Economía nacional

Por Eduardo Blanco. Instituto para la Producción Popular (IPP)

Los repartidores precarizados buscan unirse contra la mentira de la “economía colaborativa”

Este viernes, los repartidores de las denominadas “empresas de plataforma” han decidido un paro de actividades para reclamar que se atienda su pedido de trabajar con mayor seguridad, en medio de la crisis del coronavirus, y que se aumente el pago por los envíos que realizan para empresas como Rappi, Glovo, Pedidos Ya! y UberEats. Se trata de trabajadores que se han convertido en el paradigma de la precarización laboral. Una modalidad explotadora que crece en la Argentina y que tenderá a ser mucho mayor con los cambios de hábitos que surgen a partir de la pandemia. Mientras tanto, comienzan a aparecer cooperativas de trabajadores que intentan ser una alternativa a estas falsas “economías colaborativas”.

“¿Querés ser tu propio jefe? Tu ganancia se establece por cada entrega, más propina. Ya no tenés salario sino ganancia, encima doble”. La propuesta suena tentadora y es una de las formas que usa la empresa colombiana de repartos domiciliarios de comida Rappi para sumar a nuevos “emprendedores”. Sus competidoras: Glovo, Pedidos Ya! y Uber Eats, prometen un panorama muy similar. Pero a poco de empezar a pedalear o subirse a la moto de los encargos, los repartidores comprueban lo lejos que se está de ese sueño empresarial.

La Asociación de Trabajadores de Reparto (ATR), uno de los gremios que nuclea a los 40 mil repartidores que -se calcula- tiene el sector, convocó para este viernes a un cese de actividades en reclamo de mayores medidas de seguridad e higiene por los riesgos del coronavirus y un aumento del 100% en el pago de las entregas, que hoy está en unos 60 pesos promedio. Reclamos acordes al contexto actual, que se suman al histórico pedido para que les reconozcan sus derechos laborales. Porque la autodenominada “economía colaborativa” requiere sacrificar obra social, vacaciones, salario, aguinaldo y seguro de vida, en nombre de la “libertad de elegir tus horarios y tu carga laboral”.

Es el segundo intento de medida de fuerza durante la pandemia. El primero, realizado el 22 de abril, tuvo un parcial acatamiento y las empresas optaron por ignorarlo. El dato no es menor para analizar este tipo de actividad. Las apps no se reconocen como empleadoras, para eludir todo tipo de responsabilidad laboral y penal, por eso obligan a sus trabajadores a presentarse como cuentapropistas, pero tienen en sus manos herramientas típicas de los peores empresarios.

Los trabajadores saben que si rechazan un viaje se los sanciona bajándole la calificación o bloqueando temporalmente su cuenta. Los repartidores que consiguen entre 10 y 15 repartos diarios (de 8 a 10 horas de trabajo) pueden llegar a ganar entre 25 y 35 mil pesos mensuales, ingresos inferiores al mínimo necesario para no caer en la pobreza, que es de casi 39 mil pesos. Con márgenes tan escasos, es difícil lograr adhesiones. Bajo estas amenazas y sin ningún marco legal que los proteja, es difícil lograr adhesiones al paro.

Aquel paro del 22 de abril fue una medida tomada simultáneamente en cinco países. Uno de ellos fue España, donde las empresas llegaron a pagar un bono de hasta cinco veces el valor de un viaje para romper la huelga, un premio que desapareció apenas se superó la protesta. . Ese poder discrecional y la falta de regulaciones específicas, en la mayoría de los países en los que operan, les permiten a las “empresas de plataforma” debilitar la posición de los trabajadores. En la Argentina, los repartidores buscan defenderse mediante la agremiación. Primero desde el sindicato de motoqueros y luego, organizando otros dos gremios que representan sólo a los trabajadores de las aplicaciones. Sin embargo, todavía no se ha logrado un mínimo marco legal que los ampare.

Unirse en el reparto

Estas características de las plataformas “colaborativas” responden a un esquema global. Las mismas miserias pueden verse en cualquier país en el que estas empresas ingresan gastando fortunas en campañas de difusión. Siempre para salvar la cuestión legal, obligan a los interesados a inscribirse como cuentapropistas. Luego publicitan que crean miles de fuentes de trabajo, pero no tienen trabajadores a cargo. Todo es ganancia.

El mecanismo es tan perverso que, a menos de una década del lanzamiento mundial de aplicaciones como Uber, Deliveroo, Glovo, y Rappi, los repartidores empiezan a buscar cómo organizarse para salir de la trampa “microemprendedora” y se agrupan en cooperativas para hacer efectiva la consigna de no tener patrones, pero bajo un régimen justo.

Esa salida ya está siendo probada en algunos países europeos. Molenbike (Bélgica), Cleta (España) y CoopCycle (Francia) son cooperativas de trabajadores que nacieron a partir de la experiencia común de haber atravesado la explotación de las apps. Como afirman en CoopCycle, buscan construir “una alternativa enfocándose en algo más que las ganancias”.

En la Argentina también hay intentos de cooperativizar estos trabajos. Desde 2018, en Rosario funciona Coopexpress Logística Urbana, formada por varios ex repartidores de las empresas de plataforma. En Córdoba, la Cooperativa de Motomandados arrancó en marzo de 2019 y en Resistencia (Chaco), una cooperativa homónima de la cordobesa está cumpliendo un servicio solidario por estos días llevando gratuitamente remedios y alimentos a los jubilados de escasos recursos.

Una clave de estas cooperativas debería ser justamente evitar el desgaste en una competencia absurda con las multinacionales del reparto y orientarse a cumplir la función de atender las necesidades sociales que requiera la comunidad local. En ese esquema, el Estado les puede brindar oportunidades de crecer, incluso fomentando la articulación con otras organizaciones de la zona para fortalecer la red de contención necesaria en estas experiencias.

Otra tarea estatal es obligar a las empresas líderes a cumplir las leyes laborales vigentes, lo que implica no aceptar sus argumentos de que son meros intermediarios entre el consumidor y un “emprendedor”, de modo que todos los trabajadores accedan a un trato digno en lugar de someterse, obligados por la circunstancias, a un régimen precapitalista.

El viaje por la reivindicación de los repartidores recién empieza.

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