidente Mauricio Macri, para hacer política y negocios, el acuerdo logrado por el Gobierno con los bonistas, como el que se acerca con el FMI y que seguramente será también un triunfo, debe ser aplaudido con fervor y sinceridad, por lo singular en un momento tan difícil, en un mundo tan despiadado.
¿Y ahora, qué?, nos preguntamos. Ahora a pagar, pero con respiro. ¿Y la plata que se esfumó, dónde está? Pues en las cuentas de los que se la llevaron a los paraísos fiscales, a saber: empresarios, ex funcionarios del gobierno de Cambiemos, y en los bancos y las entidades financieras, que siguen haciendo fortunas sin que asome en el horizonte una ley que les acote semejante concentración. Y, por supuesto, en las compañías de energía, en la estructura de la producción de alimentos (el campo) y en las empresas de servicios. Como se diría en el café de la esquina de mi barrio: se la llevaron toda. Y una vez más, la tendremos que pagar entre todos, mientras los asoladores seguirán siendo los propietarios de la matriz económica, aunque infinitamente más ricos. En términos coloquiales: los dueños del país; los que mandan; a los que nunca les pasa nada.
Como ciudadano grito ¡felicitaciones sinceras al presidente de la Nación Alberto Fernández, a su ministro de economía Martín Guzmán, y a la vice Cristina Fernández, cerebro y corazón de una patria que todavía espera ser como la pensaron San Martín y Belgrano! Entonces vuelvo a hacerme la misma pregunta: ¿Y ahora, qué? Y me respondo, en un intento de soñar al revés, como si todo ya hubiera ocurrido y dentro de mi se tejieran con los vestigios diurnos de una revolución de Mayo renacida: ¿No deberíamos animarnos a negociar con nosotros mismos, con la misma dureza con que lo hicimos frente a los bonistas y usureros, pujando contra cualquier flaqueza de conducta, en una negociación despiadada en la que necesariamente deba ganar el coraje que nos lleve a dar ese paso decisivo, el de la justicia y la política, sobre el que fundemos un sistema donde los estafadores y explotadores que asolaron la Nación, ya no se salgan más con la suya?
De no ser así, pensemos en este escenario: quienes nos hundieron ganan las elecciones venideras a la presidencia y reciben, una vez más, un Estado saneado, con una carga de deuda que no los agobiará por años. Entonces, estarán en condiciones de pedir créditos al exterior y de generar una deuda que ¿tendremos que volver a negociar y pagar?
Sí, claro que la patria debe festejar, porque este es un logro gigantesco. Pero un logro con sabor amargo, en medio de una jugada sucia por parte de una oposición que nos endeudó y que no sólo no se llama a silencio ante semejante descalabro sino que, con toda impunidad e impudicia, milita por una desestabilización que los beneficie política y materialmente. Un ejercicio de odio, mezquindad e individualismo insaciables, que ya lleva más de doscientos años. Demasiados para un país tantas veces desangrado. Que esta vez la sangre sea para revivir la gesta de Mayo.
- Los textos de las cartas pertenecen al libro “O’Higgins y San Martín; Sus cartas: Un Mandato de Fraternidad", de los escritores argentino y chileno Pacho O'Donnell y Sergio Martínez Baezade.
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