Medios y Tecnología

Tiempos liberales, tiempos de abandonos: entrega de tecnología nacional

(Por Luis Eduardo Swim) (Especial para Motor Económico) El 2 de Septiembre de 2014 – con motivo de la conmemoración del Día de la Industria de ese año…- Mauricio Macri, entonces Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires por el PRO, se refirió críticamente al “despilfarro del Estado en empresas tecnológicas que no hacen falta y empresas satelitales que no funcionan”…

Unos pocos días después, en ocasión de una charla sobre la Fisica aplicada a proyectos tecnológicos estratégicos, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA, un investigador de esa casa de estudios se dirigió a la audiencia al introducir una de las presentaciones de ese encuentro con la frase “hoy todos somos INVAP”…en respuesta a aquellas declaraciones del ingeniero Macri, hoy presidente de la Nación.

Con motivo de la reciente difusión pública de nuevas amenazas de desmantelamiento del área de Ciencia y Tecnología (C y T), en esta ocasión debido al anuncio presidencial de la cancelación de contratos del Estado Nacional que condicionan la continuidad de INVAP (luego corregido parcialmente por otros funcionarios con el anuncio de un plan de pagos para la deuda contraída por el Estado por esos contratos…), vale la pena recordar esas definiciones conceptuales del actual presidente 4 años atrás respecto de las anteriores políticas implementadas en el área de ciencia y tecnología. Y más aún vale recordar hoy la firmeza y el profundo sentido solidario de la postura de aquel profesor de la Universidad de Buenos Aires en aquella oportunidad. Sentido cuya importancia revisaremos en las líneas que siguen.

Las experiencias vividas en las últimas semanas en relación con la situación de INVAP (en particular) y la situación del sistema de C y T (en general), mostraron – sin embargo- una novedad histórica en cuanto a los síntomas de reacción por parte de la comunidad, su clase dirigente y buena parte de la prensa.

Más allá de otras amenazas que hoy cruzan a esta sociedad de manera aún más apremiante, es importante vincular esa reacción social y cultural con la situación de todo el sistema científico – tecnológico y su historia reciente, y ponerla en valor más allá de la coyuntura ante un gobierno cuya indiferencia y desprecio frente al impulso a los desarrollos científico-tecnológicos en el país ya era conocida públicamente desde antes de su propia elección en 2015.

Por muchos años, nunca se expresó de forma tan contundente -y políticamente transversal- la inquietud de la sociedad por la defensa de logros alcanzados en este país en el área de Ciencia y Tecnología como en estas últimas semanas. Y el punto más notorio de la reacción social y mediática se dio frente a la amenaza concreta a la continuidad de trabajos y contratos estratégicos del Estado con INVAP.

Como hemos expuesto y descripto en contribuciones anteriores - referidas a la construcción de Soberanía Tecnológica- INVAP es una empresa nacida del riñón del sistema nacional de C y T, nutrida con profesionales formados en sus Universidades e Institutos. En términos de formación, de orígenes y de desarrollo, INVAP y el sistema científico-tecnológico están directamente vinculados.

Como INVAP se nutre de los profesionales y técnicos formados por el sistema público de C y T (a través de Universidades e Institutos Nacionales y Provinciales, muchos de ellos dependientes del CONICET), sin la contribución de aquel no hubiera sido posible el nacimiento, crecimiento y desarrollo actual de la empresa (con cerca de un 90 por ciento de sus cuadros técnicos y profesionales provenientes de las Universidades públicas).

Hay entonces una simbiosis virtuosa, entre el sistema de instituciones educativas públicas de nuestro país (tales como INTI en el apoyo al desarrollo industrial, CONAE y ARSAT en el área de las actividades especiales, CONICET en la investigación científica, las Universidades públicas, en la formación de RRHH, INTA en la innovación agropecuaria, entre otros) e INVAP, en la cual esta última representa – a la vez- un faro-guía y un espejo. Un faro porque “ilumina” el sendero, el camino de lo que el sistema nacional de Ciencia y Tecnología puede recorrer para alcanzar metas tecnológicas relevantes y fortalecer así el sistema productivo…Y es a la vez un espejo, porque devuelve al sistema la imagen de lo posible, del ejemplo práctico de las capacidades que este tiene y/o puede alcanzar.

Sería extraordinario contar hoy con múltiples núcleos de desarrollo tecnológico al estilo de INVAP, ó – por ejemplo- de YTEC (aún con muchas diferencias entre sí por su composición y su origen, por la diferente envergadura y capacidad económica, etc.). Pero no son muchos los casos. Si lo fueran, estaríamos viendo y viviendo en un país consolidado en términos de políticas claras en el área de Ciencia y Tecnología, y no en un campo de batalla en el cual a los científicos y tecnólogos cíclicamente se los discrimina y se los envía “a lavar los platos”...(ó a manejar taxis). O – peor aún- se los expulsa al exterior.

Sin embargo, hay ciertas asimetrías con los institutos e instituciones académicas que es central resaltar. INVAP es una empresa, que no tiene presupuesto del estado (nacional ó provincial) y que vive exclusivamente de lo que vende como producción tecnológica de avanzada en áreas estratégicas. Por lo cual requiere - por un lado- el apoyo político de ese Estado para apoyar la gestión de sus contratos en el extranjero, y - por el otro - que el mismo Estado honre sus compromisos contraídos a partir de los contratos vigentes con empresas e instituciones públicas.

Es importante - al reconocer a INVAP y salir en su defensa - que en estos días se tengan en claro estas diferencias y similitudes, y entender que – aún con diferentes condicionamientos - la defensa de sus logros debe pasar también por la defensa y el apoyo a ese sistema nacional de C y T que – aún maltrecho- es capaz de generar y brindar sus mejores soldados para la causa del desarrollo científico y la soberanía tecnológica de este país.

Es un engaño hacia el futuro el reconocer los logros de INVAP por un lado, y por el otro ningunear al sistema que nutre a la empresa de intérpretes y constructores tan bien formados y demostradamente exitosos, como sucede en la Argentina también con otras experiencias productivas exitosas.

No es con el seccionamiento y la minimización de la actividad científica, con un lote reducido de talentos destacados devenidos a emprendedores de garaje, que se construye una empresa de tecnología…

De ningún modo el núcleo central de la inversión de una Nación en Ciencia y en Tecnología puede estar a merced de un capital cuyo único concepto rector de negocios para la promoción del desarrollo tecnológico sea el saber “cómo entro?, cómo salgo?, y cómo me la llevo…??” (arenga de algunos empresarios privados - integrantes del Gran Jurado – en el prestigioso concurso de Planes de Negocios con Base Tecnológica IB 50K, a investigadores y profesionales del reconocido Instituto Balseiro en ocasión de la ceremonia de Premiación en Bariloche, Noviembre 2017).

Es menester – en cambio- respaldar la preservación de las capacidades estratégicas alcanzadas en años que fueron (indiscutiblemente) de intenso desarrollo tecnológico, y en promover la custodia y fortalecimiento del know-how en áreas críticas, en conservar la memoria tecnológica vía un trasvasamiento generacional de conocimientos y de conceptos de desarrollo, identificando áreas y modelos tecnológicos claves.

Para que la construcción de empresas tecnológicas de vanguardia con capacidades estratégicas sea posible, es vital el rol del Estado y la administración inteligente de su poder de compra, que es el que brinda el respaldo vital que una empresa tecnológica necesita para poder salir a competir exitosamente en el extranjero (como sucede – por otra parte- con muchas de las empresas de tecnología e innovación en el mundo desarrollado, arrancando – como ejemplos conceptuales de fomento- por los EEUU de América y herramientas tales como el “Buy American Act” del año 1933).

Pero es también crucial que los tecnólogos que pertenecen a las instituciones que componen el sistema nacional de C y T, puedan/sepan reconocer primero y defender decididamente luego, aquellas políticas proactivas de ciencia y tecnología que les permitieron desarrollarse genuinamente en los años anteriores, más allá del actual ruido mediático, más allá de muchos engaños y difamaciones…

Es esta conciencia cultural y social, que vincula en una misma matriz la capacidad de llevar adelante desarrollos tecnológicos de envergadura, y el reconocimiento de una identidad tecnológica con una mejor calidad de la educación y -por lo tanto- de la calidad de vida de la población, la que existe en los paises desarrollados (ejemplos emblemáticos: Alemania, Francia, EEUU), en los cuales las amenazas de desaparición de empresas estratégicas claves (Siemens en la Alemania de los 80´s, por ejemplo) no pasa desapercibida para la sociedad tecnológica, ni aún en los ambientes académicos políticamente más conservadores...

Mientras se lucha a nivel nacional por modificar y revertir el modelo “CEOcrático”, hay que cuidar las semillas, y revalorizar el camino recorrido en más de una década, para no volver a empezar desde cero, para que más temprano que tarde el sol vuelva a iluminar los laboratorios de este país…

Este es también un camino de construcción de soberanía tecnológica (…(”oppure si muove…”!)).

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