Política nacional

Por Marcos Doño

EL RETORNO DEL SUJETO y EL PRESIDENTE SPOTORNO; clon de Macri

(Por Marcos Doño) Como introito de la nota elegí esta entrevista realizada por el medio Fly Bondi en Plaza de Mayo, a un militante ultramacrista durante el banderazo que se organizó en despedida de Mauricio Macri de su gobierno, en diciembre de 2019. Se trata de Ángel Spotorno, uno de los promotores más activos de las manifestaciones "anticuarentena", quien contrajo el coronavirus en una de estas marchas y falleció semanas después, en su casa.

El paroxismo y la violencia verbal manifestados en esta entrevista como en otras similares, y que en muchos casos ha llegado a la agresión física (escupitajos, empujones, amenazas pugilísticas, y algunas veces con atropellamientos de automóviles contra la multitud), tiene un factor común que las agrega: la reiteración casi calcada de las consignas que proponen los titulares y las notas de los diarios corporativos, como las que se escuchan en las arengas editoriales de una pléyade de comunicadores “estrella” de los medios electrónicos de esas corporaciones.Y no son pocos los casos en los que se aplica, casi de manera taxativa y sin ningún pudor, los principios desarrollados por Joseph Goebels, el ministro de propaganda y difusión de Hitler.

Bajo el engaño de luchar por una supuesta falta de libertad y republicanismo, las marchas anticuarentena, como otras que se oponen a cualquiera de las medidas de corte popular del gobierno, se han ido transformando, por antonomasia,en el correo que pregona la amenaza de un poder económico político,que no está dispuesto a ceder un ápice de sus privilegios, pero sí a arremeter en contra de cualquier intento por construir un país con equidad social. Y lo hace desde las sombras, o a la luz de los medios según los convenzan las estadísticas, o encaramados en los atrios de fundaciones de dudosa procedencia. El filósofo Baruj Spinoza decía que “el hombre prefiere las cadenas a la libertad”. Una mirada que a la luz del devenir y los acontecimientos de nuestro país, aunque no sólo, nos refiere a una de las más desconcertantes paradojas sociales: la del placer que se satisface con la pertenencia a un amo. Pero para esto se necesita de un lenguaje social secuestrado y reconfigurado que sirva de vehículo de la falacia y el desconcierto, como armas estratégicas al servicio de sus intereses.

Los dejo con uno de estos protagonistas.

ENTREVISTA

Periodista: Contame por qué estás acá hoy.

Entrevistado: Ehhh, mirá, yo estoy acá, hoy, porque… Macri es un clon mío… ehhh sí, un clon. Mi ídolo siempre fue Frondizi y dijo que el mejor sistema de gobierno es el yanqui… y dijo él como primeramente es Australia y creo que no está equivocado. Nosotros, si no fuera por culpa de Liniers… a los ingleses los teníamos que haber recibido con rosas y no tirarle aceite hirviendo… hoy seríamos Canadá, Nueva Zelanda o Australia… ese fue el problema.

P: ¿Sos pro británico?

E: Sííí, sííí, pro capitalismo… lo único que existe, el capitalismo… el mundo sería muy aburrido si no existiesen los yanquis… todo lo que está es yanqui… vos, yo, ella… Walt Disney, el rock… el rock, que contribuyó a la caída del Muro de Berlín… Queen… Queen en Budapest, en Hungría… se volvieron locos, se volvieron locos los comunistas en Hungría… tuvieron que abrir las puertas para que pasara para Occidente… Paul McCartney contribuyó a la caída del Muro, todo Occidente contribuyó… La Unión Soviética vio lo que eran los vicios, los vicios del capitalismo… se volvieron locos, se volvieron locos… Las mujeres, las mujeres en Alemania Oriental… guardapolvos grises… cuando vieron las mujeres que teníamos en Occidente se volvieron locos los hombres… todos. El vicio del capitalismo es lo más grande que hay… el mundo sería muy aburrido si no existieran los yanquis… todo es yanqui: Facebook, Twitter, I Phone, Internet… yanqui, todo es yanqui… los “mísiles” contrarios no apuntan al Pentágono, apuntan al “Silicón” Valley, vos tirás un bomba en el Silicón Valley y quedamos todos incomunicados. Los yanquis es lo más grande que hay… y precisamos a los yanquis porque en su época hizo falta el Imperio Romano para poner orden, porque el Imperio Romano vino para poner orden…Y los yanquis van a cualquier lado que intervengan sin que los llamen, eh… y no piden nada a cambio… en cualquier lado siempre ponen su colaboración.

P: Escuchame, cuatro años de gobierno de Macri: ¿qué rescatas de políticas en beneficio del pueblo, en tu propio beneficio?

E: La inserción en el mundo… la inserción en el mundo y las obras. Ehh… nosotros le pedimos… él no iba a hacer la cadena nacional… nosotros por las redes le insistimos, le insistinos, le insistimos... él no iba a hablar por cadena nacional… que dejara un inventario porque se lo iban a adjudicar los otros… Dentro de una semana iban a aparecer los carteles en el gran túnel ese que está haciendo el desagüe que viene de la Matanza y agarra todas las aguas cloacales de acá, de la ciudad de Buenos Aires, y desemboca a 500 metros afuera en el Río de la “Pata” iba a haber un cartel que decía Gobernación FF… todas las obras iban a tener, como ya lo hizo Magario, que le puso Gobernación Magario al Metrobus… a los patrulleros que le compró la Vidal y les puso… los ploteó todos y le puso Gobernación Magario… todo, se iban a adjudicar todas las obras. Es más, hasta yo hubiera preferido directamente que hubieran bombardeado todas las obras que hicieron, porque el pueblo no se merece… no tenemos un presidente, no estamos en condiciones de tener un presidente así… quizás Perú, quizás Paraguay, Colombia, Uruguay y Chile, sí lo merezcan, pero nosotros no.

P: ¿Su nombre?

E: ¡Soy Ángel Spotorno!

P (destacando la vestimenta del entrevistado; pechera con el logo de Cambiemos, y casco amarillo con el logo del PRO): Ángel, ¿esto es todo producción suya?

E: Es todo mío… sí, es todo mío.

EL RETORNO DEL SUJETO

Este comienzo ha querido mostrar, entre otras cosas, la dimensión que adquieren las palabras habladas, cuando son volcadas al papel. En especial aquellas palabras que son dichas en un contexto de violencia verbal o física. A diferencia, la lectura nos permite una perspectiva desprovista de la emoción con que fueron dichas, revelándonos así lo más fino del hilo ideológico de un discurso dominado por el paroxismo, que por las características propias de la oralidad, se nos hace difícil identificar.

La velocidad metonímica a las que nos arrastra el gesto y la inflexión del hablante, es un factor de seducción que no pertenece al terreno de la escritura, cuya materia se asienta esencialmente en lo racional. En este caso en particular, ese traspaso, de una forma a la otra, nos permite descubrir similitudes con el discurso y la organización del pensamiento de Mauricio Macri que nos llaman la atención. Pero no tanto por la precariedad de conocimiento y su lógica hilarante, sino porque el sinsentido que los contiene, admitámoslo, es el ingrediente de un discurso político que, increíblemente, seduce y aglutina a una porción importante del electorado. Entonces, ¿cuál es la causa?

Hemos ingresado en una época para la que la verdad y la credibilidad, así como la ley y la justicia, se han vuelto virtudes innecesarias. En este camino, el espacio comunicacional ha sido cercado por la falacia y al artificio, que son usados como armas de un poder que se beneficia de la verborragia y el paroxismo como método y forma. Es en este sentido que evidenciamos a diario la decapitación más estrepitosa de las ideas, lo que deviene en anomia, tanto en la acepción que se refiere a la desorganización social y la incongruencia de las normas sociales, como a la metáfora del trastorno médico del lenguaje que nos lleva al sinsentido semántico.

Cuando en el siglo XV, el rey católico Fernando de Aragón pronunció en el albor del capitalismo: “La moral y la política no tienen nada que ver entre sí”, pensamiento que sería, entre otros, el puntapié para la teoría política de Nicolás Maquiavelo, el mundo ya se preparaba para una de las embestidas mayores de la depredación y explotación del hombre por el hombre. Pero todo aquello, que se haría primero en nombre de Dios y siglos más tarde en el del progreso, con el auge del positivismo, no dejaba de contener en su seno, sin embargo, el sentido de la ley, la verdad y la justicia, como referentes intelectuales y morales. Es por esto, entre otras causas, que los siglos XIX y XX darían nacimiento, como producto de sus enormes contradicciones morales y sociales, a una contracultura de denuncia y de lucha en pos de la superación de esta embestida social. El hombre, sometido al designio divino como una naturaleza de su destino personal, tenía, sin embargo, a pesar de su cautiverio cultural, un discernimiento que lo conminaba a la superación de su condición, emanada de las propias contradicciones del poder que lo sometía. La solución a esa tensión social en aumento se resolvía en los reacomodamientos sociales, muchos de los cuales tuvieron a la rebelión política como la llave de ese cambio.

No es esto, sin embargo, lo que nos ocurre hoy. La voracidad, como efecto de la anomia sistémica, ya casi no necesita de marcos de referencia, y ni siquiera de una moral justificativa, tal como lo describió Max Weber en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Este poder, que se aísla y se manifiesta como una concentración gravitatoria de la política, se mueve cada vez menos según los mecanismos de la razón capitalista tradicional, ni aun como lo expresa la relación “amo-esclavo” definida por Friedrich Hegel. Hoy se impone según los designios de una estructura algorítmica, de la que se sirve para la extracción de las riquezas, pero sin apelar a la plusvalía, como lo hizo el capitalismo desde sus comienzos hasta casi fines del siglo XX. Como dato de esta voracidad: "Diariamente en los mercados financieros de Tokio, San Pablo, Londres, New York y Johannesburgo, se realizan transacciones por un valor equivalente a 50 veces el PBI mundial.”Fuente; Adbusters. Y es justamente esto lo que define el fin de una época.

Estamos en el albor de un sistema de acumulación y extracción en esencia especulativo, y que se diversifica y sostiene en la velocidad infinita que le ofrecen las redes informáticas para el traslado de sus capitales y sus ganancias entre los distintos puntos virtuales. Más aún, esta virtualidad es la que nos augura el modelo de disolución del trabajo “in situ”, que ya está siendo reemplazado por el tele trabajo, el trabajo a distancia o home office. Sólo así y en esta dirección se arribó a una acumulación extrema, en la que el 1% de la población ha llegado detentar la misma riqueza que la suma de 3 mil millones de personas; una hecho inédito en la historia de la humanidad.

Padecemos el fin del sentido, que es el fin de la Idea y del lenguaje como motores de los cambios sociales. Hay una nueva moral de la codicia, que ni siquiera necesita de la explotación del otro, ni tampoco de la presencia humana estructurada como jornada laboral. Es una realidad que derrama su discurso hacia las bases mismas de la sociedad. El maridaje entre algoritmo y poder económico se potencia en la falacia, en la anomia vigilada, en la confusión, y determina un nuevo lenguaje de lo público y lo político. Este lenguaje no concibe a la libertad, a la democracia y a la república como construcciones históricas. Todo lo contrario. Su sentido cambia según las necesidades estadísticas que le sirven de guía para la apropiación de la riqueza a escala planetaria.

El hombre Unidimensional está aquí, tal como fue previsto por el filósofo Herbert Marcuse en su libro homónimo, y con él ha llegado “el cierre del universo discursivo”, donde se esconde el sujeto real, el omnímodo y anónimo que se ha apoderado de nuestra existencia al punto que es quien dicta nuestro predicado.

En este sentido, la recuperación del sujeto histórico es la tarea que deberemos emprender si queremos recuperar nuestra capacidad de generar predicado como esencia de lo humano. Los efectos de la desconcentración de la riqueza y su distribución equitativa decantarán, por naturaleza social, en una nueva producción de sentido cultural, de lo legítimo. Esta es la vía de ruptura con ese sujeto vaciado de lenguaje crítico,tal como se puede observar en la entrevista al fallecido militate del PRO Ángel Spotorno, quien se autodefinía como el “clon” de Macri.

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