Por Clara Razu
En economía no hay lugar para la xenofobia
“Si me pedís que vuelva otra vez donde nací, yo pido que tu empresa se vaya de mi país… Y así será de igual a igual, Y así será de igual a igual…” León Gieco “De igual a igual”
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico (*))El despertar sorpresivo de la xenofobia fue ampliamente difundido en las últimas semanas. El argumento del “sentido común” se escuchó repetidamente en distintos programas televisivos del rubro “hablemos sin saber”, “los extranjeros, vienen a nuestro país, van a nuestras escuelas, a nuestras universidades, se atienden en nuestras hospitales, y no pagan nada, lo hacen gratis”, es un ejemplo de lo dicho.
Además del discurso del senador peronista Miguel Ángel Pichetto, en las últimas horas, el diputado del frente renovador Eduardo Amadeo, hizo un requerimiento a las universidades nacionales para que informen la cantidad de alumnos extranjeros existentes en su matrícula
En Argentina, los extranjeros son el 4,6% de la población total, lo que la sitúa como el país latinoamericano con mayor recepción de inmigrantes, pero lejos de guarismos como el 14% que se verifica en Estados Unidos o el 9% de algunos países europeos.
El último censo, de 2010 arrojó el dato de 1,8 millones de inmigrantes. Las comunidades más grandes son la paraguaya, con medio millón, y la boliviana, con 350 mil.
Desde lo económico cabe recordar que la educación, la salud y la seguridad, constituyen en economía los denominados Bienes Públicos, o sea bienes de cuyo consumo no se puede excluir a nadie, a diferencia de los bienes privados, que son la mayoría y que están integrados por aquellos que se pueden individualizar y por lo tanto tienen un precio, de manera tal que solo acceden a ellos quienes tienen dinero para pagar ese precio.
La salud, la educación y la seguridad constituyen bienes cuyo consumo no son excluyentes por lo que, ante la dificultad de establecer un precio individual por el mismo, se los financia a través de los impuestos. Estos impuestos forman parte de la recaudación tributaria del país y está integrada en términos generales por impuestos directos e indirectos.
Los impuestos directos son aquellos que no son trasladables al precio final del bien como ganancias o bienes personales; los impuestos indirectos son trasladables al precio final de los bienes, y entre ellos se destacan el IVA, los impuestos internos o el impuesto a los combustibles.
Dentro de la recaudación impositiva de nuestro país, los impuestos indirectos constituyen el 34% de la recaudación total. Por sus características estos impuestos no se discriminan, o sea forman parte del precio final del bien y son pagados por todos los habitantes del país independientemente de su nacionalidad y condición. Cada vez que una persona compra un paquete de fideos, 1 kg de pan o 1 botella de gaseosa se pagan impuestos internos, así sea extranjero o local, residente o turista, estos impuestos son pagados por todos sin posibilidad de evasión.
La actividad económica es desarrollada por ciudadanos locales y extranjeros a través de la cual producen los bienes y servicios que luego serán consumidos mediante el pago de los precios de mercado. A ella se agrega el valor fuerza de trabajo, esta contribución es la que se remunera y permitirá a quienes contribuyen con ella consumir los bienes que producen. Estos bienes y servicios producidos no son gratuitos ni libres, son económicos y privados. Los impuestos resultantes de esa producción financian los bienes públicos que no son gratuitos.
Si los argumentos económicos son más simpáticos al par el equipo de gobierno que los argumentos humanitarios y sociales, entonces deberían revisar los números de la economía y medir el flujo real generado por los extranjeros, y de allí obtener cual es su contribución impositiva (los impuestos indirectos constituyen un porcentaje del producto bruto interno), claro que también podrían hacer esa cuenta para las empresas de capital extranjero que remiten sus utilidades al exterior, en dólares, moneda que no emitimos, y que se obtiene a través del endeudamiento…pero esa es otra historia.
(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
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