Opinión

Por Clara Razu

“Doña me compra… sabe, me quedé sin laburo, y tengo tres pibes”

(Por Clara Razu ( Especial para Motor Económico*)) Crece el desempleo, cae la actividad económica. La revolución de la alegría no incluiría a todos y todas.

La tasa de actividad es la relación entre la población económicamente activa (ocupados más desocupados) y la población total. Durante el tercer trimestre la misma alcanzó en el Gran Buenos Aires el 46 por ciento registrando un aumento con respecto al mismo período del año anterior del 2 por ciento, que se explica básicamente por el número de personas que se encuentran desempleadas.

La tasa de empleo que mide la relación entre ocupados y población total, registró en el mismo lapso una caída del 3 por ciento, mientras que el desempleo llegó al 10,6 por ciento, verificándose así un aumento del 80 por ciento con respecto al mismo período del año anterior. El subempleo, que mide la relación entre las personas que trabajan menos de 35 horas semanales y que desean trabajar más y la población económicamente activa sufrió un aumento del 53 por ciento.

La dureza de estos datos se corresponde con la caída del indicador que mide la actividad industrial en la Provincia de Buenos Aires. El ISIM, Indicador sintético de la Industria Manufacturera de la Provincia de Buenos Aires, registró una baja del 8 por ciento con respecto al mismo período del año anterior y una baja acumulada en lo que va del año del 4 por ciento.

Las actividades industriales que más pérdidas sufrieron fueron la alimentación, tabaco, textil y cueros, metalmecánica, caucho, y papel y cartón. O sea las más “trabajo intensivas”. La caída del consumo empujó a la inversión al descenso, registrándose también bajas en la industria de maquinarias y equipos (6,3 por ciento menos que en el tercer trimestre del 2015).

Ningún dato de la realidad permite augurar un repunte que saque a la economía de esta profunda recesión que aún no tocó fondo.

Aún en esta fase recesiva del ciclo, con capacidad industrial ociosa y apertura de importaciones, el índice de inflación sigue en suba, siendo “la inflación núcleo”, o sea los rubros vinculados con la alimentación, indumentaria y servicios, los más afectados.

Ante este panorama, a los desempleados y los subocupados, se suman miles de compatriotas a las filas de los pobres e indigentes. Crecen así los merenderos que se transforman en comedores y los pedidos de donaciones de alimentos, al mismo tiempo que aumentan las fuerzas de seguridad atentas a reprimir posibles “desbordes”.

  • Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico

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