El escenario político y social argentino es de suma complejidad.
AMUCHARSE ES LA CONSIGNA
(Por Ing. Enrique M. Martínez/ Instituto para la Producción Popular (IPP) Venimos de una sociedad injusta, con cadenas de valor que tienen eslabones dominantes muy notorios; con efectos negativos en las finanzas, en el empleo o el trabajo independiente; hasta en el abastecimiento de los bienes más básicos para la subsistencia.
Aparece sobre eso una pandemia mundial sin parangón en nuestra generación y por lo menos dos anteriores.
Cuando los países comienzan a salir del shock general, los poderes económicos hegemónicos no solo creen tener derecho a seguir disfrutando de su posición privilegiada, sino en algunos casos buscan, y parece que lograrán, aumentar su fuerza.
Condicionado por la epidemia, la deuda externa heredada, las presiones y chantajes groseros de bancos, empresas de servicios, grandes corporaciones, exportadores de granos y carnes, especuladores con divisas, el Gobierno ha elegido encarar una fracción de tamaño menú de problemas.
La salud, la deuda externa y tímidos apoyos económicos a los más afectados, concentran la atención y bastan, al menos, para tirar por la ventana toda la normativa ortodoxa en materia de déficit y emisión monetaria. Aun así, todos y cada uno de los que reciben algo, con variada eficiencia en su trámite, consideran que el aporte es insuficiente.
No les falta razón. El punto es que por este camino se corre el riesgo de discutir eternamente como se distribuye la frazada corta, en lugar de aplicarse a aumentar el abrigo disponible.
En todo caso, y resumiendo la idea, la sensación general es que la protección y la ayuda económica estatal deberán ser mejoradas y aumentadas, pero no puede ser nuestra esperanza única, ni siquiera la principal, ante el cúmulo de frentes a atender.
Los trabajadores independientes, incluyendo a las cooperativas de trabajo, constituyen más del 40% de la Población Económicamente Activa (PEA) y son los más afectados en términos relativos, porque no tienen ni un magro sueldo estatal, ni un sindicato al que reclamar, frente a una empresa que pueda hacerse la distraída.
Simplemente la inmensa mayoría de ese porcentaje brinda un servicio a otro compatriota, con el cual no puede vincularse más que en términos precarios, por lo que su actividad se reduce enormemente, en algunos casos desaparece. Fuera de la pandemia, la falta de contención económica se mantiene, solo que antes de este momento estaba invisibilizada.
HASTA DONDE LLEGA EL PROBLEMA.
Las dificultades económicas, estamos viendo, no son solo de los más pobres. Con variada intensidad, abarcan a la mayoría de la población.
Hay otras facetas de la vida en que es al revés: nadie puede creer ni sostener que está fuera del tema.
La educación de nuestros hijos y/o nietos; por supuesto la salud pública; la calidad ambiental, no solo del planeta, que parece lejano, ni de nuestra vivienda, que resulta una mirada estrecha, sino de todo el entorno, ya que inexorablemente nos involucra; las actividades culturales, sofisticadas o no; las actividades deportivas, como espectáculo o de disfrute personal; la forma de trasladarse; la forma de abastecerse de bienes; las comidas fuera del hogar solos o con amigos.
Toda esa descomunal lista, en que sorprende el simple hecho de escribirla y verificar que podría seguir extendiéndose, será diferente hasta que el miedo se atenúe, lo cual implica mucho tiempo, peroademás y sobre todo: podría ser diferente si se piensa en la manera de lograr el objetivo social de manera más eficiente que hasta ahora.
Este escenario, de gran complejidad, cambia el papel del Estado mismo. Hasta ahora, la definición más básica de su responsabilidad es que el Estado debe regular y administrar los conflictos de intereses en la sociedad. Para los gobiernos populares agregamos: deben proteger y potenciar el futuro de los más humildes. En el tiempo que vendrá, en cambio, los Estados más eficaces – y por ende los exitosos – serán los que entiendan que además de su rol de árbitro social, deben ayudar a orientar y administrar un gran conjunto de actividades de interés absolutamente general, a satisfacción de todos los ciudadanos por igual. Esa intervención la necesitan hasta los que la rechazan, los que creen que son más iguales que otros.
No será solo educar, sino hacerlo en contextos válidos para todo grupo económico; no será solo habilitar autopistas o bicisendas, sino garantizar un transporte masivo digno. Y así siguiendo.
Es evidente que los diversos gobiernos deben tomar conciencia de esa nueva realidad.
También es evidente que, además, los compatriotas debemos tomar debida nota de eso e identificar las nuevas oportunidades de atender buena parte de las necesidades, a través de organismos intermedios, que surjan en la construcción o reconstrucción del tejido social.
Esto solo es posible ponerlo en blanco y negro por partes y a través de prueba y error.
Una primera y esencial tarea será recuperar el espíritu de la ayuda mutua, con que se agruparon las comunidades de inmigrantes hace más de un siglo.
En aquel entonces había una razón de identidad en la Patria chica, que estaba a miles de kilómetros. Hoy, la base puede y debe ser el terruño, que seguramente luego se tamizará reteniendo aquellos que realmente tienen su futuro asociado al lugar, separando a los propietarios ausentistas y a los empresarios que aunque locales, tengan su esquema de vida montado sobre la abusiva extracción de valor de sus compatriotas. Todo el resto, desde el médico del hospital, las maestras de la escuela, hasta los peones de campo, junto a los empleados municipales, tienen hoy los elementos para advertir que la educación, la salud y todos los otros componentes comunitarios mencionados, tendrán soluciones válidas para todos o serán solo aparentes, con efectos negativos para algunos o para muchos.
No es axiomático lo que señalo. No es inevitable que esa toma de conciencia se produzca. Es claro, entiendo, el beneficio general que surgiría de eso y por lo tanto, la conveniencia de promover y fortalecer esos escenarios. Como alternativa, continuará la segregación de destinos personales.
La figura jurídica moderna que tiene en cuenta la ayuda mutua es la asociación mutual. Se ha legislado sobre ella hace ya bastante tiempo y se ha actualizado la norma, aprobada como ley E- 0956 de abril de 2013.
Las claves de la ley son esencialmente tres:
. Identidad del colectivo: El núcleo fundador y las conducciones posteriores de una mutual deben caracterizarse por una actividad o interés común definido, que bien puede extenderse a lo territorial. Pueden ser, por ejemplo, mono tributistas de una ciudad; o habitantes de una ciudad; o hasta extenderse a habitantes de una provincia. Esta última situación, no obstante, no es la recomendable porque lo que interesa es conseguir la mayor homogeneidad de voluntades entre los que se sumen.
. Actividades posibles: Son tan diversas como para abarcar casi todos los aspectos de interés de una comunidad.
El ahorro, utilizado para la ayuda mutua; la promoción de la salud, la educación o la cultura; las cooperativas de vivienda; la asistencia legal y contable; las proveedurías de bienes esenciales; la promoción de cooperativas de producción y de servicios locales; las bolsas de trabajo; la capacitación para tareas necesarias en la zona y con oferta insuficiente.
El listado no es excluyente, porque la ley habilita a promover y concretar tareas para beneficio de la calidad de vida comunitaria, en sentido amplio.
. Una mutual está eximida de impuestos al patrimonio y de cualquier naturaleza económica.
Una entidad como la que muy sucintamente se ha descrito tiene la forma adecuada para atender la imperiosa necesidad de construir tejido social, por fuera de las instituciones de gobierno. Se trata de descubrir – y promover – la fuerza aglutinante que pueda haber en una sociedad.
Un municipio podría ser socio de una asociación mutual, así como un sindicato o una empresa, o cualquier otra figura comunitaria. Sin embargo, la mutual será la única entidad cuyo fin específico es la ayuda mutua, sin identificación del lado del mostrador económico que cada uno ocupa y sin extraer recursos de unos para brindar a otros.
En la Argentina hay al presente más de 3.500 mutuales. La evolución inercial del capitalismo, sin embargo, llevó a la mayoría lejos del espíritu de las comunidades calabresas o polacas o judías del 1900. Muchas de ellas, se han limitado a la función financiera y a la promoción de actividades generadoras de recursos directos, como el turismo o similares.
Tal estado de cosas no impide su progresiva adaptación a las nuevas demandas. Pero es de esperar la aparición de nuevas entidades, que desde el inicio tengan embebida la mirada solidaria que se requiere.
Desde el comienzo de la actual gestión del Instituto Nacional de Asociatividad y Economía Social (INAES), encargado de promover, regular y supervisar las mutuales, se ha puesto énfasis en repotenciar la idea. A pesar de las dificultades originadas en la crisis sanitaria, ya hay mutuales en inscripción que tienen como origen municipios y otras que surgen de grupos activos de la comunidad, reconociendo ese vacío de contención que ha hecho carne en fracciones importantes de cada comunidad.
No es bueno imaginar el paso 100 antes de haber dado el primero, pero es notorio que una entidad como la comentada se convierte por su sola presencia activa en la principal protagonista del desarrollo local para cualquier Municipio, tal vez con importancia equivalente a la cooperativa eléctrica, pero con la ventaja sobre ésta de su amplitud de fines posibles.
El IPP ha convertido este frente en un eje central de su actividad. En los últimos 60 días, hemos conseguido que haya dos mutuales ya presentadas en INAES y tres más de presentación en pocos días, con una dinámica en que los interlocutores sociales se ponen el overol con naturalidad y comienzan a recorrer los pasos formales para la constitución, además de diseñar el menú de actividades iniciales.
Se trata de una respuesta inusualmente favorable, ya que las acciones sociales colectivas normalmente tienen una evolución mucho más lenta.
Tomemos nota. No digan que no les avisamos, porque aquí hay un componente concreto para salir por arriba del laberinto de la pobreza, la falta de trabajo, la ausencia de proyectos, la desesperanza. Se trata ni más ni menos que pensar y actuar en conjunto, dejando fuera quienes crean que el futuro es personal y construido sobre las espaldas de los demás.
Ing. Enrique M. Martínez Instituto para la Producción Popular (IPP)
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