Política nacional

Historias para estos días/ Por Patricia Barral

El aprendizaje y la unidad

El aprendizaje y la unidad ( Por Patricia Barral / Especial para Motor ) Hace pocos días un amigo dueño de una escuela de comunicación me hablaba con pesimismo sobre el futuro después de las elecciones: “lo que sea que pase, va a ser peor”. No me sorprendió. Quienes estudian y analizan los comportamientos sociales explican que no es casual ese pesimismo en parte de la sociedad, no sólo sobre la situación de la Argentina, sino sobre la capacidad o intencionalidad de algún/a dirigente para mejorar el estado del país. El “todos los políticxs son iguales”, “la política es sucia”, “todos roban”, repetido como un decálogo disciplinador por aquellxs fogoneros de la llamada antipolítica pareciera que generó algunos buenos productos. Sin embargo una mirada apenas menos superficial indicaría que esos productos tendrían fecha de vencimiento.

Mi respuesta al amigo dueño de un instituto de comunicación fue que muchxs genuinamente no creen que “cualquier cosa que sea, será peor para el país”. Pero él no me creía y me discutía. Así que le di algunos argumentos. “Hay algo que no se ve -dije-, algo silencioso e invisibilizado, que genera esperanza. En estos últimos años hubo reflexión, hubo autoanálisis. Se revisaron cosas, posturas, ideas, acciones. Se bajó el tono para poder escuchar mejor. Y fundamentalmente -le dije- hubo un aprendizaje sobre la organización. Hay cientos de nuevas organizaciones. De todo tipo. Organizaciones políticas, sociales, sindicales, juveniles.

Hay comunicadores y periodistas organizados. Y todxs, además, tienen perspectiva de género o están en su búsqueda. En todas hubo y hay grandes debates, hay trabajo en todos los territorios (en la calle, en el barrio, en las ciudades, en los pueblos, en los ámbitos laborales, y también en los territorios virtuales). Ahora se está en el proceso de aprendizaje de la convivencia en el marco de la organización. Es el momento de administrar las organizaciones y trabajar y construir políticamente estructuras distintas y diversas, además de novedosas, más horizontales, en donde el poder se va construyendo y no lo detenta exclusivamente unx”. Mi amigo se mostró sorprendido.

Desde hace meses ando hurgando sobre el tema. Observando y preguntando. El día que Cristina Fernández presentó su libro Sinceramente en la Feria del Libro una ex funcionaria de su Gobierno y actual encargada de un área estratégica en un municipio, me lo confirmaba. “Es cierto lo que decís” me dijo. Y me contó sobre las diferencias y dificultades que había tenido con un par de funcionarixs de áreas emparentadas, a nivel nacional y provincial, mientras estaban en el Gobierno anterior. “Discutíamos mucho”, reflexionó. “Y ahora compartimos el espacio sin problema. Nos encontramos y trabajamos ideas y proyectos perfectamente. Entendimos muchas cosas unxs de otrxs, de los problemas que cada unx podía tener en sus áreas respectivas. Pero sí, es totalmente cierto eso del aprendizaje”.

Esto mismo se viene percibiendo en diferentes actos, eventos, reuniones o presentaciones en donde lo que se destaca sobre todo es el acto del encuentro o del reencuentro. También hay una reacción distinta a lo que algunos consideran una suerte de trampas que se generan en los medios de información. Cuando alguien “opera” alguna interna, se aplaca rápidamente. Cuando una panelista de tele detonó hace unas semanas atrás la idea de que los intendentes peronistas del conurbano estaban molestos con Axel Kicillof y que jugarían con él sólo hasta las PASO, fue inmediato: todos los consultados dijeron “no le des bola”.

Por su parte la actitud de Kicillof desactiva y desarticula cualquier maniobra en contra por sí sola. No se subió a ningún caballo que le perteneciera a otrxs. No se apropió de actos ni pisó territorios sensibles sin hablar antes o explicar o coordinar con los propietarios simbólicos de esos territorios. Su pareja política con Verónica Magario, intendenta de La Matanza, está generando un impacto sorprendente en la provincia de Buenos Aires.

“Hablan mucho. Se organizan. Se los ve muy bien. Él es muy afectuoso y respetuoso con ella. Y ella se siente liberada”, me comentan desde las cercanías de su entorno. Magario es considerada una dirigenta con un importante potencial. Ahora está terminando de desarrollar espacios propios, políticos y personales. Algo que está siendo acompañado por otros jefes comunales y líderes de la política. Su eventual rol como vicegobernadora liberó la potencia.

Hace unos días más de 600 comunicadores y periodistas se dieron cita en un encuentro para hablar, debatir y compartir ideas sobre Comunicación Política, Digital y Tecnologías convocados por @MueveArgentina. Una enorme diversidad de personas provenientes de lo que se conoce como campo nacional y popular encolumnadas en impulsar las candidaturas del Frente de Todxs. Gentes de distintas ramas o disciplinas como la sociología, la filosofía, la docencia, la comunicación, el periodismo, las áreas tecnológicas y las militancias formales e informales. Todxs se manifestaron y mostraron unidxs por un compromiso superador a cualquier diferencia que pudiera surgir.

Un compromiso – aseguran- vinculado a la reparación del daño realizado por el gobierno de Cambiemos/Juntos por el Cambio en todas las dimensiones en las que se pueda mirar y evaluar al país. Un compromiso de comunicadores y comunicadoras que como dice Fernanda Ruiz representa fundamentalmente “la responsabilidad histórica de volver a dialogar con ese segmento de la sociedad tan complejo”. Esos que todavía desconfían, no creen, no entienden o no saben de qué va realmente el Frente de Todxs.

Se percibe una fuerte coincidencia respecto de que en estos últimos años hubo un aprendizaje sobre cómo hablar y decir las cosas, sobre todo en la expresión de las diferencias. Como se mencionó al comienzo de esta nota se crearon gran cantidad de espacios de discusión y distintas estructuras, algunas con más solidez que otras. Hay conducción y conducciones que van mutando hacia un tipo de liderazgo que construye poder desde la autoridad y el respeto. Un poder “con lxs otrxs” muy distinto al poder tradicional que se ejercía desde la jerarquía en cualquier organización política del signo que fuera (aunque, hay que decirlo, siempre se acusó al Peronismo como el propietario de esa característica pseudoautoritaria).

Todo esto parece hacer una enorme diferencia en relación al espacio político del Gobierno y de todo el arco Cambiemista. Ellxs, que apostaron y jugaron fuerte todo o nada, a que Cristina no se bajaría de la candidatura presidencial, ganaron un problema. Cristina no sólo no es candidata a Presidenta, sino que el enorme andamiaje político del que se construye el Frente de Todxs tiene características inabarcables para el pensamiento y análisis de los cambiemistas.

En lo que se conoce como Campo Nacional y Popular la discusión, el debate, el intercambio y la palabra circulan con fundacional fluidez, criterio y responsabilidad. Organizadamente. Y las mujeres hace rato levantan la voz y no esperan a que alguien “les de la palabra” o “les expliquen cosas” como dice Rebecca Solnit en el título de su ensayo. En un acto que es a la vez individual y colectivo, se aprende a defender que esas miradas y pareceres son importantes, tienen valor y sobre todo, deben ser respetadas. Y los hombres, es para destacar, están experimentando y operando un cambio admirable y conmovedor. Algunos más que otros, pero todos están enrolados en esa deconstrucción. O conscientes de la necesidad de buscar esas “nuevas masculinidades”.

Mi amigo, el dueño de un instituto de comunicación, se venía mostrando muy refractario al kirchnerismo desde hacía tiempo. Pero también al Peronismo. Y últimamente mucho al Gobierno de Cambiemos. Al finalizar la charla me dijo: “bueno, la verdad no sabía nada de esto que me contás”. “No -le contesté- no tenés cómo saberlo si no te metés en algún acto o en alguna organización o en algún medio de comunicación alternativo o en algún barrio”. Pero lo mejor de todo es lo que no me dijo, porque cuando se fue, se fue distinto. Y percibí fuerte que se fue pensando en lo que acabábamos de conversar

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