Opinión. Por Marcos Doño
¡NOS DISPARAN!
(Por Marcos Doño) Lo más rancio y conservador del PRO y del radicalismo alvearista, unidos todos en una cruzada profundamente destituyente, nos disparan insultos, palabras, acusaciones porque no pueden hacerlo con las balas de plomo de un Estado de facto al que aspirarían controlar. El peligro que conlleva estos disparos a mansalva, que como francotiradores ejecutan desde los mangrullos mediáticos, es que apuntan a la división de la ciudadanía en busca de dos factores clave: sembrar miedo y sospecha, centrales para la persecución de sus objetivos antidemocráticos.
El último intento de cargarle al Gobierno nacional y por carácter transitivo a la ex presidenta y actual vice Cristina Fernández de Kirchner, el asesinato de su ex secretario, es una apuesta política e ideológica que se inscribe en el manual básico de la propaganda fascista, como de cualquier sistema totalitario.
Con esta acusación, no han cruzado sólo un límite. Más que eso, han corrido la marca de la violencia verbal y el uso de la falacia, de la misma manera y con el mismo método con que el nacionalsocialismo alemán y el fascismo musoliniano construyeron con el miedo y la confusión en la ciudadanía, la estigmatización del otro y un clima de desestabilización institucional. Y no exagero. Sobre todo porque es ésta una etapa peligrosa de la construcción de sentido y de democracia, en una sociedad que se encuentra, por diversas circunstancias, endógenas y exógenas, en una situación socio económica delicada. Estos disparos, esta escalada de violencia, por su delicadeza y sus efectos inmediatos y mediatos, deberia ser ya un tema de Estado, de suma importancia para el Gobierno nacional.
Los hechos políticos que desencadenaron en la historia momentos y épocas trágicas, nunca fueron anticipados. Sólo podemos prever que algo terrible se cierne; lo que en otras palabras sería como decir que reconocemos el huevo de la serpiente. Pero qué forma exacta tendrá el monstruo y cómo se moverá, eso es lo inédito. Y es aquí donde radica el mayor peligro, en creer que adoptará la misma identidad que tragedias pasadas. Sin embargo, nunca ha sido de esta manera. Por eso hay premura para que el Estado se ocupe de este tema con la seriedad que merece. Lo temprano en algún momento se vuelve tarde.
Continuará...
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