Por Francisco Dos Reis
Antes de hablar de transformación, hay que tener un plan industrial
(Por Francisco Dos Reis (* )) El reciente anuncio del Gobierno nacional sobre el "Programa de Transformación Productiva", que pretende brindar apoyo a las empresas que deben “reconvertirse”, no hace más que enfatizar las preocupaciones que tenemos los empresarios pymes en estos largos meses de caída.
Cambiemos pretende tapar sus deficiencias a la hora de tomar medidas con este tipo de planes, que no están sustentados en ningún proyecto a largo plazo. En este caso, el Gobierno quiere ocultar que sus políticas han llevado a las micro, pequeñas y medianas empresas a un escenario extremadamente delicado, producto de la apertura indiscriminada de las importaciones, los aumentos de los costos laborales y la destrucción intencional del mercado interno.
Estamos viviendo una baja del 9 por ciento por la disminución de exportaciones y el poco dinamismo en el mercado interno. Al mismo tiempo, las importaciones aumentaron 3 puntos su consecuente crecimiento en la participación en el mercado interno, mientras la producción de nuestras empresas es forzada a reducirse en un 40 por ciento. El desplome es generalizado y no podemos hablar de sectores productivos en crecimiento.
Entonces ¿Cómo pretende el Gobierno transformar una industria en otra? ¿Qué hará con los trabajadores y empresarios, que llevan años de trabajo y experiencia en un rubro? Y aún más importante ¿Para qué? ¿Con qué objetivos, bajo qué proyecto se busca esta supuesta transformación? Estas son algunas de las preguntas que los empresarios pyme nos hacemos cuando escuchamos este tipo de propuestas, aisladas, no consultadas y claramente erradas.
La idea de la “reconversión” es de por sí difícil, ya que modificar la vida de trabajadores y empresarios que han puesto todo en la creación de su industria, en el rubro que saben manejar, es casi imposible. No se puede dar vuelta una empresa de un día para el otro. No obstante, en caso de lograr esa aceptación, hoy no existen rubros que tengan proyección de fortalecimiento, ni tampoco el Gobierno direcciona el rumbo a seguir y los sectores a los que apoyará en la reconversión. Una prueba contundente de la improvisación de la medida.
Hay un cúmulo de problemáticas a resolver antes y para ello se necesita una planificación, que hoy el Gobierno no presenta. El retroceso del mercado es contundente como consecuencia de la pérdida del salario, los despidos y la reducción del consumo; la baja de la rentabilidad por el aumento de costos laborales y el tarifazo; los costos financieros altísimos; y la apertura de las importaciones. Todo ello genera una bomba de tiempo que el Gobierno debe desactivar con un plan y no tratando de meter el problema debajo de la alfombra mientras firma acuerdos para frenar los despidos sólo con los espacios afines y sin representación real de los trabajadores y empresarios.
Es imprescindible que se establezcan prioridades de producción, como también formas concretas de insertar a las pymes en esos esquemas. Debe detallarse un modelo de desarrollo industrial para que no sea un albur. Antes de hablar de transformación, hay que tener un plan industrial.
*Presidente de la Central de Entidades Empresarias Nacionales (CEEN).
(*) Nota exclusiva de Motor Económico
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