Por Clara Razu
Qué bien que estábamos cuando estábamos mal
(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico (*)) Con una inflación acumulada del 40%, un aumento del desempleo del 60% y una caída de la actividad económica del 4% pasó la navidad y Papa Noel no trajo una mejora real en el consumo.
A pesar de la exención de ganancias, bonos de fin de año pagados por el sector privado, el Ahora 12 y el Ahora 18, las ventas navideñas medidas en cantidades, unidades físicas, cayeron con respecto al 2015.
En indumentaria la disminución del consumo fue cercana al 4 por ciento, en electrónica y electrodomésticos 10 por ciento, joyería 6 por ciento, y lo más preocupante, alimentación y bebidas 1 por ciento.
Este año los festejos fueron más austeros, no solo en términos de pirotecnia, sino también en la mesa de los argentinos y argentinas.
En el Partido de La Matanza, en la localidad de Tapiales funciona el Mercado Central, el popular predio es famoso por sus ventas de frutas y verduras mayoristas y minoristas a bajos precios. Durante el gobierno anterior había crecido dentro de él una gran cantidad de puestos de venta de carnes, lácteos, pastas y panificados a precios altamente competitivos. De lunes a sábados hormigueros de personas se desplazaban por sus ruidosos pasillos, entre changos, cumbias y gritos, miraban y elegían que comprar. Llegaban a adquirir alimentos más económicos gente en autos, camionetas y micros. Changuitos coquetos se mezclaban con los destartalados, todos compraban. El puesto de los panificados, uno de los más exitosos, ostentaba una populosa cola que buscaba el pan y las facturas para el desayuno y merienda.
Pero, todo cambió. Durante el 2016, las ventas cayeron un 40%, y de acuerdo a la evaluación de la Cámara Frutihortícola fue el “peor año de los últimos 25”.
No solo los arbolitos adelgazaron, también las mesas navideñas
Las “canastas navideñas” ofrecidas por algunas de las grandes cadenas no estuvieron al alcance de todos y todas, y gran parte de estas ventas fueron absorbidas por productos importados que son relativamente más baratos que los nacionales. Cuando el dinero no alcanza, aún quienes defienden la producción nacional se rinden ante lo más barato. No se trata solo de la “decisión racional del consumidor en el mercado”, se trata del poder adquisitivo del trabajador con bolsillos flacos, por una inflación anual acumulada del 40 por ciento y arreglos paritarios apenas cercanos al 35 por ciento en el mejor de los casos.
Bolsillos flacos por una tasa de desempleo que aumentó el 60 por ciento en este último año, de jubilados y pensionados que ya no cuentan con los descuentos del PAMI, de trabajadores informales que ya no encuentran changas, de cartoneros y carritos tirados por personas (y no por animales flacos que despiertan la pena de señoras que alimentan gatos) que revuelven la basura y timbrean tratando de encontrar algún vestigio de solidaridad en los barrios donde la clase media aún se da “el lujo” de tener 4 comidas diarias.
El recorrido por el centro de Ramos Mejía (localidad en el oeste del conurbano bonaerense) presenta un paisaje muy distinto. Lejos de Tapiales y con negocios de marcas, las vidrieras de Ramos son un derroche de colores y “precios rebajados”. Bajo el sol de diciembre mucha gente deambula en busca de regalos o descansa en los “locales top” de gastronomía que va en camino de ser “Palermo conurbano”. Pero si bien las bolsas se multiplican, los montos de facturación a precios constantes (descontando la inflación) fueron sensiblemente menores que el año pasado.
Sin embargo, la memoria de los sectores medios es lo suficientemente voluble para no recordarlo y soñar por lo menos por unos días que volverán los tiempos felices, ya que la “agonía del populismo” eliminó de las “paquetas” calles de Ramos a los “morochos discordantes”.
La grieta es cada vez más profunda y la distribución del ingreso es más desigual.
Lamentablemente el sueño durará poco y quizás en estos días, mientras preparan la comida para compartir con familia y amigos, alguien toque el timbre, y le pida “algo para llevar a la mesa de año nuevo”.
(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico
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