Opinión

Por Lic. Alejandro Marcó Del Pont

La píldora de la vigilancia

(Por Lic. Alejandro Marcó Del Pont) Diferentes países y sus gobiernos suelen transitar por caminos incomparables. En Latinoamérica los logros sanitarios y sociales alcanzados hacen apenas unos años se están viendo desbaratos por el impulso de la nueva clase conservadora que asumió el poder.

Ejecutando recortes presupuestarios en salud, enquistados tras el rutinario y nunca agotado discurso del despilfarro y la eficiencia, con pretensiones de lograr un ahorro que equiparará los desequilibrios fiscales de las aplaudidas y añejas políticas de austeridad.

En otros países se imaginan alternativas contrapuestas a la poda de medicamentos cubiertos por los Estados; se piensa la idea de una píldora de vigilancia, con el fin de asegurar que las prescripciones médicas sean cumplidas al pie de la letra por los pacientes.

¿Están tomando los pacientes los medicamentos prescritos como lo indique el médico? De lo contrario, el plan de recuperación no funcionará como se lo imaginó. Y no solo no se obtendrán los resultados esperados, sino que resultara más caro por el desperdicio de medicinas erogados por fondos privados o públicos que los hayan adquirido y terminaron malgastándose. Aparentemente eso sucede con frecuencia. Los expertos estiman, de acuerdo con un informe de The New York Times, que tal comportamiento costará $ 100 mil millones al año.

Este es el telón de fondo de una decisión espectacular de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), la responsable de permitir nuevos medicamentos y tratamientos en los Estados Unidos. La FDA ahora aprueba por primera vez una píldora digital, un fármaco equipado con sensores diseñado para ayudar a los médicos a determinar si sus pacientes toman sus medicamentos y cuándo.

En consecuencia, quién toma las píldoras digitales puede permitir que el médico y otras cuatro personas, como los familiares, obtengan los datos correspondientes. También debería ser posible, a través de una aplicación de teléfono inteligente, bloquear nuevamente el permiso otorgado en cualquier momento.

Esta es la función de los científicos e investigadores. Sus erogaciones no pueden ser consideradas un gasto, por el simple motivo que aunque se oponga la industria farmacéutica, cuando la ingesta de medicamentos sigue la línea de tiempo diseñado para atacar la enfermedad, los resultados son más eficientes, las enfermedades retroceden y los costos son menores.

Quizás muchos sigan pensando que los científicos deberían ir a lavar los platos, como algún ministro los mandó, o realmente creer que no tiene sentido estratégico “mandar lavarropas al espacio”. Lo cierto es que las cosas no necesariamente tienen que venir de afuera, empaquetadas y lista para usar. Este tipo de ideas son las que modifican horizontes, y hay que volver a poner la impronta en él.

(*) Fuente: El Tábano Economista

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