Por Daniel Catalano
Hacernos cargo
(Por Daniel Catalano (*)) Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia, el movimiento obrero ha demostrado en las calles su capacidad de movilización frente a las políticas de ajuste. Sin embargo, mientras los trabajadores están unidos y los dirigentes sindicales enfrentados, el poder político avanza en reformas legislativas lacerantes para la clase trabajadora. El sindicalismo se encuentra frente a un desafío histórico: resistir en unidad ante el modelo económico neoliberal.
Nuestro país atraviesa una etapa de restauración oligárquica que ha vuelto a imponer un modelo económico neoliberal. Las recetas que en repetidas oportunidades llevaron a nuestro país a la ruina y pusieron a nuestro pueblo de rodillas vuelven a ser la bandera de un Gobierno que llegó al poder con una estafa electoral, prometiendo conservar los derechos conquistados. Con un discurso de diálogo e institucionalidad, desplegaron las fuerzas represivas desde el primer día, burlaron todas las normas y retiraron la presencia de los resortes del Estado de los lugares donde más hacían falta.
Frente a un modelo que decidió profundizar los desequilibrios económicos y sociales, que devaluó la moneda para diluir el poder adquisitivo del salario, que cerró paritarias a la baja ante una inflación desatada y alentada desde el mismo Poder Ejecutivo, el sindicalismo se encuentra ante una encrucijada histórica.
Distintos actores de la política y la sociedad depositaron su confianza y expectativas en que los sindicatos pongan freno a este modelo económico y a la pérdida de derechos. Pero si queremos que los sindicatos vuelvan a incidir en el rumbo de nuestro país como alguna vez lo hicieron, debemos revertir una realidad adversa: el sindicato más fuerte es el de los no afiliados. Debemos hacernos cargo de nuestra condición de clase y revertirla. Debemos afiliarnos, involucrarnos en la vida de los sindicatos y dar pelea a las dirigencias burócratas y anquilosadas, ganar la conducción de esos espacios y poner las estructuras a disposición de los trabajadores.
Es necesario avanzar hacia la unidad. Pero esto no debe malinterpretarse. El movimiento obrero está unido, porque el movimiento obrero son los trabajadores. Son ellos los que exigen que los dirigentes nos unamos para oponer una resistencia real y detener el avance de este proyecto neoliberal. La dirigencia gremial está fracturada, y aunque acusa recibo de la necesidad de construir unidad, sus tiempos de maduración no son acordes con las necesidades de los trabajadores y del pueblo, que son quienes marcan el ritmo.
Debemos resistir a las políticas que transfieren recursos de las clases populares a los sectores más concentrados de la economía y defender los derechos que ganamos durante los últimos doce años gracias a un proyecto nacional e inclusivo. Pero de nada sirve quedarnos en la resistencia si no somos capaces de poner en marcha un proyecto político transformador, que vuelva a tener la inclusión social como bandera, y a las grandes mayorías como beneficiarias. Mientras algunos dirigentes juegan a la rosca política regidos por intereses mezquinos y egos personales, en el Congreso Nacional se sancionan leyes que vuelven a perjudicar a todos los trabajadores. Leyes extranjerizantes, pensadas para facilitar el saqueo de nuestros recursos por parte de grandes corporaciones internacionales; y esto sucede con la complicidad de algunos diputados y senadores que hasta diciembre habían trabajado en el sentido contrario, enrolados en la lógica de un proyecto popular.
La sanción de la “ley antidespidos”, que fue promovida, legitimada e impulsada por los trabajadores y luego consagrada en la masiva movilización del 29 de abril, demostró que es posible generar un correlato de la realidad del pueblo en los pasillos del Congreso. Pero eso requiere de nuestra organización, unidad y movilización. La débil reacción de buena parte de la dirigencia gremial ante el veto de esa ley, demuestra que falta mucho trabajo para lograr que estas estructuras estén realmente al servicio de las mayorías.
A su vez, la Marcha Federal del 2 de septiembre demostró que es posible organizarnos a nivel nacional y que, en definitiva, somos mayoría los que queremos que las estructuras sindicales, las organizaciones políticas y sociales y las organizaciones libres del pueblo estemos trabajando unidas, codo a codo y en el mismo camino a favor del trabajo, la producción y el desarrollo. Para evitar que este gobierno nos continúe arrebatando los derechos hace falta caracterizarlo bien. Entender cabalmente sus motivaciones y su funcionamiento hasta en lo más mínimo, para partir de un mayor grado de conciencia y de capacidad de comprensión. Conocer cada uno de los intereses que intervienen en el poder de nuestro país. Sólo así podemos anticiparnos, dar batalla en el plano cultural, en el plano social y en el político, utilizar nuestras mejores armas para revertir la restauración neoliberal.
Debemos establecer estrategias colectivas para hacer las lecturas correctas desde las que planifiquemos nuestra resistencia, avanzar en la construcción de nuevas mayorías que realmente contengan a los intereses populares y se planten contra quienes quieren volver a sumergirnos en la pobreza y el hambre. Las estrategias deben estar supeditadas a los mayores intereses nacionales y populares. Tenemos que partir de las enormes coincidencias que tenemos quienes siempre nos paramos en la vereda del pueblo, y poner como contrapunto una contradicción principal, que es la de los grandes intereses que guían a los paladines de la ceocracia.
Es hora de que los trabajadores seamos capaces de pensar qué modelo de país queremos. No podemos permitir que un bono nos marque la agenda cuando sabemos que la recomposición del salario debe realizarse mediante paritarias. No podemos permitirnos creer que el objetivo es un bono social o que el Gobierno entregue leche, alimentos o recursos para sostener comedores. Ningún modelo de inclusión puede basarse en la contención del colapso social, mientras las principales transformaciones tienen como consecuencia directa la marginación de más y más trabajadores.
Es hora de que volvamos a confeccionar un programa del movimiento obrero, como fue el de Huerta Grande, el de La Falda, el de la CGT de los Argentinos. Hora de que los trabajadores pensemos en la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. De que decidamos qué futuro queremos para nosotros, para nuestros hijos y para la posteridad. Hora de decidir si dejamos las riendas de nuestro país libradas a la voluntad de un puñado de cipayos para que nos sigan entregando, o nos hacemos cargo de nuestro destino y construimos una verdadera alternativa nacional, popular y democrática que nos contenga a todos.
- Secretario general de la seccional Capital de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE)
(*) Fuente: Revista Turba
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