Opinión

Por Clara Razu

La política económica del gobierno: La tormenta perfecta

(Por Clara Razu (*)) Las alternativas en materia económica y social son múltiples y dependen de la actitud intelectual y práctica que se adopte. Pensar a la economía como una cuestión social es una alternativa a la actual hegemonía que pretende transformar esta ciencia en una mera receta de técnicas, supuestamente “no-ideológicas” al servicio de un único sistema normativo, de un profundo contenido ideológico.

El saber convencional presente en el discurso del gobierno de Cambiemos sostiene el individualismo competitivo y productivo. “Si cada uno es más productivo, será más competitivo que el otro”.

Para que el capital pueda seleccionar a los más productivos y competitivos, también habría que otorgarle total libertad para entrar y salir del contrato laboral. En este sentido, tal como funciona el mercado laboral, el mayor desempleo presiona a la disminución de los salarios de los ocupados, disminuye los costos laborales y mejora la competitividad. A la vez, se habilita a una mayor dispersión de los ingresos por el trabajo, se promueve la “competencia” entre todos y se genera mayor “productividad” individual. Estas reglas dan espacio a la mayor inestabilidad en el empleo, favoreciendo el esfuerzo productivo a través de la amenaza del despido. En este contexto los convenios colectivos desaparecen y se transforman en acuerdos individuales entre “empleado y empleador” donde la posición dominante del capital empresario ejerce su poder a través de “saber lo que le conviene”.

El dogma neoliberal del individualismo productivo desconfía de la “identidad obrera” y del “oficio”, ganado con los años. La calificación profesional no es para este pensamiento, el resultado de un aprendizaje colectivo, sino del esfuerzo individual en el puesto de empleo específico. Este saber convencional reemplaza la identidad obrera, de clase, por la identidad de la empresa. El interés del trabajador deja de ser solidario con el de otros trabajadores y se identifica con los intereses del capital y de la empresa que le “da trabajo”.

Para este individualismo productivo la responsabilidad del “éxito”, recae en cada uno. El diploma educativo de cada persona es el primer elemento a tener en cuenta para calificarla como productiva o no. La responsabilidad de la formación para responder a la demanda laboral es individual y cada uno debe afrontar el costo de su formación.

Si algunos quedan excluidos de esta lógica, para este saber convencional, ortodoxo y ampliamente difundido, no es un problema de la economía, sino de las políticas sociales que deberían “asistir a los grupos desfavorecidos”, o sea a los “perdedores” de la guerra competitiva…Claro que no hay que exagerar, tampoco es cuestión de dar mucha asistencia, ya que si se “asiste mucho”, se crea “personas dependientes” y por lo tanto perderían el estimulo individual y se volverían “perezosos”, creándose una clase de “parásitos” que vivirían a expensas de las “personas productivas y competitivas”.

Para este pensamiento, es falso que el trabajo crea riqueza, es la riqueza la que crea el trabajo. Por lo tanto, es al capital al que hay que dar “seguridad jurídica” para que aseguren sus ganancias y generen empleo

Si al capital no se le aseguran los beneficios se fuga hacia a otro lado. La “seguridad jurídica” o el Estado de Derecho, sería ambivalente, no funcionaría para los derechos sociales y laborales, pero sí para los contratos leoninos con el Estado, el tipo de cambio y las rentas financieras. En este sentido, todo el programa de gobierno de la Alianza Cambiemos se encamina a ese objetivo, donde el empleo y el bienestar del pueblo dejan de ser temas prioritarios de la agenda pública y pasan a ser variables de ajuste de una política que busca “seducir” al capital. Este capital que no se genera trabajando sino que se pretende atraer del “mundo” (apertura), garantizando, mayores beneficios y rentas que en otros lados (altas tasas de interés).

Por otro lado, los verdaderos culpables de que el mercado los excluya son los desempleados, ya que no son suficientemente competitivos para que el capital los emplee. Tampoco hay dinero para la política social porque los recursos están ocupados en subvencionar al capital, no cobrándoles impuestos, (rebaja y eliminación de retenciones para la producción primaria o mineras o eliminación progresiva del impuesto a los bienes personales). Además son los ricos los más “prestigiosos”, los “exitosos” y ellos son los que generaran empleo (reunión de Davocito, mendigando inversiones…o negocios?).

Este relato justificado en los sentimientos egoístas que ganó la batalla cultural, donde gran parte de las víctimas del modelo fueron votantes del gobierno de la Alianza Cambiemos, exhibe resultados que se resumen en la “tormenta perfecta”:

 Aumento de la inflación vía devaluación, eliminación de retenciones y abandono del plan de Precios Cuidados  Apertura del mercado a las importaciones para combatir la inflación, lo que generó un aumento en la tasa de desempleo.  En el transcurso de este primer año, cerraron 2100 pequeñas y medianas empresas.  Se duplicó la fuga de divisas. En los primeros ocho meses sumaba 9 mil millones de dólares.  La emisión monetaria (que tiene el mimo nivel que en el año 2015) ya no financia el aumento de la demanda agregada vía consumo de los sectores populares. La emisión de las letras del Banco Central (Lebacs) llevó su stock a 43 mil millones de dólares, lo que produjo un aumento de las Reservas (ficticio) y por lo tanto un aumento de la base monetaria y la oferta monetaria.  La actividad económica registró una caída de casi 4 por ciento en septiembre respecto al mismo mes ded 2015, según datos del INDEC.  La caída de la recaudación impositiva, resultado de la rebaja y la eliminación de retenciones y disminución de la recaudación del IVA como resultado de la recesión, agravó el déficit fiscal y dificultó el cumplimiento de la promesa de campaña de eliminación del impuesto a las ganancias de la 4ta. Categoría. De hecho se amplió el universo de trabajadores afectados por el mismo.

Con este panorama, son los sectores medios y bajos los que más sufren la recesión. La clase media se transforma en baja, la baja en indigente y los indigentes. Según datos del mes de septiembre, en Argentina hay 8 millones de personas por debajo de la línea de pobreza y 1,7 millones de indigentes.

Este es el resultado de la tormenta perfecta, no de la “pesada herencia”. La “pesada herencia” le permitió al gobierno de Mauricio Macri endeudarse y es la presencia de una clase media media y media alta que, con empleos bien remunerados y un colchón de ingresos que le permite aún consumir, es en lo que se apoya el gobierno para viralizar un relato de buena voluntad y buenas ondas en lugar de tomar medidas de política económica que favorezcan a gran parte de ese 51 por ciento que los voto porqué creyó en las promesas electorales

  • Lic. en Economía. Docente

(*) Fuente: La Nave de la Comunicación

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