Opinión

Por Ana María Ramb

Dicen que Fidel ha partido, pero...

(Por Ana María Ramb (*)) 1º de enero de 1959. Lluvia de papelitos blancos caía desde ventanas y balcones sobre los jóvenes que recorríamos Callao para llegar a la embajada, en la avenida Santa Fe. ¡Cuba libre! era el grito que nos hermanaba a todos, militantes y “sueltos”.

Los revolucionarios entraban triunfantes en La Habana; barbudos, bellos y casi tan jóvenes como nuestros amigos mayores, sus miradas desde las fotos vistas en las pizarras del diario Crítica parecían interpelarnos: “¡Aquí está la Revolución!”, decían. Otro mundo era posible, y despertaba en el Caribe. “¿Y por qué nosotros no?”, fue la pregunta que prendió en muchas y muchos. Otra foto: el líder de aquella Revolución le hablaba al pueblo, y una paloma se posaba en su hombro. Un anuncio del profundo humanismo que inspiraría siempre su vida, sus actos y la política de su gobierno, generoso al compartir con los más postergados los más nobles logros de su socialismo, aun en medio de un bloqueo genocida.

24 de marzo. Larga noche del 76. En la Argentina, el cielo se parte en dos, y el infierno toma por asalto la fracción más diáfana. En cualquier esquina nos ametrallan los sueños, mientras en túneles secretos trituran todo vestigio de vida. “Hay que resistir”, nos decimos. Está Cuba, está Fidel, y eso nos marca el rumbo, ese infierno no puede durar. Cierto que el Che ya no está, pero sigue enviando su luz. Imposible recorrer nuestra vida personal y como sociedad sin que Cuba y Fidel estén allí, dándonos aliento, diciéndonos que luchemos por otro mundo, porque un mundo mejor es posible. Más justo, más armonioso, más amable en el sentido de ser amado.

25 de noviembre de 2016. Dicen que Fidel ha partido. Pero no. Fidel está ahí, siempre muy cerca de nosotros, con banderas y valores en alto, desalentando mezquindades, motivando las ideas y sentimientos más nobles en todos. ¡Hasta la victoria siempre, comandante!

(*) Periodista. Escritora. Editora

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