Economía nacional

Quiénes son los aliados para un modelo económico de desarrollo inclusivo/ Raúl Dellatorre

LAS RESPUESTAS ESTAN CERCA

(Por Raúl Dellatorre (*) , director de Motor Económico y Motor de Ideas) El bienio 2019/2020 está cerrando con un saldo económico de los más funestos en décadas. Al estado de recesión y descalabro del aparto productivo y estatal que dejó el macrismo en 2019, se le sumó una catástrofe sanitaria mundial este año que expuso más crudamente aun las consecuencias de esas dos situaciones condicionantes que dejó la gestión de Cambiemos: una economía en crisis y un Estado desmantelado.

El flamante gobierno de Alberto Fernández eligió, en el plano económico, priorizar la renegociación de la deuda para sacarse ese lastre de encima lo antes posible, mientras atendía la emergencia social de quienes no tenían chance de esperar. Pero sucedió la pandemia, que agotó los tiempos y exigió otras respuestas.

La situación reclamaba cambiar la estrategia, dejar de lado el gradualismo y, al mismo tiempo que se atendiera la emergencia social ahora agravada. Y empezar a sentar las condiciones del país al cual se aspiraba, incorporando las reformas estructurales necesarias para alcanzar esas aspiraciones. Un dato a favor era que la crisis sanitaria había vuelto a poner al Estado en primer lugar, ocupando un rol planificador y ejecutor que nadie podría objetarle. Pero esas facultades sólo se ejercieron parcialmente. En forma insuficiente, debería subrayarse.

La consigna de no circulación para evitar los contagios impuso las reglas, y el Estado no supo o no encontró las formas de aprovechar las excepciones. La parálisis económica, inevitable hasta cierto punto, pareció paralizar también la acción del gobierno en diversas áreas. Innecesariamente. Por el contrario: la situación reclamaba un Estado más presente que nunca.

Mientras tanto, se mantuvo la estrategia de priorizar la negociación de la deuda para estirar plazos y reducir intereses. Con dificultades y demora, esa meta se alcanzó. Lo alarmante es que los beneficios de esos resultados prácticamente se esfumaron en cuestión de días.

Una nueva crisis

¿Cómo es posible que sin tener que afrontar compromisos de pagos de deuda, con balanza comercial favorable y sin viajes de residentes argentinos al exterior, el gobierno esté enfrentando una crisis externa?

¿Cómo fue que el dólar volvió a ser el principal dolor de cabeza de la economía? Y no sólo eso, sino además factor principal de desgaste del gobierno y causa de inestabilidad política.

Una respuesta posible es que el gobierno empezó a pagar los costos de no haber implementado los cambios estructurales cuando tuvo la oportunidad. En los primeros meses y en el marco de la crisis de la pandemia.

Respetó a los bancos cuando éstos boicotearon la ayuda a los sectores de la producción más necesitados. Respetó a exportadores que demoraron la liquidación de exportaciones con la complicidad del sector del agronegocio que retuvo los granos producidos presionando para arrancarle al gobierno una devaluación. Respetó a los capitalistas nacionales con mejores vínculos con el exterior, cuando éstos reclamaron dólares a precio oficial para pagar supuestas deudas externas, incluso antes de su vencimiento. También ellos, tratándose de anticiparse a una eventual devaluación. Y dejó pasar mucho tiempo antes de sentar a los sectores pyme a la mesa de las autoridades para buscar acuerdos sobre un modelo de desarrollo.

El poder de los grupos económicos

Cuando a Alberto Fernández se le cuestionó que al Acto del 9 de Julio en Olivos haya convocado a representantes del Grupo de los 6 y no a las entidades pymes, reconoció que había cometido un error. Pero negó que “el poder político de los grupos económicos” (como lo definió Alfredo Zaiat en Página 12) le hubiera fijado las reglas al gobierno. “Tengo claro que con ellos sólos no se puede, pero sin ellos tampoco”, explicó.

Quizás esta frase defina el núcleo del conflicto, y las preguntas que se puedan hacer sobre la misma, más las respuestas que se tengan, empiecen a echar luz sobre la cuestión clave.

Si es “con ellos”, ¿qué lugar deberían ocupar? Que la voluntad del gobierno sea que estos grupos de poder no le fijen las reglas, está bien. Lo que no se puede ignorar es que estos grupos económicos pretenden, siempre, fijarle las reglas al gobierno y a la economía. Las presiones de las últimas semanas sobre el mercado cambiario, la amenaza permanente de corrida y desestabilización, no es otra cosa que la expresión de esa voluntad. Los grandes bancos (locales y extranjeros), los capitales concentrados, no quieren que el gobierno los controle. Quieren que “genere confianza” liberando los mercados, de bienes y de capitales. Así ellos se encargarán de construir “la economía eficiente” mientras el gobierno se limita a “administrar la cosa pública”.

No necesitan decirlo. Esa fue siempre la pauta de comportamiento de estos capitales. ¿Se llega por esa vía a un modelo de desarrollo económico inclusivo, social y geográficamente armónico? La respuesta es que no.

Otro modelo, otros aliados

Si es “con ellos”, que sea ocupando el lugar que les corresponde en un modelo de desarrollo productivo que el gobierno defina. Y que esta definición sea dada de la mano de los aliados naturales de estas políticas, como son las pymes productivas, el movimiento cooperativo, organizaciones sindicales con conciencia de un modelo de país independiente, las organizaciones de la producción popular, las nuevas organizaciones rurales formadas en respuesta y oposición a los postulados de la Mesa de Enlace que sólo consiguen mayor concentración y expulsión de agricultores.

Un buen ejemplo de este tipo de encuentro intersectorial para discutir un “modelo de país” y sus necesidades lo dio, recientemente, la convocatoria denominada Espacio Producción y Trabajo, que reunió a más de dos docenas de entidades de este tipo en torno a un proyecto que “se sustenta en la producción nacional, el mercado interno, un agro orientado a construir un país y no una factoría exportadora, con posibilidades de empleo digno para todos y un modelo de producción amigable con el medio ambiente y la distribución federal”.

Una propuesta que invita a “pasar de la resistencia a una instancia propositiva”, y a ganar fuerza en una confrontación inevitable, con “otros sectores que buscan mantener sus privilegios en desmedro de las grandes mayorías”. Una señal clara de cuál es el modelo económico y el país que se busca. Y con quién se lo construye.

(*) Director De Motor Económico/ Periodista / Economista/ Trabaja en Página 12/ TV Pública y la FM 530

···